
Las consecuencias de haber padecido COVID-19 están emergiendo a medida que los científicos pueden realizar investigaciones de campo para relevar los efectos que detectan los médicos o que informan los pacientes. La salud mental ha sido uno de los puntos sobre el que los especialistas han trabajado más profundamente, porque, según han comprobado en decenas de estudios, no sólo se ha visto comprometida para quienes padecieron la enfermedad, sino para una gran parte de la población indistintamente de si sufrió contagios o no.
Uno de los hitos más extendidos y coincidentes entre las personas que contrajeron COVID‐19 ha sido a menudo el hecho de experimentar problemas de memoria, atención y concentración, incluso después de recuperarse de la enfermedad inicial, e independientemente de la gravedad de su cuadro. Ahora, un nuevo estudio realizado por un equipo de especialistas de la Universidad de Waterloo muestra que las personas que habían contraído COVID-19 informaron significativamente más fallas cognitivas en el trabajo. Los especialistas publicaron sus hallazgos en la revista especializada Nature.
Los científicos James W. Beck y Arden Flow de la mencionada Universidad de Canadá, para realizar su investigación, recopilaron datos de una muestra de 94 adultos que trabajaban a tiempo completo, algunos de los cuales habían contraído COVID-19 y otros no, al menos un mes antes del estudio. Ambos grupos fueron emparejados en características demográficas clave.

“Comparando el grupo que nunca había tenido COVID-19, con el segundo que sí había transitado la enfermedad, se informaron más fallas cognitivas en el trabajo, que se definen como problemas con la memoria, la atención y la acción”, explicó Beck. Un segundo hallazgo del estudio es que las fallas cognitivas se asociaron con una disminución de las autoevaluaciones del desempeño laboral, así como con un aumento de las intenciones de dejar voluntariamente el trabajo actual.
“Es importante señalar —continuó el especialista— que no podemos demostrar de manera inequívoca que haber contraído COVID-19 provocó aumentos en las fallas cognitivas. Pero que el tránsito de ese tiempo produjo efectos que pueden o no vincularse con la enfermedad pero que dejó mella en sus comportamientos laborales. Nos resultó de valor atender estas variables y llamar la atención sobre la posible necesidad de velar por el bienestar afectivo”.
Los especialistas destacaron en su documento que también es posible que las personas que son propensas a experimentar trastornos cognitivos, pueden ser más propensas a contraer COVID-19. Es decir, la causalidad puede invertirse. “Aunque es posible, vemos esto como una explicación poco probable para nuestros resultados”, dijo Beck.

En particular, los participantes no proporcionaron medidas objetivas del funcionamiento cognitivo, como pruebas de atención y memoria a corto plazo. Por lo tanto, es posible que haber contraído COVID-19 haya llevado a las personas a creer que habían experimentado fallas cognitivas, incluso si no hubo un cambio objetivo en su memoria, atención, o acciones en el trabajo. “Por ejemplo —analizó Beck—, las personas que consumieron la cobertura de noticias de niebla mental atribuible a la enfermedad, pueden haber sido susceptibles de experimentar síntomas similares, incluso en ausencia de objetivos cognitivos. Las fallas cognitivas en el lugar de trabajo se miden más apropiadamente a través de autoinformes, porque los trabajadores individuales tienen el mayor conocimiento de sus comportamientos propios del día a día.
“Los resultados actuales pueden tener implicaciones importantes para los gerentes y las organizaciones de modo más general —continuó el científico—. Las personas que regresan al trabajo después de contraer COVID-19 pueden experimentar dificultades para retomar su nivel de rendimiento anterior a atravesar la enfermedad y es posible que se necesiten adaptaciones. Esto puede incluir la reducción de la carga de trabajo, la extensión de los plazos o la provisión de arreglos de trabajo flexibles. Al hacerlo, los gerentes también pueden ser capaces de aliviar las intenciones de rotación, ya que es menos probable que las personas sientan que su capacidad para realizar el trabajo se ve superada por las demandas”.

Otro estudio que se conoció en febrero último indicó que existen cambios moleculares que ocurren en personas que tuvieron cuadros graves de COVID-19 y fallecieron. Así lo detectaron científicos del Colegio de Médicos y Cirujanos Vagelos de la Universidad de Columbia, en Estados Unidos. Aseguraron el cerebro de los pacientes con COVID-19 podrían sufrir síntomas similares a la enfermedad de Alzheimer. Los investigadores encontraron que los cerebros de una pequeña muestra de pacientes que murieron de COVID presentan algunos de los mismos cambios moleculares que también son encontrados en los cerebros de las personas con la enfermedad de Alzheimer.
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