
La pandemia por el coronavirus aún continúa. Durante la última semana reportada por la Organización Mundial de la Salud, se registró un aumento del número de nuevos casos semanales de COVID-19 en África (31%) y en América (13%), y el número de nuevas muertes semanales aumentó en Asia Sudoriental (69%) por un retraso en la notificación de las muertes de la India. Mientras la circulación del coronavirus sigue, existe la duda sobre hasta cuándo podrán proteger las vacunas a la población frente al riesgo de que aparezcan nuevas variantes o subvariantes de mayor preocupación.
Un estudio publicado en la revista de acceso abierto PLOS Biology, demostró ahora que las vacunas inducen múltiples mecanismos del sistema inmune para proteger contra los cuadros graves del COVID-19.
El estudio fue realizado por Galit Alter, de la Universidad de Harvard en los Estados Unidos y sus colegas. Encontraron que si bien las respuestas de anticuerpos neutralizantes inducidas por la vacuna protegen contra la infección, el control de la replicación viral está mediado por respuestas que implican a las células T y al receptor Fc de unión a los anticuerpos.
Mientras que las respuestas de anticuerpos neutralizantes inducidas por la vacuna (es decir, los anticuerpos que se unen directamente al virus y “neutralizan” la infección) proporcionan la principal protección contra la infección y la enfermedad grave, otras respuestas inmunitarias menos conocidas también contribuyen a la protección.

Para comprender mejor el papel protector de cada mecanismo inmunitario, los investigadores inmunizaron a cinco grupos de cinco macacos rhesus con diferentes dosis de la vacuna o con un control simulado. A continuación, indujeron a todos los macacos con una infección del coronavirus SARS-CoV-2 y analizaron la replicación viral en las vías respiratorias superiores e inferiores 1, 2, 4, 7 y 10 días después del desafío viral.
Los investigadores descubrieron que los mecanismos de inmunidad responsables de controlar la replicación viral tras la infección dependían de la dosis, lo que indicaba un papel importante en la protección contra la enfermedad grave y la muerte.
Esas respuestas inmunitarias adicionales que controlan la replicación viral están mediadas por el llamado receptor Fc, que es una molécula de la superficie celular que reconoce la parte invariable de los anticuerpos y puede desencadenar la destrucción de las células infectadas, y por las respuestas de las células T. Esas células T complementan a las otras respuestas de los anticuerpos que neutralizan directamente el virus.
Según escribieron los autores, “la continua aparición de varias variantes del SARS-CoV-2 con mayor infectividad y capacidad de evasión inmunológica ha complicado aún más el esfuerzo de vacunación mundial. Estos datos proporcionan una visión crítica en el contexto de la pandemia actual, en la que las variantes emergentes que preocupan tienen la capacidad de romper la protección mediada por la vacuna, pero la inmunidad inducida por la vacuna todavía provoca una respuesta contra varias variantes y proporciona cierto nivel de protección contra la enfermedad grave y la muerte.”

Daniel Zhu, coautor del estudio, precisó: “Tras nuestro exhaustivo perfil de los efectos de los anticuerpos neutralizantes, la inmunidad de las células T y los mecanismos de acción de los anticuerpos alternativos no neutralizantes, encontramos correlaciones de la inmunidad en el contexto tanto de la protección completa como de la mitigación de la carga viral en la infección de ruptura. También observamos diferencias en la solidez de las características clave de la respuesta inmunitaria en las distintas dosis de la vacuna, lo que podría ayudar a orientar el diseño y el refuerzo de la vacuna en el futuro”.
Consultada por Infobae, la médica Elena Obieta, jefa del servicio de enfermedades transmisibles y emergentes de la Municipalidad de San Isidro y miembro de la Sociedad Argentina de Infectología (SADI), comentó: “El estudio realizado en los Estados Unidos aporta más detalles sobre los mecanismos de protección que inducen las vacunas, que han permitido salvar la vida de millones de personas desde que se han aplicado en diciembre de 2020″.
Además, Obieta agregó que “hoy se sabe que no es necesario que las personas se hagan un test para medir cuánta inmunidad tienen frente al coronavirus. Lo importante hoy es aplicarse tanto el esquema primario de vacunación como las dosis de refuerzo. Se sabe que las vacunas generan anticuerpos neutralizantes así como también inmunidad celular. La inmunidad celular es aún más importante para contar con protección frente al riesgo de desarrollar un cuadro grave”.
En la Argentina, en noviembre del año pasado, investigadores del Instituto de Biología y Medicina Experimental del Conicet, liderados por el doctor Gabriel Rabinovich, habían realizado un estudio sobre la respuesta celular tras la aplicación de los inoculantes que se aplican en el país cuando aún no circulaba la variante Ómicron.
Se demostró que la respuesta inmune a nivel celular con las vacunas que se aplican en la Argentina es robusta, tanto si los esquemas fueron con la misma vacuna o con vacunas diferentes. No se detectaron diferencias estadísticamente significativas entre quienes recibieron una vacunación homóloga (dos dosis de Sputnik V) y quienes recibieron una de tipo heterólogo (una primera dosis de Sputnik V, combinada con otra de las demás vacunas disponibles en el país).

La investigación fue posible tras la generación de la Plataforma COVID-T, única en América Latina, diseñada y desarrollada por científicos argentinos, con el objetivo de monitorear la respuesta linfocitaria T antígeno-específica en pacientes recuperados de COVID-19 y en personas vacunadas. El proyecto surgió en el marco de la Unidad Coronavirus, del CONICET y la Agencia Nacional de Promoción de la Investigación, el Desarrollo Tecnológico y la Innovación (Agencia I+D+i).
“La reacción de los linfocitos T es muy robusta, tanto para las subpoblaciones celulares CD4 como CD8, a los 14 días de la vacunación. La capacidad inmunogénica de la vacuna es comparable en estrategias homólogas y heterólogas”, describió el investigador Rabinovich. Los linfocitos (las células) T CD4 ayudan a coordinar la respuesta inmunitaria al estimular a otras células del sistema inmune, como los macrófagos, los linfocitos B y los linfocitos T CD8 para combatir la infección de SARS-CoV-2 en el organismo.
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