
La rápida acumulación de mutaciones en la variante Ómicron del SARS-CoV-2 plantea dudas sobre si su origen ocurrió en humanos o en otro huésped mamífero.
Changshuo Wei y un grupo de colegas pertenecientes a la Academia de Ciencias de China en Beijing publicaron un artículo en el Journal of Genetics and Genomics en el que muestran evidencia del origen de la variante Omicron del SARS-CoV-2 en ratones.
Los científicos indicaron en su documentos que “en conjunto, los resultados sugieren que el progenitor de Ómicron saltó de humanos a ratones, acumuló rápidamente mutaciones conducentes a infectar a ese huésped y luego volvió a saltar a los humanos, lo que indica una trayectoria evolutiva entre especies para el brote de Ómicron”, detalló el estudio.
La variante Ómicron del SARS-CoV-2 se reportó por primera vez en Sudáfrica el 24 de noviembre de 2021, y la Organización Mundial de la Salud (OMS) la designó como una variante de preocupación a las 48 horas de ser detectada.
Los orígenes proximales de Ómicron se han convertido rápidamente en un tema controvertido de acalorado debate en las comunidades científica y de salud pública. Muchas mutaciones detectadas en Ómicron rara vez se informaron entre las variantes de SARS-CoV-2 previamente secuenciadas, lo que lleva a tres hipótesis predominantes con respecto a su historia evolutiva.

La primera es que Ómicron podría haberse “propagado crípticamente” y circulado en una población con vigilancia y secuenciación virales insuficientes.
En segundo lugar, Ómicron podría haber evolucionado en un paciente con infección crónica por COVID-19, como un individuo inmunocomprometido que proporcionó un entorno de huésped adecuado que condujo a la adaptación del virus intrahuésped a largo plazo.
La tercera posibilidad es que Ómicron podría haber acumulado mutaciones en un huésped no humano y luego saltar a los humanos. Actualmente, el segundo escenario representa la hipótesis más extendida sobre los orígenes de Ómicron.
Las dos primeras hipótesis asumen que Ómicron adquirió estas mutaciones en humanos, mientras que la tercera asume que la nueva variante adquirió mutaciones en una especie no humana.
Sobre la base de un trabajo anterior en evolución viral realizado por el mismo equipo de trabajo, los científicos plantearon la hipótesis de que la especie huésped en la que Ómicron adquirió su conjunto particular de mutaciones podría determinarse mediante el análisis de los espectros moleculares de las mutaciones.
Siguiendo el cambio

Múltiples publicaciones desde 2020 han informado sobre el SARS-CoV-2 adaptado a ratones. Elisabetta Cameroni y tres colegas pertenecientes a Humabs Biomed, una subsidiaria de Vir Biotechnology de Suiza publicaron un informe en Nature, en el que informaron evidencia experimental de que el dominio de unión al receptor Ómicron (RBD) “se enlaza con mayor afinidad a la ACE2 humana y se une a la ACE2 del ratón”.
Concluyeron en su investigación que “los hallazgos sugieren que las mutaciones en el RBD de Ómicron pueden haber permitido la adaptación a los roedores y haber contribuido a una transmisión potencialmente mayor en humanos”.
En análisis previos que rondaban la idea de las perspectivas sobre la trayectoria futura de COVID-19, los especialistas indicaron: “las nuevas variantes que pueden transmitirse a los humanos en un ‘ping pong’ de infecciones entre especies podrían contribuir a una mayor diversificación del SARS-CoV-2, como es el caso de los virus de la influenza A. La infección y propagación del SARS-CoV-2 en especies no humanas podría dar lugar a alteraciones de la secuencia, transmisión entre especies y adaptaciones que podrían comprometer la inmunidad humana o afectar la virulencia y que disminuiría la unión a los anticuerpos monoclonales que se encuentran en uso clínico”.
Si la hipótesis de que Ómicron tiene un origen en ratones es plausible, ¿qué otras variantes relacionadas con ellos podrían existir en el futuro cercano?

Una variante de preocupación peor que Ómicron sería una que todavía es altamente transmisible y también podría evadir de manera suficiente la inmunidad de células T para causar una mayor virulencia. En teoría, esta variante podría surgir por un evento de recombinación o tal vez por un “ping-pong” entre especies prolongado entre humanos y ratones.
Los seres humanos representan el mayor reservorio conocido de SARS-CoV-2 y, con frecuencia, entran en contacto con otros animales, incluidos ganado, mascotas o animales salvajes que invaden los hogares en busca de alimento y refugio.
“Dada la capacidad del SARS-CoV-2 para saltar entre varias especies -concluye Wei-, parece probable que las poblaciones mundiales se enfrenten a variantes adicionales derivadas de animales hasta que la pandemia esté bien controlada. Por lo tanto, nuestro estudio enfatiza la necesidad de vigilancia viral y secuenciación en animales, especialmente aquellos en contacto cercano con humanos. Además, la caracterización computacional del pico RBD en animales y la identificación de su potencial para interactuar con ACE2 humano probablemente ayudará a prevenir futuros brotes de variantes peligrosas del SARS-CoV-2″.
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