
Los misteriosos comportamientos que muchos animales desarrollan en sus grupos sorprenden a los científicos en cuanto al entendimiento de determinados patrones. Un nuevo estudio sobre aves que se llevó a cabo en la Reserva Tswalu Kalahari en Sudáfrica, a cargo de un equipo integrado por profesionales del Consejo de Investigación de Biotecnología y Ciencias Biológicas de la Universidad de Exeter en Devon, Reino Unido, acaba de ser publicado en la revista Science Advances.
En el análisis los científicos relataron cómo detectaron que el trabajo en equipo permite a las aves hacer frente a entornos brutalmente impredecibles.
Este hallazgo histórico explica el antiguo misterio de por qué la cooperación entre aves se asocia con entornos impredecibles en todo el mundo. Los gorriones tejedores de ceja blanca viven en el desierto de Kalahari, donde las precipitaciones varían drásticamente y la comida escasea durante los períodos de sequía. Las aves viven en grupos familiares, con una sola pareja reproductora y hasta diez ayudantes no reproductores que colaboran con la alimentación de los polluelos.
Explicar la evolución de tal comportamiento aparentemente desinteresado ha sido un foco de investigación evolutiva durante muchos años. El nuevo estudio, realizado por el equipo de investigación de la Universidad de Exeter, muestra que las familias con más ayudantes crían con éxito más polluelos en condiciones de sequías, momento en que es más complejo conseguir alimento.

Curiosamente, estas familias en realidad tienen menos éxito en condiciones húmedas que aquellas con menos ayudantes, lo que significa que la ayuda cooperativa no mejora el éxito de reproducción general, sino que reduce la variación en el éxito de reproducción impulsada por el clima, lo que puede ser beneficioso de otras maneras.
“Nos sorprendió mucho nuestro análisis -aseguró Andrew Young, del Centro de Ecología y Conservación en el campus Penryn de Exeter en Cornwall-. Los hallazgos sugieren que las aves cooperan para hacer frente a la imprevisibilidad de su entorno. Este es un descubrimiento emocionante, porque si bien otros estudios han encontrado que el comportamiento cooperativo entre las aves está asociado con entornos impredecibles en todo el mundo, en nuestro caso hemos logrado contar con conclusiones vinculadas especialmente con períodos de precipitaciones variables”.
Los hallazgos de este estudio ayudan a explicar este enigmático patrón global. “La cooperación puede ser más beneficiosa en entornos impredecibles porque ayuda a las familias a hacer frente a condiciones tan difíciles -continúa el especialista-. Para los biólogos evolutivos, nuestro estudio también es revelador, ya que proporciona la evidencia más sólida hasta la fecha para una nueva estrategia llamada cobertura de apuestas altruistas, en la que la cooperación evoluciona porque permite a los organismos hacer frente a la imprevisibilidad”.

En las familias de gorriones tejedores de ceja blanca, los ayudantes suelen ser descendientes de la pareja reproductora, por lo que ayudar podría mejorar las posibilidades de supervivencia de sus hermanos menores. “En este caso, las cosas son más complicadas”, explicó Pablo Capilla-Lasheras, quien ahora es parte del Instituto de Biodiversidad, Salud Animal y Medicina Comparada de la Universidad de Glasgow, luego de haber sido integrante del equipo investigador. “Demostramos que en esta especie la cooperación probablemente no se explica por la teoría evolutiva clásica, porque la presencia de ayudantes no aumenta el éxito reproductivo general de los parientes. En cambio, la cooperación reduce la variación reproductiva”, una cuestión que ayuda a las aves a afrontar su entorno impredecible.
“Las estrategias de cobertura de apuestas como esta tienen que ver con reducir el riesgo de fracaso total cuando no se puede predecir lo que va a suceder -completa Capilla-Lasheras-. Nuestros hallazgos sugieren que la cooperación puede servir para ese propósito: permite que las familias de gorriones tejedores disfruten de cierto éxito reproductivo independientemente de las condiciones de lluvia que experimenten”.

Las conclusiones, basadas en 12 años de trabajo de campo en el Kalahari, también dan pistas sobre cómo las diferentes especies de aves podrían adaptarse en el futuro. Young sostuvo que: “las especies que crían en forma cooperativa, aquellas que viven en sociedades con ayudantes, pueden estar en mejores condiciones para hacer frente a entornos impredecibles, que esperamos que se vuelvan cada vez más comunes con el cambio climático”.
El estudio encontró que las ayudantes femeninas eran más cooperativas (alimentando más a los polluelos) que los masculinos. “Es específicamente el número de mujeres ayudantes lo que afecta la capacidad de una familia para hacer frente a condiciones de lluvia impredecibles; el número de ayudantes varones es menos importante -concluye Young-. Esta observación nos permite tener más confianza en que tener más ayudantes, en lugar de simplemente vivir en grupos más grandes, es la causa de los efectos que presenciamos”.
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