
Se trata de una de las complicaciones más usuales cuando una persona debe pasar mucho tiempo internada. Las infecciones intrahospitalarias afectan principalmente a los mayores de edad y a quienes tienen su sistema inmune debilitado a causa de patologías preexistentes. Y son precisamente quienes tiene más riesgo de desarrollar cuadros graves de COVID-19 y requerir hospitalización.
Con motivo de la pandemia, en Estados Unidos observaron que después de años de reducciones constantes de las infecciones asociadas a la atención sanitaria, las tasas se volvieron significativamente más altas para cuatro de las seis infecciones de seguimiento rutinario en los hospitales de ese país.
Así lo demostró un análisis de los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC por sus siglas en inglés) de los datos de la Red Nacional de Seguridad Sanitaria (NHSN) publicado en Infection Control & Hospital Epidemiology, la revista de la Sociedad de Epidemiología Sanitaria de América.
Los aumentos se atribuyeron a factores relacionados con la pandemia de COVID-19, entre los que se incluyen más pacientes y más enfermos que requieren un uso más frecuente y prolongado de catéteres y respiradores, así como problemas de personal y de suministro.
“El COVID-19 creó una tormenta perfecta para la resistencia a los antibióticos y las infecciones asociadas a la atención sanitaria en los entornos sanitarios. Antes de la pandemia, la sanidad pública -en colaboración con los hospitales- había conseguido reducir estas infecciones durante varios años en los hospitales de Estados Unidos”. El doctor Arjun Srinivasan es director asociado de los CDC para los programas de prevención de infecciones asociadas a la atención sanitaria y resaltó que “reforzar las capacidades de prevención y control de infecciones funciona”.

Es por esto que, para él, “esta información subraya la importancia de crear recursos de control de infecciones más fuertes, más profundos y más amplios en toda la atención sanitaria que no sólo mejorarán nuestra capacidad de proteger a los pacientes en futuras pandemias, sino que también mejorarán la atención al paciente cada día”.
Para este análisis, los investigadores utilizaron datos recogidos a través de la NHSN, el mayor sistema de vigilancia de las infecciones asociadas a la atención sanitaria del país, que es utilizado por casi todos los hospitales estadounidenses para cumplir con los requisitos de notificación de infecciones locales, estatales o federales.
Se encontraron aumentos importantes en 2020 en comparación con 2019 en cuatro tipos de infecciones graves: infecciones del torrente sanguíneo asociadas a la línea central, infecciones del tracto urinario asociadas al uso de catéter, eventos asociados al respirador e infecciones por estafilococo resistentes a los antibióticos.
En análisis de los expertos, “los mayores aumentos fueron las infecciones del torrente sanguíneo asociadas a los catéteres de la vía central que se insertan en grandes vasos sanguíneos para suministrar medicamentos y otros fluidos durante largos períodos”. En tanto, las tasas de infecciones por vía central fueron entre un 46% y un 47% más altas en el tercer y cuarto trimestre de 2020 en comparación con 2019.
Con el aumento drástico de la frecuencia y la duración del uso del respirador, las tasas de infecciones asociadas al ventilador aumentan en un 45% en el cuarto trimestre de 2020 en comparación con 2019. El análisis de los CDC encontró fuertes aumentos en las tasas de infección estandarizadas, lo que indica que los aumentos no fueron simplemente un reflejo de más dispositivos que se utilizan.

Por otro lado, se mantuvieron estables las infecciones en sitios quirúrgicos y la de clostridioides difficile (C. diff), una infección bacteriana grave que se produce tras el uso de antibióticos. Según el estudio, la disminución de las tasas de C. diff puede ser el resultado de una mayor atención a la higiene de las manos, la limpieza del entorno, el aislamiento de los pacientes y el uso de equipos de protección personal.
“Las prácticas de control de infecciones en las salas de COVID-19 a menudo se adaptaron a la escasez de equipos de protección personal, respondieron al miedo del personal sanitario y no siempre se prestaron a una mejor prevención de infecciones”, opinaron Tara N. Palmore y David K. Henderson, de los Institutos Nacionales de Salud, en un editorial que acompañó al estudio.
El éxito de los años anteriores, con descensos constantes de las tasas de estas infecciones asociadas a la atención sanitaria y de las relacionadas con dispositivos, “acentuó aún más el repunte que se produjo en 2020”.
El estudio descubrió que otros dos tipos de infecciones se mantuvieron estables o disminuyeron durante la pandemia de COVID-19. Las tasas de infecciones en el sitio quirúrgico no aumentaron porque se realizaron menos cirugías electivas, en gran parte en quirófanos con procesos ininterrumpidos de control de infecciones que estaban separados de las salas de pacientes con coronavirus.
“Las prácticas básicas de control de la infección deben incorporarse a la práctica para que sean menos vulnerables cuando el sistema sanitario esté sometido a tensión”, concluyó el editorial. Para los investigadores, un enfoque podría consistir en “designar personal clínico que se incorpore al equipo de epidemiología del hospital para permitir una rápida ampliación de los esfuerzos en apoyo de una respuesta a la pandemia”.
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