Qué es la hafefobia, por qué creció con la pandemia y cómo combatirla

A la par de las recomendaciones de distanciamiento social, se comienza a hablar de este trastorno

Guardar
Una alumna hace una presentación
Una alumna hace una presentación antes sus compañeros de clase en una escuela de Tokio detrás de un vinilo protector

Desde que empezó la pandemia, no hemos dejado de recibir noticias sobre diferentes trastornos mentales ligados a ella.

Primero descubrimos el síndrome de la cabaña, ese empuje a quedarnos encerrados. Con el uso generalizado de la mascarilla y al “impedir” que las personas pudiésemos expresar nuestros sentimientos, apareció el de la “cara vacía”.

A raíz de la recomendación sobre el mantenimiento de distancia social, le llegó el turno al síndrome de “hambre de piel”. Necesitábamos recuperar el toque humano.

Ahora nos hemos topado con la hafefobia, el miedo a tocar o ser tocado por temor al contagio.

Lo cierto es que, a día de hoy, no existen estudios concluyentes sobre ninguno de estos supuestos síndromes. Tampoco sobre este último, que ya existía antes de la pandemia y cuya prevalencia es muy baja.

Lo que sí hay, evidentemente, es un aumento de malestares diversos: miedo, tristeza, incertidumbre, angustia, rabia… También de nuevos hábitos de distancia social y aislamiento ligados a la crisis sanitaria.

¿Por qué, entonces, esta insistencia en nombrar como trastornos lo que no son sino malestares propios de un acontecimiento traumático como el que nos ocupa?

Seguramente porque los nombres acotan el miedo y aportan un sentido allí donde, o bien no lo hay, o es insuficiente. Ese es el poder de las categorías (incluidas las diagnósticas): explicar el presente, resignificar el pasado y anticipar el futuro.

Schopenhauer y los erizos

Descartada la epidemia de hafefobia, podemos preguntarnos por el futuro de ese miedo actual al contacto. ¿Quedará como secuela pos-COVID? ¿Cambiará nuestros modos de acercamiento? ¿Cancelará la costumbre de darnos besos y abrazos al encontramos o despedimos?

En 1851 y a propósito de las trabas en los vínculos sociales, Schopenhauer escribió El dilema del erizo o La parábola de los puercoespines ateridos. Dice así: “En un crudo día invernal, los puercoespines de una manada se apretaron unos contra otros para prestarse mutuo calor. Al hacerlo, se hirieron recíprocamente con sus púas y hubieron de separarse. Obligados de nuevo a juntarse por el frío, volvieron a pincharse y distanciarse. Estas alternativas de aproximación y alejamiento duraron hasta que les fue dado hallar una distancia media en la que ambos males resultaran mitigados”.

Niños se lavan las manos
Niños se lavan las manos haciendo fila manteniendo la distancia social en la misma escuela japonesa

Freud recurre a esta cita para mostrar cómo nuestros vínculos están caracterizados por la ambivalencia entre el amor y el odio. Al fin y al cabo “toda relación íntima con cierta duración deja un depósito de sentimientos hostiles en los involucrados.”

Más tarde, el psicoanalista Jacques Lacan usaba el término de extimidad. Con él se refería a que el resorte de ese ir y venir en el vínculo con los otros no se debe buscar fuera, en ellos, sino en nuestro propio interior.

Alude a aquello más íntimo de cada uno de nosotros. Aquello que, sin embargo, nos resulta irreconocible porque no nos gusta y situamos en el exterior. Como un cuerpo extraño.

Los niños aprenden antes el “no” que el “sí”. Expulsan aquello que odian de ellos mismos, lo que no los hace amables para el otro (sus gritos, tristeza o malhumor).

Así constituyen una primera frontera psíquica, diferenciando lo interior de lo exterior, imputando al otro (extranjero) lo que rechazan. Nos acercamos y alejamos de los otros en función de cómo soportamos nuestra propia extranjeridad, ese odio-de-sí-mismo. Tan humano y tan primario.

El miedo a tocarnos es una fobia a nosotros mismos. El secreto que no queremos comprender es que somos puercoespines para nosotros mismos. Nos contaminamos solos, aunque al alejarnos tengamos la ilusión de que es el otro el contaminante.

El virus del que huimos es el que nos parasita como temor por todo aquello que nos angustia y no podemos resolver. Como esos adolescentes que reprochan con acritud a sus padres todas las limitaciones que experimentan. Como si no fueran con ellos, en lugar de hacerse cargo de esos imposibles.

Una fiula en un centro
Una fiula en un centro comercial en México

La solución del amor

¿Cómo evitar que ese alejamiento se cronifique y nos confine en nuestra jaula de erizos? La misma Coca-Cola nos recordó que “existe una brecha de empatía y necesitamos atenderla si queremos ser la marca que reúne a las personas”. Al igual que otras compañías, propone hacer de la empatía el bálsamo de nuestros males.

Freud recordaba que “el egoísmo no encuentra un límite más que en el amor a otros”. También que el amor es el principal factor de civilización, quizás el único, determinando el paso del egoísmo al altruismo.

Pero la empatía forzada por el marketing y el amor –como reverso del narcisismo– son asuntos distintos. El amor que nos ayuda es aquel que empieza por uno mismo. Por reconciliarse con esa extimidad, dificultades y debilidades propias y de quien nos rodea.

El amor que cuenta no es el que encuentra en el partenaire el reflejo de sí, sino el que ama aquello que cojea en el otro y lo hace distinto y singular. Solo toleramos al otro en la medida en que nos toleramos a nosotros mismos. Para no alejarnos, conviene primero acercarnos a nuestro interior.

Esa es, sin duda, la mejor respuesta a la fobia al contacto. Conectar y reconciliarse con lo más íntimo de cada uno/a.

The Conversation

* El autor es psiconalista y profesor colaborador de Estudios de Psicología y Ciencias de la Educación en la Universitat Oberta de Catalunya

Publicado originalmente en The Conversation

SEGUIR LEYENDO:

Últimas Noticias

Descubren que un fenómeno natural potencia el impacto de los nanoplásticos en la salud

Un reciente estudio demostró que partículas diminutas modifican su estructura al permanecer expuestas al ambiente, lo que intensifica su efecto negativo sobre el sistema respiratorio

Descubren que un fenómeno natural

El césped artificial que amenaza a los peces: cómo los campos sintéticos liberan contaminantes a los ríos

La acumulación de sustancias químicas peligrosas en el drenaje pluvial urbano genera preocupación entre científicos y autoridades, que advierten sobre riesgos ambientales persistentes incluso años después de la instalación de estos campos

El césped artificial que amenaza

De falta de comida a más depredadores: el cambio climático pone en jaque la vida de las focas y los osos del Ártico

Investigadores de la Universidad de Columbia Británica advierten que los cambios en el entorno fuerzan nuevas estrategias de supervivencia, mientras la competencia por recursos y la reorganización de hábitats afectan a especies clave de la Bahía de Hudson

De falta de comida a

Detectan un exoplaneta del tamaño de Saturno: el dato que desconcertó a los astrónomos

El descubrimiento reveló detalles inesperados sobre la formación de mundos en entornos estelares complejos

Detectan un exoplaneta del tamaño

El hallazgo de gemas fluorescentes en Marte plantea nuevos enigmas sobre el planeta rojo

Científicos de la NASA estudian muestras extraídas por Perseverance y abren nuevas líneas de investigación sobre fenómenos que podrían transformar el conocimiento actual de la historia marciana

El hallazgo de gemas fluorescentes
MÁS NOTICIAS