
Apenas días después de haber recibido la financiación del gobierno del Reino Unido, la Universidad de Oxford comenzó el 27 de marzo la selección de los voluntarios que participarán en su inminente ensayo clínico de una vacuna contra el nuevo coronavirus. Es el cuarto de los 35 proyectos de investigación que actualmente existen en el mundo para buscar una cura al COVID-19 que avanza al nivel de pruebas en seres humanos.
El experimento —según publicó la universidad en el sitio del Centro de Investigación Biomédica de Oxford— es una colaboración entre los equipos clínicos del Instituto Jenner y el Grupo de Vacunas de Oxford. Convocará hasta 510 participantes sanos de 18 a 55 años que recibirán la vacuna, por ahora llamada ChAdOx1 nCoV-19, o un placebo para permitir el control de los resultados.
En la página web del ensayo se detalla que el objetivo, además de evaluar la capacidad de generar inmunidad contra el coronavirus, es establecer márgenes de seguridad y dosaje. A partir de un detallado trabajo pre-clínico, la universidad ya comenzó la producción de la fórmula, basada en un vector de la vacuna del adenovirus y la proteína de punta del SARS-CoV-2, y se espera que haya disponibilidad en pocas semanas.

Adrian Hill, director del Instituto Jenner, recordó que el equipo de Oxford tiene “una experiencia excepcional de respuesta rápida, como sucedió con el brote de ébola en África occidental en 2014”. Este desafío, agregó, “es aun más grande”. El diseño, de cero, “avanzó a un ritmo sin precedentes” desde que el 10 de enero Hill y sus colegas Sarah Gilbert, Andrew Pollard, Teresa Lambe y Sandy Douglas comenzaron su cooperación. El ensayo clínico “será crucial para evaluar la factibilidad de la vacunación contra el COVID-19”, dijo.
La fórmula de ChAdOx1 nCoV-19 fue elegida para pasar a ensayo clínico porque puede generar una fuerte respuesta inmunológica con una sola dosis y no es un virus replicante, por lo cual no puede causar una infección activa en el individuo vacunado. Eso la hace especialmente apta para adultos pero también para niños, ancianos y personas con una enfermedad preexistente como la diabetes.
La elección de un adenovirus modificado como vector se debe a su capacidad para infectar distinto tipo de células, incluidas las del sistema respiratorio, y por el abundante conocimiento que se tiene de ellos, lo que permite una manipulación segura y menos compleja que otro tipos de virus. Su objetivo son las púas que cubren el exterior del SARS-CoV-2 como una corona, que varios estudios establecieron como un buen punto para una vacuna.

“La vacuna de Oxford contiene la secuencia genética de esta proteína de púas de superficie”, explicó el sitio de la universidad. Cuando una persona la recibe, el sistema inmunológico quedaría preparado “para atacar al coronavirus si éste infecta el cuerpo posteriormente”. El mismo principio se utilizó en una fórmula de inmunización contra el síndrome respiratorio de Medio Oriente (MERS), que desarrolló la profesora Gilbert, parte del grupo de investigadores, y resultó prometedora en los primeros ensayos clínicos.
“Desde el brote de ébola en África occidental en 2014, mi equipo ha trabajado en nuevas aproximaciones al desarrollo de vacunas para proteger a la población del mundo contra una pandemia. Ahora estamos colaborando con un equipo mucho más amplio para llevar a cabo estos planes”.
Oxford también anunció que la fabricación de la vacuna se hace a toda marcha no sólo para el caso en que convenga continuar con otros ensayos sino también para asegurar que “haya dosis disponibles tan pronto como sea posible si se prueba que es segura y efectiva". La producción está a cargo de la profesora Douglas, quien explicó que “la escala de esta epidemia plantea un desafío enorme a la manufactura de una vacuna", básicamente por los estándares de seguridad que es necesario respetar. “Al comenzar a trabajar en gran escala tan inmediatamente esperamos acelerar la disponibilidad", agregó.
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