
La mañana del pasado 3 de abril, Ana María Pizarro (56) le dijo a su familia que iba a reunirse con su ex empleador para cobrar un finiquito en el centro de La Serena (470 kms al norte de Santiago) y volvía. Desde su hogar era un trayecto de no más de diez minutos en transporte público, sin embargo, nunca regresó, y tras remover cielo y tierra, la policía halló su cuerpo desmembrado 16 días después a la vera de la Ruta 5, en el sector Cuatro Esquinas.
La mujer, de hecho, nunca llegó a dicha cita, y el registro de llamadas de su celular arrojó que realmente se había dirigido a la casa de su ex pareja, José Medina Ladera (49), un hombre de nacionalidad venezolana con residencia legal en el país que trabajaba esporádicamente como gásfiter, a cuya vivienda entró y de la que no volvió a salir con vida.
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Todo indica que Ana María Pizarro prefirió no contarle a su familia que iba a reunirse con su amante, a quien veía desde el 2022, pues no aprobaban dicha relación debido a que el hombre siempre le pedía dinero. Los detalles de lo que sucedió dentro de esa casa se conocerían más adelante y estremecieron no solo a ese conocido balneario, sino que a todo el país.
Pero a pesar de una búsqueda infructuosa, la policía no logró dar con el paradero del presunto agresor y para peor, a poco andar los detectives relacionaron el espantoso crimen con otro muy parecido, ocurrido en 2019, cuando el cuerpo de María José Zambra (35) apareció descuartizado bajo un puente en la misma ciudad, específicamente el 18 de octubre, día en que comenzó el estallido social.
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El primer crimen
Según antecedentes de la carpeta investigativa, Zambra murió por estrangulamiento manual y varios golpes con un objeto contundente antes de ser desmembrada. De hecho, nunca se descartó la posibilidad de que sus restos se mantuvieran congelados antes de ser arrojados a la ribera norte del río Elqui, donde unos niños los encontraron.
La investigación, la verdad, no avanzó durante unas semanas debido a la convulsión que sacudía al país, pero cuando el chip del teléfono celular de María José fue reactivado en un celular perteneciente a Ana María Pizarro, su familia vio por fin un atisbo de esperanza.
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Detectives de la Policía de Investigaciones (PDI) se dirigieron entonces a casa de esta última, quien al ser interrogada contentó que sí, que el celular era suyo, pero que lo usaba su pareja, José Medina Ladera, aunque había sido ella quien había portado el número de una compañía a otra e instalado el chip en el teléfono Samsung del “Chamo”, como lo llamaba cariñosamente.
Los funcionarios se dirigieron entonces donde Medina Ladera, quien corroboró dicha versión y mostró sin problemas el dispositivo, por lo que las sospechas sobre él fueron desechadas y el caso se mantuvo sin culpables por casi seis años hasta la aparición de los restos de quien fuera su pareja.
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El segundo crimen y la conexión
Tras el crimen de Ana María el 3 de abril, las sospechas recayeron de inmediato sobre su expareja, el “Chamo”, quien al ser interrogado diez días después en calidad de testigo -pues el cuerpo no había aparecido aún y el caso se investigaba como una presunta desgracia-, negó haber visto o tenido noticias de ella.
A poco andar, sin embargo, comenzaron a llegar los resultados de las pericias policiales, entre ellos las imágenes de las cámaras de seguridad y el registro de llamadas de Pizarro el día de su desaparición, que mostraban cuatro llamadas entrantes y una de salida con Medina el día de su desaparición.
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“Inclusive, en las coordenadas de la última llamada de Ana María, se conectó a una antena telefónica cercana a la casa de José, y, por tanto, con esta información se pudo establecer ya de manera bastante fundada, que la señora se encontraba el día jueves en Pampa Baja”, sostuvo el fiscal Nicolás Zolezzi, según consignó el diario El Día.
Cuando el cuerpo de Ana María Pizarro apareció la noche del 19 de abril, las similitudes llevaron a los detectives a hacer de inmediato la conexión con el crimen de María José Zambra en 2019 y se lanzaron a la caza de Medina en una búsqueda estéril, puesto que ya había salido del país por un paso no habilitado.
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La testigo clave y las amenazas
El 22 de abril, una vecina del “Chamo” declaró ante la PDI que el día después que Ana María Pizarro desapareció, vio por la noche como aquel sacaba un cuerpo al patio de su casa y comenzaba a desmembrarlo, primero con un cuchillo y después con una sierra eléctrica, arrojando los restos en varias bolsas como las que se usan en la construcción.
Sin embargo, la mujer fue descubierta por el asesino, quien aseguró que el hombre le puso un puso al cuello, amenazándola con matarla si decía una sola palabra al respecto.
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Se testimonio calzaba con las pericias hechas a los restos de Ana María, las que indicaban que durante ese 3 de abril, entre las 13:40 y las 19:00 horas, Medina Ladera golpeó con un objeto contundente a la víctima en la cara y cabeza provocándole un traumatismo craneoencefálico, y luego usó un cuchillo para terminar finalmente con su vida. A la noche del día siguiente procedió a desmembrar a la mujer tal como había dicho la vecina, arrojando sus restos en cinco bolsas en la vereda norte de calle Cuatro Esquinas, entre la Ruta 5 Norte y El Santo.
Caso cerrado.
Antes de huir del país, Medina además envió varios audios amenazando a la hija de Ana María, el primero el mismo día del funeral de su madre:
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“Espero que dejen el caso de tu mamá hasta ahí. No sigan investigando, no sigan excusando a nadie. No sigan metiendo a nadie más, porque si no las que van a sufrir las consecuencias van a ser tus hijitas (...) Las voy a agarrar y les voy a hacer lo mismo que le hice a tu mamá. Si este audio lo llega a escuchar la PDI, júralo que no me importa esperar meses escondido, pero estoy más cerca de lo que te imaginas. Y las que van a pagar las consecuencias van a ser tus hijitas”.

Su captura
Los detalles que fueron apareciendo de ambos casos estremecieron a todo el país y lo mantuvieron en vilo por un par de semanas hasta que el 3 de mayo, José Medina Ladera fue detenido en la ciudad venezolana de Carabobo mientras deambulaba por la calle, gracias a un operativo conjunto entre la Interpol, la PDI y la policía local.
Una semana después, las familias de ambas mujeres llegaron clamando justicia hasta el Juzgado de Garantía de La Serena, que lo formalizó en ausencia por los delitos de homicidio calificado y femicidio íntimo de María José Zambra y Ana María Pizarro, respectivamente,
El martes recién pasado, la Corte de Apelaciones de La Serena -en un fallo unánime- dio luz verde a la solicitud de extradición desde Venezuela, consignando las similitudes en ambas muertes, sus móviles y el famoso chip de celular que terminó por conectar los dos casos.
Para ello, el tribunal analizó el tratado de extradición vigente entre Chile y Venezuela -firmado en 1964-, determinando que “se cumplen todos los requisitos legales” para la solicitud.
Y si bien ambos países han roto sus relaciones diplomáticas, la Fiscalía confía en que esto no afecte su extradición, por lo que el Ministerio de Relaciones Exteriores ya fue informado a fin de iniciar las gestiones diplomáticas correspondientes para juzgar en Chile el “psicópata de La Serena”, como ya fue bautizado por los medios, por sus horrendos crímenes.
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