Crece la polarización en Brasil de cara a las elecciones municipales del próximo año

Esta dinámica preocupa a los analistas con vistas al comicio de 2024, cuya primera vuelta ya está fijada para el 6 de octubre

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Una máquina de votación electrónica
Una máquina de votación electrónica en Brasilia (REUTERS/Adriano Machado/Archivo)

Hace un año que Luiz Inácio Lula da Silva ganó las elecciones presidenciales. Sin embargo, a pesar de más de 10 meses de gobierno e incluso un acontecimiento traumático como la invasión el 8 de enero de los palacios del poder en Brasilia, la polarización política en el país no cesa. Esta dinámica preocupa a los analistas, especialmente con vistas a las elecciones municipales de 2024, cuya primera vuelta ya está fijada para el 6 de octubre. Una cita en la que tanto Lula como el ex presidente Jair Bolsonaro se juegan todos sus recursos, incluidos los económicos, sobre todo de cara a las presidenciales de 2026.

En cuanto a Bolsonaro, queda claro para el país y los electores que es inelegible hasta 2030. El martes, el Tribunal Superior Electoral (TSE) lo condenó por segunda vez por delitos electorales, por uso indebido de las celebraciones del 7 de septiembre, fecha de la proclamación de la independencia de Brasil, que según la condena el ex presidente habría explotado en 2022 como pasarela electoral. A pesar de este escenario desfavorable para él, Bolsonaro se ha lanzado a la campaña municipal a full y sigue, recíprocamente, atacando a Lula tal y como hace poco más de un año cuando ambos políticos se disputaban la presidencia de Brasil.

El pasado mes de julio, en un acto en San Pablo, Bolsonaro llamó a Lula “analfabeto y burro”, mientras que el presidente, en sus retransmisiones en directo, llamó repetidamente “fascista” a Bolsonaro. Incluso en su última aparición en las redes sociales, Lula, en lugar de dar cuenta a los ciudadanos de sus recientes declaraciones de que “es difícil” que el gobierno alcance la meta de reducir a cero el déficit fiscal para 2024, prefirió desviar el foco hacia Bolsonaro. “Estaba preparando un golpe”, dijo. En esta dinámica de “ni contigo ni sin ti”, por citar una famosa frase de la película “La mujer de al lado” del director francés François Truffaut, tanto Lula como Bolsonaro proyectan en las elecciones municipales la misma polarización que en la campaña presidencial, como si no pudieran prescindir el uno del otro.

Según la prensa brasileña, son precisamente las declaraciones de Lula sobre la meta fiscal las que demuestran hasta qué punto el presidente no piensa arriesgar su popularidad en un año electoral como 2024 recortando fondos para obras e inversiones sólo para mantener un resultado, el del déficit cero, que parecía irreal desde el principio, aunque aprobado por el propio gobierno. El Partido de los Trabajadores (PT) cuenta con su apoyo para recuperar el resultado electoral de 2020, el peor de las últimas dos décadas. En 2020, cuatro años después del impeachment de la delfina de Lula, Dilma Rousseff, y del escándalo de la operación anticorrupción Lava Jato, el PT eligió sólo 183 alcaldes. Una cifra que impresiona si se compara con la de 2012, cuando el partido de Lula rozó su récord con 683 alcaldes electos. Paradójicamente, en 2020 fue el Movimiento Democrático Brasileño (MDB) el que acumuló los votos, con 797 alcaldes electos. Hoy el MDB está en el gobierno con tres ministros, Simone Tebet de Planificación, Jader Barbalho Filho de Ciudades y Renan Filho de Transportes.

El presidente de Brasil, Luiz
El presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva (EFE/Andre Borges)

Para el vicepresidente nacional del PT, el diputado federal Washington Quaquá, el partido no ha fijado un objetivo para el número de alcaldes que pretende elegir en 2024, pero la perspectiva es que la popularidad de Lula aumente y “empuje” a los candidatos del PT. “Esperamos un crecimiento muy razonable porque hoy somos el partido del gobierno. Y esto tiene un poder de atracción”, dijo. La estrategia de Lula es invertir dinero y energía en las ciudades con más de 100.000 votantes, especialmente en las capitales. Pero muchos se preguntan si la decisión de no cumplir el objetivo fiscal no se convertirá en un boomerang para el propio PT. Si la economía sigue empeorando y la inflación estalla, el PT, que es el principal partido de gobierno, se encontrará en una situación difícil frente a sus votantes, que ya han pagado el precio de las decisiones económicas de Dilma Rousseff que llevaron a la peor recesión que ha vivido Brasil desde el final de la dictadura, en 1985.

Además, se perfilan enfrentamientos en grandes metrópolis, sobre todo San Pablo. Aquí Lula impulsa la candidatura a la alcaldía del diputado federal Guilherme Boulos, que sin embargo no es del PT sino del Partido Socialismo y Libertad (PSOL). Por primera vez en su historia, el partido de Lula no se presenta directamente a la alcaldía, pero en el acuerdo firmado con Boulos su suplente será del Partido de los Trabajadores. “Agradezco a todos los militantes del PT y al presidente Lula su voto de confianza. Devolvamos juntos São Paulo al pueblo!”, escribió Boulos en sus redes sociales a principios de agosto, cuando se hizo el anuncio oficial de su candidatura.

Aunque siempre había sido del PSOL, Boulos apoyó la campaña electoral de Lula el año pasado y también formó parte de su equipo de transición tras las elecciones. En 2022 renunció a ser candidato al gobierno de San Pablo para presentarse como diputado y “ayudar a construir un amplio escaño de izquierdas en el Congreso”, según declaró entonces. En 2020, Boulos fue candidato a la alcaldía de San Pablo, mientras que el PT apoyó a Jilmar Tatto. Al final, Bruno Covas, del Partido de la Social Democracia Brasileña (PSDB), fue reelegido. En los últimos días Boulos ha sido objeto de tensiones entre Lula y su adjunto Geraldo Alckmin, quien en un acto dejó claro que apoyaba a Tabata Amaral, una joven precandidata a la alcaldía de San Pablo por su partido, el Partido Socialista Brasileño (PSB). “Ella es la novedad, ella es el verdadero cambio”, dijo Alckmin. Evidentemente, sus declaraciones causaron malestar en el gobierno, ya que tres días después el propio Alckmin, en una reunión en presencia de Lula, se refirió a Boulos como “camarada”.

Un ex ministro de Medio Ambiente del gobierno de Bolsonaro, Ricardo Salles, muy criticado, también se está moviendo para las elecciones municipales en San Pablo. Implicado en una investigación de la policía federal sobre tráfico ilegal de madera, Salles dimitió en 2021. Ahora quiere volver a intentar la alcaldía de la capital económica de Brasil. Según rumores de la prensa brasileña, el ex ministro estaría considerando dejar el Partido Liberal (PL) de Bolsonaro para intentar su nueva aventura política paulista.

El escenario en Río de Janeiro, por otra parte, ya parece crítico. El actual alcalde Eduardo Paes, del Partido de la Social Democracia Brasileña (PSD), tiene que lidiar con una escalada de violencia que en los últimos días ha visto una auténtica guerra de narcotraficantes asolar la ciudad con 35 autobuses quemados por milicianos y una población aterrorizada. Su entorno ha expresado preocupación por el impacto político que esta situación pueda tener en los votos del próximo año.

Jair Bolsonaro (Europa Press/Contacto/Oslaim Brito)
Jair Bolsonaro (Europa Press/Contacto/Oslaim Brito)

En cuanto a Bolsonaro, su intento parece ser salvar a su Partido Liberal, que incluso en el Congreso defiende la amnistía para él. Por eso el ex presidente ha elegido el sur de Brasil para hacer campaña de cara a las elecciones municipales. Ya ha estado en Porto Alegre, Río Grande do Sul, y en el estado de Santa Catarina. Su objetivo y de su partido es conseguir la elección de 1.000 alcaldes, frente a los 360 actuales. Bolsonaro cuenta con apelar al descontento de los brasileños - en el sur del país el sector del agronegocio es muy fuerte e históricamente no apoya a Lula - y sobre todo hacer que el PL sea más capilar en su difusión y más consistente en términos de liderazgo. Un reto que parece complejo por el momento, dado que hasta ahora la oposición no ha logrado encontrar líderes alternativos a Bolsonaro.

En parte quizás por esta razón, el ex presidente está impulsando a su esposa Michelle, con vistas tanto a las elecciones municipales del próximo año como a las presidenciales de 2026. En los últimos meses, la ex primera dama está viajando principalmente a los estados del norte y noreste de Brasil, históricamente feudos electorales del PT y del presidente Lula. En Ceará y Pará estuvo con su marido. El PL está aprovechando la campaña electoral para las municipales para lanzar a Michelle como posible candidata a las presidenciales de 2026. En particular, su partido está apostando fuerte por el electorado femenino a través del “PL Mujeres”, un grupo político totalmente femenino dentro del partido, dirigido por la propia Michelle. Hasta ahora, gracias también a esta fuerza impulsora, el PL ha tenido más de 43 mil nuevos afiliados, 14 mil de los cuales son mujeres. Fuentes en Brasilia han revelado a Infobae que en cuanto al candidato presidencial, el PL aún no pretende revelar sus cartas para dejar abierta la posibilidad de alianzas políticas. En este contexto, también gana peso la posible candidatura del actual gobernador de San Pablo, Tarcisio de Freitas, ex ministro de Infraestructura del gobierno Bolsonaro.

En resumen, las elecciones municipales de 2024 están siendo vividas por Brasil como un ensayo general para las presidenciales de 2026, pero según la prensa local hasta ahora no parece haber una tercera vía para un proyecto de país diferente. En un agudo análisis de Fabiano Lana publicado en el diario O Estado de São Paulo, emerge la preocupación de la sociedad civil por el destino político del Brasil. “En caso de que el actual gobierno fracase, los brasileños podrían volver a elegir un nombre que represente el reaccionarismo latente de una parte considerable de la sociedad, alguien del núcleo duro de títeres que Bolsonaro podría sacarse de la manga en cualquier momento, metiendo en problemas a la derecha moderada”, escribe Lana, y añade que “como ocurrió en 2018 y 2022, los pocos electores que aún se encuentran en el centro, que son los que realmente deciden el juego en una sociedad dividida, acabarán votando a este radical”.

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