
“Yo vi que en Cuba hay la mejor democracia, ¿qué dictadura?”. Evo Morales paseó sus frases por la Argentina sin que nadie lo confrontara. Las pronunció serio, convencido, soñando quizás con que esa particular “democracia” de la que habla se pudiera extender alguna vez a toda América Latina. Sería para combatir al “imperio asesino” y a los medios de comunicación que “son peor que la bomba atómica” sin los cuales no existiría esa diabólica “derecha”.
La Patria Grande que sueña el ex presidente de Bolivia parece clara, aunque poco tentadora: muy cercana a la Rusia de Vladimir Putin, ausente de voces críticas que perturben el discurso oficial y sin opciones políticas a las cuales la población pueda votar. Cuba.
Quizás por ese desprecio que tiene de los medios libres, Morales no se haya enterado que en los últimos meses el éxodo cubano se multiplicó. El hambre que pesa sobre la población no es producto de ningún embargo, sino de las recurrentes políticas de su amigo Miguel Díaz-Canel. En Cuba no hay leche, siquiera. Tampoco pollos y los pocos que se consumen llegan justamente desde el “imperio”. Es difícil de entender ese bloqueo por el cual las vacas no producen leche y los pollos sólo llegan de granjas norteamericanas.
Un total de 3.369 balseros cubanos fueron rescatados en condiciones deplorables por la Guardia Costera de los Estados Unidos desde el 1 de octubre de 2021. Huían desesperados de “la mejor democracia del mundo” a pesar de que debían hacerlo en frágiles embarcaciones cuya autonomía para atravesar la distancia que separa Cuba de los cayos de Florida depende más de la voluntad divina que de la ingeniería, los vientos y las mareas. Sería interesante conocer la explicación que pudiera salir de la boca de Morales para justificar este tipo de temeridades que incontables veces terminan en tragedia. ¿Llamaría a esas personas que ponen en riesgo sus vidas gusanos imperialistas? Todo es posible.
También parece desconocer Morales que en esa “democracia” quienes levantan la voz contra el régimen castrista son perseguidos hasta la cárcel y los tormentos. En un país donde los medios de comunicación disidentes no existen, esas voces podrían ser el equivalente a las “bombas atómicas” a las que tanto teme el líder cocalero. El pasado 11 de Julio de 2021 miles de cubanos explotaron contra la dictadura. Exigían lo básico: comida, salud y libertad.
Ese inédito desafío al castrismo fue suficiente para que se ponga en macha una de las más fuertes campañas represivas contra la población. Se movilizaron agentes parapoliciales, de inteligencia y militares para evitar que se escuchen esas quejas. Miles fueron detenidos. Entre ellos menores de edad. Muchos de ellos sufrieron torturas.
Actualmente, en “la mejor democracia” existen 953 prisioneros políticos y de conciencia de acuerdo a datos aportados por el Observatorio Cubano de Derechos Humanos. Durante el primer semestre de 2022, se documentaron al menos 2.977 acciones represivas, de ellas 719 detenciones arbitrarias y 636 retenciones ilegales en viviendas. El sistema de gobierno elogiado por Morales persigue a sus detractores hasta el interior de sus viviendas.
Morales -quien abandonó el poder tras cometer un escandaloso fraude en las elecciones de noviembre de 2019- también defendió al dictador venezolano Nicolás Maduro. Fue breve, sin embargo, en sus argumentos. Dijo que en la nación sometida por el chavismo “hay libertad de expresión”. No siguió en esa línea conceptual -¿por falta de datos que los respalden?- y continuó hablando de cómo la economía venezolana florecía.
En su recorrido por medios estatales argentinos, el ex presidente boliviano tuvo tiempo además de ser un verdadero escudero de Vladimir Putin. Para el hombre cuyo liderazgo cocalero está en juego, Rusia estaba a punto de ser invadida por la OTAN y los Estados Unidos y no tuvo más remedio que defenderse y atacar Ucrania el pasado 24 de febrero. Una agresión externa contra su soberanía era inminente, reveló Morales. Se desconoce si el inédito argumento sorprendió puertas adentro del Kremlin.
Más allá de su desconexión en temas globales, Morales está preocupado por algo bien intestino dentro de Bolivia: su mando cocalero. Su cercanía y promoción de los productores peruanos -a partir de la llegada de Pedro Castillo- ha provocado el descontento de sus propias bases en Chapare. El país vecino incrementa la producción y muchos ven al compañero Evo como responsable. El ex presidente, en esto, quiere libre mercado y aumentar el rendimiento de los campos. No explicó hasta ahora, tampoco, con qué objetivo comercial.
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