
Vladimir Putin no quiere disimular. Al parecer ya no sólo da órdenes en Rusia, sino que también dispone de territorios latinoamericanos para expandirse e infundir terror como si fueran un apéndice de la estepa siberiana. Eso dejó trascender este jueves cuando el vicecanciller Sergei Ryabkov sugirió que el Kremlin estaba dispuesto a hacer un despliegue de tropas en Venezuela y Cuba si su ejército invadía Ucrania y Occidente salía en defensa de la nación europea. Flashes de la Guerra Fría.
Luego de esta increíble admisión de libre disponibilidad sobre países ajenos, ni Miraflores ni el Palacio de la Revolución (ni la CELAC) emitieron comunicados denunciando la voracidad imperialista del Kremlin. Al parecer, Nicolás Maduro y Miguel Díaz-Canel están más cerca de autopercibirse como agentes rusos que como Bolívar o Martí.
Lo cierto es que el desafiante anuncio de Moscú deja al descubierto la profunda injerencia de Putin sobre sus aliados latinoamericanos. Esa intromisión fue confirmada por Vladimir Padrino López, generalísimo y ministro de Defensa de Venezuela. Zamuro, como se lo conoció durante sus negociaciones con Estados Unidos para expulsar a Maduro en tiempos de Donald Trump, alzó la voz ante las quejas opositoras en Caracas por el aviso ruso y ratificó y pronosticó mayor presencia militar en suelo caribeño. Total, ¿quién recuerda a Bolívar?
La presencia militar rusa ha crecido de manera exponencial en el último tiempo. Fundamentalmente desde que Maduro comenzó un espinoso camino de debilitamiento -tanto interno como externo- y decidió radicalizar aún más su gestión. Una clara muestra ocurrió durante el levantamiento del 30 de abril de 2019, cuando un llamado telefónico desde Moscú obligó al dictador caribeño a permanecer en Caracas y no subir a un jet que lo trasladaría a República Dominicana.
Pero no sólo de órdenes telefónicas se alimenta el delfín de Hugo Chávez. Las tropas de Putin son clave para Miraflores. Le permiten conseguir tecnología y armamento, e incluso le son de utilidad en materia de espionaje y vigilancia. Rusia logra a cambio una inquietante recompensa: la explotación minera y petrolera.
Sobre todo, el control es casi absoluto sobre la Cuenca del Orinoco, donde está la mayoría de las empresas bajo la protección militar rusa. En esta riquísima área pueden encontrarse todo tipo de minerales: petróleo, gas, hierro, aluminio, oro y hasta diamantes. “Es lo más parecido a la época de los conquistadores españoles en las Américas”, dice con amarga ironía un ex coronel chavista que prefiere el anonimato.
Pese a que Venezuela está inmersa en una colosal crisis humanitaria, los aviones que parten desde bases militares moscovitas no transportan ayuda. Ni alimentaria ni sanitaria, aún cuando el COVID-19 arrasó a la población y la situación es desesperante. Sólo se traslada personal uniformado capacitado en tecnología y en custodia de los intereses de Moscú. Al retornar a su tierra, los Antonov-124 lo hacen cargados al máximo de sus capacidades. Es la paga extraída de las entrañas soberanas.
Los radares P-18 que instaló Rusia frente a Arauca, en la frontera con Colombia, le permiten a la dictadura monitorear lo que ocurre en esa sensible zona donde los grupos guerrilleros auspiciados por el chavismo mantienen en vilo a la población de uno y otro lado del límite migratorio. De acuerdo a información calculada por el analista Joseph M. Humire -Director Ejecutivo del Center for a Secure Free Society- desde 2005 el Kremlin proveyó a Venezuela con material de guerra por un valor de 11 mil millones de dólares.
A tal nivel se sirve Putin de Maduro, que ordenó el levantamiento de una fábrica de fusiles Kalashnikov en Venezuela, un proyecto que firmado en 2001. Ahora, en los últimos días de 2021, el Kremlin anunció su activación. “Los especialistas rusos han empezado a preparar los equipos de proceso y las líneas de montaje. Esperamos llevar a cabo su lanzamiento en 2022″, dijo Valeria Reshétnikova, portavoz del Servicio Federal de Cooperación Militar y Técnica (FSMTC).
Padrino y otros confidentes tenían algo de razón. Hace tiempo que Rusia opera libremente en Venezuela.
En cambio, la dependencia de Cuba con Rusia es histórica. Data de tiempos de Fidel Castro y la Unión Soviética; de los momentos de mayor tensión como lo fueron la Crisis de los Misiles, o el frustrado Desembarco en Bahía de los Cochinos. Moscú ha utilizado a La Habana como moneda de cambio para sus negociaciones con Washington. Como si fuera propia.
El castrismo, en cambio, sólo se ha servido de sus socios para conseguir sobrevivir en el poder. El pueblo cubano jamás vio progreso en aquel vínculo, aunque se le remarcó durante décadas que se conformara con la supuesta dignidad alcanzada. “Patria o muerte”. Que con eso era suficiente. Ahora, tras afrontar la mayor crisis política en décadas -como consecuencia de las protestas sociales que estallaron en julio de 2021- Díaz-Canel mantiene el amparo de Putin para poder reforzarse internamente. “Patria o vida”. Moscú no dejará caer fácilmente en manos de demócratas a su mayor activo frente a los Estados Unidos.
Desde el derrumbe de la URSS, el dinero para sostener la Revolución llega a la isla gracias a los generosos barriles de Venezuela y al turismo. Esto último, sobre todo, merced a los hoteles europeos. La Unión Europea quizás algún día se decida a consultar a sus empresarios del dolce far niente sobre cómo pagan y a quién los salarios de los trabajadores cubanos contratados en sus lujosas cadenas sobre el mar. Terminar con esa forma de esclavitud podría resultar efectiva para defender los valores democráticos y las libertades individuales de los isleños.
El almirante Rob Bauer, presidente del Comité Militar de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), consideró “preocupante” que Rusia pudiera trasladar misiles a países como Venezuela o Cuba. “Venezuela y Cuba no son territorios de la OTAN, pero puedo imaginar que hay países, aliados, que están preocupados por tal posibilidad”, dijo el hombre que comanda la fuerza más importante de Occidente y que está en guardia ante la hostilidad de Moscú.
La presencia de una base militar que resulte una amenaza para los Estados Unidos podría provocar consecuencias muy graves para el subcontinente generando una desestabilización sin precedentes. ¿Con qué garantías contaría Colombia? ¿Qué haría Brasil ante este escenario belicoso? Rusia ya logró activar los nervios y la atención de Europa por Ucrania. Si América Latina permitirá esta jugada de intervencionismo en la región es una incógnita sobre la cual ninguno de sus protagonistas se ha pronunciado.
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