
Pese a las críticas sobre su gestión contra el coronavirus, Jair Bolsonaro reiteró este domingo ante miles de seguidores en Brasilia su discurso contra el confinamiento, en un momento en el que se dispara el número de casos de COVID-19 en el país.
“La destrucción de los empleos por parte de algunos gobernadores es irresponsable e inadmisible. Vamos a pagarlo caro en el futuro”, declaró el jefe de Estado en un retransmisión de la manifestación en directo por Facebook.
En Brasil, las medidas de confinamiento son competencia de los gobernadores estatales que las imponen localmente, de forma más o menos estricta. Desde el inicio del brote, el jefe de Estado se mostró en contra de esas medidas.
En esa línea, Bolsonaro, que acostumbra a menospreciar la gravedad de la COVID-19, a la que califica de “gripecita”, volvió a asegurar que los brasileños “quieren trabajar”, aunque las encuestas de opinión recientes dicen lo contrario.

La protesta tuvo lugar en un momento de crisis política en Brasil tras la renuncia del ex juez Sergio Moro como ministro de Justicia.
La manifestación reunió, además, a una multitud más numerosa que en las semanas anteriores, con muchas pancartas contra Rodrigo Maia, el presidente de la Cámara de Diputados, y Sergio Moro, el ex ministro de Justicia, que dimitió la semana pasada con acusaciones de injerencia contra Bolsonaro.
En su despedida, el ex ministro acusó al jefe de Estado de intentar “interferir políticamente” en la Policía Federal, que investiga a dos de los hijos del mandatario. La Corte Suprema, en tanto, autorizó a la Fiscalía General abrir una investigación contra el gobernante y el propio Moro para esclarecer la veracidad de las acusaciones del antiguo magistrado. Éste prestó declaración el sábado durante ocho horas en la sede de la Policía Federal de Curitiba (sur) y, según medios locales, presentó “conversaciones, audios y correos electrónicos” intercambiados con Bolsonaro que apoyarían sus graves acusaciones.
En el acto de este domingo los simpatizantes del presidente corearon “Moro, basura” y llevaron carteles con críticas hacia el Congreso y la Corte Suprema. Algunos, incluso reclamaron una “intervención militar”.

Pero, a diferencia de las protestas anteriores, el presidente brasileño, que no llevaba mascarilla, se mantuvo a distancia de sus seguidores, desde la rampa de su residencia oficial del Palacio de la Alvorada. En vez de alentar a la multitud, el mandatario se conformó con hacer un breve discurso ante la cámara. Luego bajó la rampa con su hija Laura, de nueve años, para saludar a los manifestantes, pero se quedó a más de dos metros de la muchedumbre.
“El pueblo está con nosotros, y el ejército está del lado de la ley, del orden, de la libertad y de la democracia”, afirmó. Y agregó: “Le ruego a Dios que no tengamos problemas esta semana porque llegamos al límite. No hay más conversación, de aquí para adelante, no solo exigiremos, haremos cumplir la Constitución y será cumplida a cualquier precio”.

El diario Estado do Sao Paulo, uno de los más importantes del país, contó que un grupo de manifestantes empujó y dio patadas a uno de sus fotógrafos y su chófer.
Brasil ha registrado cerca de 100.000 casos de covid-19 y más de 6.700 fallecidos desde el principio de la epidemia en diciembre en China. En la última semana, el número de fallecidos diarios ha superado las 400 personas. La mayoría de los expertos considera que el pico de la pandemia está aún lejos de ser alcanzado.
Con información de AFP
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