La UA llama a la calma en Etiopía en medio de un repunte de las hostilidades en la región de Tigray

Frente a la escalada de violencia en Tselemt, el presidente de la Comisión de la Unión Africana ha manifestado su “profunda preocupación” y exige que las partes respeten el acuerdo de paz para evitar otro conflicto devastador

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El expresidente nigeriano Olusegun Obasanjo, quien ofició como mediador de la Unión Africana durante el conflicto en la región de Tigray, estimó en su momento que el saldo de víctimas mortales podría superar los 600.000, cifra que refleja la magnitud de la violencia experimentada en esta zona del norte de Etiopía. Ante el nuevo episodio de violencia en Tselemt, una localidad estratégica de la disputada zona occidental de Tigray, Mahoud Ali Yusuf, presidente de la Comisión de la Unión Africana, manifestó su “profunda preocupación” por el recrudecimiento de las hostilidades y llamó a las partes a respetar el acuerdo de paz de Pretoria para evitar que la situación desemboque en otro conflicto devastador, informó la agencia.

Según lo publicado por el medio, la Unión Africana urgió tanto al ejército etíope como a los grupos armados de Tigray a abstenerse de escalar los enfrentamientos registrados en la última semana en Tselemt. La organización advirtió sobre el riesgo potencial de que esta serie de incidentes derive en una repetición del conflicto armado que, según las cuentas más conservadoras, causó cerca de 100.000 muertes entre 2020 y 2022. Estas nuevas hostilidades, reportó la fuente, coinciden con una elevada tensión en la zona a raíz de la persistente presencia de milicias del estado de Amhara, aliadas del Gobierno central etíope, que se niegan a desalojar territorios conquistados durante la guerra y que la administración regional de Tigray exige recuperar.

La Unión Africana detalló que el acuerdo de paz de Pretoria, alcanzado en Sudáfrica y firmado para detener los combates, continúa bajo seria amenaza debido a disputas internas que han fracturado el liderazgo del Frente Popular para la Liberación de Tigray (TPLF), que hasta entonces funcionaba como principal garante del cumplimiento del pacto. Fuentes del organismo señalaron que, además de los retos en la retirada de fuerzas ajenas, la fisura entre las autoridades tigriñas dificulta la consolidación de la paz en una región marcada por décadas de rivalidad y enfrentamientos.

El comunicado reciente de Mahoud Ali Yusuf, citado por la agencia, reiteró la “importancia fundamental y continua de preservar los logros alcanzados con tanto esfuerzo” y subrayó el compromiso “inquebrantable” de la Unión Africana para asegurar la “aplicación plena y efectiva” del Acuerdo de Cese Permanente de Hostilidades de Pretoria. Según informó el medio, el organismo reafirmó su apoyo ininterrumpido a todas las partes en el proceso de reconciliación, insistiendo en el papel de facilitación del diálogo que mantienen a través de su Grupo de Alto Nivel sobre Etiopía, con la disposición de intensificar sus gestiones en favor de la estabilidad y la paz en la región de Tigray.

El conflicto en Tigray, descrito como uno de los más sangrientos de África en los últimos años, fue escenario de graves violaciones a los derechos humanos. Según relató la fuente, distintas organizaciones no gubernamentales documentaron innumerables atrocidades perpetradas por todas las partes involucradas, incluidas ejecuciones sumarias, abusos sexuales y reclutamiento forzado. El anterior acuerdo de paz, resultado de arduas negociaciones, buscaba poner fin no solo al enfrentamiento armado, sino también iniciar procesos de justicia y reconciliación adaptados a la magnitud de los daños sufridos por la población civil.

La zona occidental de Tigray, y en particular Tselemt, permanece como epicentro de la tensión durante el delicado periodo posterior al cese al fuego. Tal como indicó la Unión Africana en su comunicado más reciente, la presencia de fuerzas armadas ligadas al estado de Amhara continúa generando descontento y desconfianza entre las comunidades locales, hecho que complica la implementación de los acuerdos sobre la devolución de territorios y la reconstrucción institucional tras la guerra.

El medio citó además las estimaciones de víctimas, que varían significativamente según las fuentes. Mientras que las cifras oficiales sitúan el número de muertos en 100.000 entre 2020 y 2022, otras proyecciones elevan considerablemente ese cálculo, como la mencionada por Obasanjo. El conflicto se caracterizó también por el desplazamiento masivo de civiles y la destrucción de infraestructura esencial en Tigray.

Ante los desafíos actuales, la Unión Africana instó a todas las partes involucradas a colaborar en la consolidación de la paz y aseguró su disponibilidad para ampliar los esfuerzos diplomáticos y logísticos según las necesidades del proceso. El órgano continental enfatizó, según el reporte, que la estabilidad y la seguridad en Tigray requieren la implementación conjunta de medidas de confianza y el respeto irrestricto a los acuerdos de Pretoria, bajo el acompañamiento de instancias internacionales y regionales especializadas en la gestión de conflictos.