Un análisis del informe “Más allá de la productividad: medir el valor real de la IA” revela que, aunque muchas compañías optan por destinar los beneficios obtenidos gracias a la inteligencia artificial a nuevas inversiones tecnológicas, sólo una minoría canaliza esos ahorros hacia el desarrollo profesional del personal. El estudio global de Workday, citado por el medio, pone de manifiesto que existe una desconexión entre la intención de maximizar la transformación que ofrece la IA y la realidad de la reinversión interna: el 39 por ciento de las empresas prioriza la tecnología, mientras que únicamente el 30 por ciento dirige esos recursos a la capacitación de empleados. Sobre este trasfondo, el uso de la inteligencia artificial ha incrementado la productividad de los equipos en España, pero surge preocupación por el verdadero impacto de la tecnología debido al tiempo invertido por los empleados en comprobar y corregir los contenidos generados.
Según consignó el informe reproducido por el medio, en España casi tres de cada cuatro trabajadores (74 por ciento) percibe un aumento de productividad con la IA y la mayoría logra ahorrar entre una y tres horas por semana en sus funciones habituales. Sin embargo, ese incremento de eficiencia se ve limitado porque los profesionales deben revisar, corregir o reformular los resultados de la inteligencia artificial: el 42 por ciento de los empleados dedica hasta una hora semanal a estas tareas, una cifra alineada con la media de Europa, Oriente Medio y África (EMEA), situada en 40 por ciento, pero superior al promedio mundial, que alcanza el 37 por ciento.
El documento reproducido por el medio describe una paradoja: aunque a nivel global el 85 por ciento de los trabajadores reporta haber reducido entre una y siete horas semanales gracias a la IA, una proporción significativa de ese tiempo se consume en actividades de supervisión y reelaboración de textos generados por la tecnología. Casi un 40 por ciento del tiempo ahorrado debe emplearse en corregir fallos, reescribir documentos o verificar resultados producidos por herramientas genéricas de inteligencia artificial, lo que, según el informe, genera una percepción de productividad y retorno de inversión que no siempre se materializa plenamente.
Según detalla Workday en el reporte citado, sólo el 14 por ciento de los empleados en el ámbito internacional logra resultados completamente positivos de forma regular al trabajar con inteligencia artificial. A pesar de ello, quienes utilizan la IA a diario muestran mayor optimismo: más del 90 por ciento de estos usuarios frecuentes confía en que la tecnología mejorará sus resultados laborales. Sin embargo, también son quienes más carga asumen, ya que el 77 por ciento revisa el contenido generado por IA con el mismo nivel de rigor que revisarían el trabajo de otra persona, e incluso más.
Entre los grupos etarios, los empleados jóvenes destacan por dedicar más tiempo a tareas de revisión. El informe reportado por el medio indica que el 46 por ciento de quienes se encargan de revisar y corregir habitualmente lo que produce la inteligencia artificial tiene entre 25 y 34 años, lo que señala una mayor exposición de las generaciones jóvenes a la tarea de filtrar y asegurar la calidad del trabajo automatizado.
Las empresas enfrentan también una brecha entre las prioridades de los directivos y las posibilidades reales de los equipos. A nivel internacional, el 66 por ciento de los líderes empresariales identifica la formación como una de sus principales prioridades. Sin embargo, sólo el 37 por ciento de los trabajadores que revisan habitualmente el contenido creado con IA accede a programas de aprendizaje y desarrollo, de acuerdo con el informe recogido por el medio. En España, la situación sigue una pauta similar: mientras el 68 por ciento de los directivos prioriza la reinversión de la productividad lograda en iniciativas de formación, apenas un 53 por ciento de los empleados percibe una expansión efectiva de estas oportunidades.
Tal como señala el análisis difundido por Workday, la actualización de los puestos de trabajo no ha seguido el mismo ritmo que la introducción de las tecnologías de IA. La mayoría de las organizaciones (89 por ciento) a nivel global tiene menos de la mitad de sus roles adaptados para reflejar las capacidades digitales actuales, lo que implica que los equipos emplean herramientas nuevas y avanzadas dentro de estructuras laborales tradicionales.
De acuerdo con la investigación, aunque existe consenso en el sentido de que los frutos de la inteligencia artificial deberían repercutir en favor de los empleados, la reinversión real de esos beneficios tiende a orientarse hacia el ámbito tecnológico y no al desarrollo profesional. La encuesta revela que, en vez de aprovechar el tiempo ahorrado para enriquecer las competencias del personal, muchas empresas aprovechan la eficiencia obtenida para incrementar la carga de trabajo (32 por ciento) o delegan en los propios empleados la gestión y adaptación a la IA, sin proporcionar apoyo estructurado.
Contrariamente, los equipos con una experiencia positiva en el uso de inteligencia artificial tienden a reinvertir el tiempo ahorrado en tareas que aumentan el valor de su trabajo, como el análisis en profundidad, la toma de decisiones fundamentadas y el desarrollo de pensamiento estratégico. El 57 por ciento de estos trabajadores indica utilizar el tiempo ganado para potenciar su rendimiento, en lugar de sumar más tareas a su agenda. Además, el acceso a la formación es considerablemente mayor en estos grupos: el 79 por ciento ha recibido capacitación para adquirir nuevas habilidades vinculadas a la transformación digital.
Los datos recogidos por Workday y reproducidos por el medio ponen en relieve los desafíos asociados al despliegue de inteligencia artificial en el entorno laboral español y global. Mientras los trabajadores reconocen el incremento de la productividad gracias a estas herramientas, también señalan que una proporción significativa de las mejoras se neutraliza por el tiempo destinado a la revisión y mejora de los resultados generados automáticamente. La evolución de los puestos de trabajo y la formación de los equipos aparecen como factores determinantes para que los beneficios de la IA repercutan efectivamente en el valor real añadido para empleados y organizaciones.
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