
La notable ausencia de respuestas contundentes ante debates fundamentales, como el del lenguaje inclusivo, expone una de las preocupaciones centrales manifestadas por Arturo Pérez-Reverte respecto al rumbo actual de la Real Academia Española. Según consignó El Mundo, el escritor y académico sostiene que la institución que dirige Santiago Muñoz Machado atraviesa una crisis interna que, en su opinión, se origina en una tendencia a ceder frente a presiones políticas y mediáticas, debilitando la posición de los expertos literarios y poniendo en entredicho la autoridad histórica de la entidad.
De acuerdo con El Mundo, Pérez-Reverte denuncia que la voz de los académicos escritores, quienes por su labor se consideran especialistas y creadores del lenguaje, ha perdido peso en la toma de decisiones de la RAE. Explica que muchos de estos académicos, tanto activos como fallecidos recientemente, han advertido sobre lo que perciben como errores, empobrecimientos y banalizaciones del idioma, pero que sus apuntes resultan ignorados o tratados como comentarios respetables, aunque considerados irrelevantes por el sector dominante en la institución. Al respecto, el escritor utiliza la expresión “talibanes del todo vale” para describir al grupo que, según él, controla actualmente las directrices de la academia.
El artículo de El Mundo, firmado por Pérez-Reverte, precisa que, bajo la dirección de Muñoz Machado—quien, según el escritor, sí ha logrado avances importantes como la “salvación económica” de la entidad—se ha quebrado el equilibrio histórico y el respeto mutuo entre la creación literaria y la técnica lingüística. Sostiene que los anteriores directores, como Darío Villanueva, supieron mantener un equilibrio productivo entre lingüistas y creadores, mientras que en la actualidad, según sus palabras, se impone “el hecho consumado”.
En su análisis, Pérez-Reverte señala que el núcleo de lingüistas encargado de las decisiones utiliza como justificación normativa ejemplos tomados de titulares periodísticos descuidados o de usos generalizados en redes sociales, aun cuando estos contradigan los principios sintácticos, semánticos o estilísticos establecidos. El Mundo detalla que, en palabras del académico, la RAE gestiona un “registro cada vez más vulgar”, adaptado a las tendencias de las redes, con respuestas ágiles e ingeniosas, aunque consideradas por él poco profundas.
Uno de los aspectos destacados por Pérez-Reverte en El Mundo es la actitud frente a temas polémicos como el lenguaje inclusivo, la acentuación de ciertas palabras como ‘solo’ o ‘guion’, y la utilización de mayúsculas opcionales. El escritor enumera casos en los que la respuesta de la Academia ha consistido en fórmulas como “depende”, “es válido” o “se recomienda, pero no es obligatorio”. A su juicio, estas posiciones reflejan una ambigüedad normativa que se aleja de lo que debería ser la función de la institución.
El debate sobre el lenguaje inclusivo recibe especial atención en el texto publicado por El Mundo. Pérez-Reverte califica este terreno como políticamente condicionado, y aunque reconoce que ha habido resistencia interna dentro de la RAE, la considera insuficiente para hacer valer la autoridad académica. Indica que raramente se expresan posturas oficiales claras, y que la labor de defender una visión sólida del idioma suele recaer en la iniciativa personal de algunos académicos. Ejemplifica este hecho con la actividad de Javier Marías, quien, a su entender, intervenía de manera relevante en el debate público. “No abrir la boca es la respuesta más frecuente”, escribe Pérez-Reverte, criticando que el peso de la respuesta recaiga en esfuerzos individuales y no en la institución como colectivo.
En cuanto a la causa de esta tendencia, el escritor apunta, según El Mundo, que gran parte de la dirección de la RAE teme aparecer como elitista, conservadora o excluyente, especialmente en un contexto en el que la sociedad española e hispanoamericana muestra, según sus palabras, desconfianza hacia toda autoridad lingüística. Este temor, indica el autor, ha llevado a la Academia a posicionarse entre el silencio administrativo y la cautela diplomática, evitando por norma incomodar a las distintas sensibilidades presentes en el debate público.
El académico también critica que, a raíz de este repliegue institucional, figuras mediáticas sin formación lingüística, como influenciadores, tertulianos o creadores de contenido en redes, adquieren mayor influencia sobre el uso del idioma que personalidades reconocidas en el ámbito de la literatura y la filología. Asegura que esta falta de liderazgo cultural se manifiesta, además, en la reacción ante los anglicismos, la proliferación de tecnicismos innecesarios y lo que describe como un empobrecimiento léxico generalizado.
Según informó El Mundo, Pérez-Reverte también recuerda que salió en defensa de la institución en el pasado, cuando el director del Instituto Cervantes, Luis García Montero, acusó a la RAE de estar en manos de “un experto en llevar negocios desde su despacho”. En ese momento, calificó a García Montero como “mediocre y paniaguado” y acusó al Ministerio de Asuntos Exteriores de intentar “colonizar” la Academia. Este lunes, el escritor amplió sus críticas hacia el ministro de Exteriores, José Manuel Albares, a quien acusó de “notoria incompetencia panhispánica”.
El texto publicado por El Mundo subraya que los debates internos de la Academia son tensos y se producen diferencias de fondo sobre el sentido y las funciones de la institución. Pérez-Reverte describe los plenos de los jueves como escenario de confrontación entre dos modos de entender la RAE: uno, inclinado hacia el cambio normativo bajo la influencia de criterios mediáticos y políticos, y otro, defensor de una línea más estricta y apegada a la tradición y al rigor científico. El escritor concluye que, en el contexto actual, la Academia ha “dejado de ejercer”—afirmación que resume su diagnóstico sobre la situación de la entidad bajo la dirección de Muñoz Machado.
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