Eduardo Casanova presenta 'Silencio': "Hay miedo a posicionarse en cosas obvias como el genocidio en Gaza"

La nueva serie creada por Casanova explora el temor social a expresar opiniones y la persistencia del estigma hacia quienes viven con VIH, abordando estas cuestiones a través de metáforas en clave de humor negro y personajes alejados del cliché tradicional

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El rechazo social hacia quienes viven con VIH sigue presente en múltiples esferas, no solo restringiendo su acceso a derechos, sino obligando a muchas personas al silencio por miedo a la discriminación y la exclusión. Según informó Europa Press, Eduardo Casanova, creador de la miniserie ‘Silencio’, considera que esta condena al silencio constituye una forma de violencia estructural del sistema y que persiste a lo largo de los años. El proyecto, que llega a Movistar Plus+ este lunes 1 de diciembre, se adentra en la permanencia del estigma y en el temor generalizado entre figuras públicas y particulares a pronunciarse libremente sobre cuestiones sociales y políticas, a raíz de la amenaza de perder oportunidades laborales, reputación o recursos económicos.

La miniserie, desarrollada, escrita y dirigida por Casanova, recurre a la metáfora de una familia de vampiras que atraviesa diversas épocas marcadas por epidemias como la peste y el sida. El medio Europa Press detalló que la narrativa de la ficción utiliza el humor negro y la sátira para exponer cómo el miedo a “exponer la propia voz” y el estigma hacia el VIH configuran, incluso hoy, mecanismos de exclusión. Casanova explica que las dinámicas de silenciamiento responden a intereses sistémicos y estrategias de control: “Hay cierto miedo que estamos desarrollando los personajes públicos a romper el silencio y a posicionarnos en cosas que son obvias como el genocidio en Gaza”, manifestó el cineasta. Según dijo, ese temor tiene raíces profundas en la estructura social y obedece al “miedo a la cancelación”, que a su vez se traduce en la preocupación por perder el empleo y, en última instancia, en la ansiedad ante la posible pérdida de ingresos. “Es un truco maquiavélico del sistema para convertirnos en personas con un discurso extremadamente blanco”, argumentó Casanova en declaraciones recogidas por Europa Press.

La actriz María León, protagonista de la serie, afirma que ‘Silencio’ busca fomentar la expresión individual y el derecho a opinar por un beneficio no solo personal, sino también colectivo. “Espero que la sociedad capte el mensaje de que no hay que callarse”, sostuvo León en la conversación difundida por Europa Press. La propia dinámica de los personajes refuerza esta idea central. León representa a una persona humana con sida, que según el director, no oculta su condición, a diferencia de las vampiras, pero ilustra cómo el estigma forja una barrera emocional y social que aísla. Casanova resumió el dolor que produce ese proceso: “Un estigma que te fuerza a callar te convierte en una persona muy triste”.

Mariola Fuentes, otra de las intérpretes de la producción, apunta que el silencio no solo se produce por coacción externa, ya que constituye también un reflejo de la pérdida de empatía social. En sus palabras, expresadas en la cobertura de Europa Press, la sociedad ha alcanzado una etapa en la que ver víctimas de tragedias como la guerra o migraciones no conmueve como antes. Relató que se observa incluso una reacción más extrema ante incidentes graves: “Hay gente que no solo les da igual, sino que dicen que el niño está bien matado porque es un futuro peligro”. Estas observaciones se insertan en el discurso general de la serie, que analiza cómo la insensibilidad social y la autocensura aparecen como consecuencias y a la vez como causas de un sistema que anula la singularidad y reprime la diferencia.

El tratamiento de las vampiras en ‘Silencio’ rompe los patrones convencionales del cine, que tienden a retratarlas como figuras vinculadas al erotismo y a la amenaza, señaló Europa Press citando a Carolina Rubio, quien encarna a una de estas criaturas. Rubio explicó el arraigo cultural de estos estereotipos al compartir una anécdota personal relacionada con la reacción de su entorno al conocer el tipo de personaje que iba a interpretar: “Le conté a mi padre que iba a interpretar a una vampira y lo primero que me dijo fue ‘entonces, ¿qué haces, de vampira sexy?’”. A esta percepción contestó que el objetivo de la serie es trascender la visión cosificadora y mostrar personajes con profundidad y humanidad. Mariola Fuentes celebró que la serie eluda el enfoque reduccionista, declarando que no se trata de “muñecas hinchables con colmillos y un chorrito de sangre súper sexy cayendo haciendo alegoría a un poquito de semen”, sino que existe una apuesta por retratar a seres complejos con experiencias propias.

En la conceptualización de los personajes, el propio Casanova descartó cualquier interés por los tradicionales vampiros masculinos y prefirió centrar su atención en figuras femeninas, alejadas de la caricaturización y el exhibicionismo. La actriz María León indicó que esa profundidad resulta en unas “vampiras muy terrenales con mucha humanidad real y con ganas de vivir”, lo cual contribuye a diversificar los relatos sobre estos personajes en la cultura audiovisual.

El estigma social del VIH funciona como un eje transversal en la trama de la miniserie y se compara directamente con la discriminación y el rechazo hacia los vampiros, puntualizó Europa Press. Eduardo Casanova, en el proceso de investigación para el guion, halló paralelismos históricos entre la manera en que la sociedad ha respondido a distintas pandemias. Señaló que a la pandemia del sida, en sus inicios, se la denominó “la peste rosa”, lo que estableció una conexión simbólica con la peste negra, y evidenció cómo los estigmas y las narrativas de exclusión social se replican a lo largo de los siglos.

Lucía Díez, miembro del reparto, reflexionó, según expresa Europa Press, sobre la reiteración histórica de las mismas dinámicas de estigmatización en enfermedades separadas por varios siglos. Para Díez, esta repetición señala la presencia de una violencia estructural que el sistema perpetúa y reproduce. Casanova, por su parte, subraya que el silencio tiene efectos negativos en numerosas dimensiones de la vida de quienes viven con VIH. Precisó que, más allá del impacto emocional, existen restricciones estructurales que afectan derechos y libertades básicas, incluyendo limitaciones para viajar o conseguir visas, ya que “no pueden viajar a más de 48 países” sin encontrar obstáculos para permisos laborales, de estudios o de residencia, según Europa Press. Además, el director recordó que en España recién en 2023 se eliminó la exclusión automática de las personas con VIH en el acceso a licencias de armas, un ejemplo de la prolongada vigencia de las barreras legales y administrativas para este colectivo.

De acuerdo con lo publicado por Europa Press, ‘Silencio’ pretende cuestionar la marginación y el estigma mediante un planteamiento narrativo que une metáforas fantásticas y crítica social, distanciándose de los lugares comunes del género y abogando por una mayor profundidad tanto en los personajes como en la visión que se tiene sobre las personas afectadas por el VIH. La producción desea activar el debate público sobre la importancia de romper el silencio frente a las cuestiones que afectan a la colectividad, abrazando tanto la diversidad de voces como el derecho a la expresión sin temor a las represalias.