
Muchos aborígenes vivieron un día emotivo cuando el Gobierno de Australia compró los derechos de autor de su bandera tras una larga disputa sobre los derechos de uso y licencia, lo que permitió que todos los australianos puedan utilizar libremente la enseña. Un sol amarillo sobre un fondo negro y rojo, un motivo cargado de un fuerte significado: es un símbolo importante para la población indígena. La bandera fue reconocida oficialmente ya en 1995, pero la cuestión de los derechos permaneció sin aclarar. Ahora la situación cambió. "Hemos liberado la bandera de los aborígenes para los australianos", celebró el primer ministro Scott Morrison. Los derechos de autor fueron recientemente traspasados a la Commonwealth (Mancomunidad de Naciones) por 20 millones de dólares australianos (14,3 millones de dólares o 12,6 millones de euros). "Mis nietos y bisnietos tendrán la bandera aborigen en sus vidas", festejó Laura Thompson, la impulsora de la denominada campaña "Free the Flag" (Liberen la bandera). Según declaró Thompson al periódico australiano "Guardian", la bandera une a los habitantes originarios, fortalece su cultura y les brinda un sentimiento de seguridad. "Creo que es lo mejor que podemos hacer respecto a la liberación de la bandera aborigen", sostuvo. Con la cesión de derechos, ahora todos los australianos pueden utilizar la bandera distintiva. Morrison destacó que ahora puede ser utilizada en páginas web o en obras de arte, y se puede imprimir en camisetas deportivas sin necesidad de solicitar autorización o pagar derechos. Hasta ese momento, compañías privadas tenían los derechos exclusivos de licencia sobre la bandera y cobraban dinero por su uso. La bandera fue creada en 1970 por Harold Thomas, un artista indígena, descendiente de la etnia Luritja del Centro Rojo de Australia. Un año después, ondeó por primera vez en una manifestación en la que los aborígenes exigían la devolución de las tierras robadas por las potencias coloniales. Desde entonces, la bandera es un símbolo de protesta de las Primeras Naciones de Australia, que habitan el continente desde hace al menos 40.000 años. El gobierno australiano cifró su número en 798.400 en 2016, el 3,3 por ciento de la población. El diseño refleja el vínculo de los aborígenes con su tierra, el negro es la comunidad de los pueblos originarios, el rojo representa la tierra y el ocre rojo (un color utilizado a menudo con fines ceremoniales y en el arte aborigen) y el círculo amarillo es el sol, como dador de vida. "La bandera no habla de otra cosa que de nosotros mismos, nuestro orgullo, nuestra cultura, nuestro origen", explicó Thomas su diseño en un mensaje por vídeo. La bandera es vista por muchos como un símbolo de unidad y un elemento de reconciliación, según señaló un portavoz de la Agencia Nacional Indígena de Australia (NIAA) a dpa. NIAA es una entidad gubernamental que defiende los derechos de los pueblos originarios. "No podemos hablar por todos los aborígenes, pero vemos que las reacciones a la cesión de los derechos de autor son positivas", declaró. La reconciliación entre los indígenas y los no indígenas es un tema de controversia permanente en Australia. Para los aborígenes, su propia bandera está directamente vinculada a la lucha por sus derechos. En la vida diaria, los aborígenes se siguen sintiendo discriminados por la sociedad mayoritariamente no indígena y luchan por la igualdad de oportunidades. En 1994, una polémica provocada por la atleta australiana Cathy Freeman saltó a los titulares de todo el mundo cuando la deportista, descendiente de las tribus Kuku Yalanji y Birri Gubba, no solo ondeó la bandera oficial de Australia en los Juegos de la Commonwealth en Canadá, sino también la hasta entonces enseña no oficial de los indígenas. Como consecuencia, la bandera aborigen fue reconocida oficialmente en 1995 en Australia. Freeman también la llevó más tarde en el punto más alto de su carrera, cuando en los Juegos Olímpicos de Sidney 2000 ganó la medalla de oro en los 400 metros. Sin embargo, a pesar del gran significado simbólico que tenía para los indígenas, la bandera no pudo ser utilizada libremente por el público en general durante mucho tiempo. Los derechos de autor correspondían a su creador, Harold Thomas, quien en 2018 otorgó los derechos exclusivos a empresas privadas. Posteriormente, éstas multaron a las organizaciones aborígenes y a los clubes deportivos por imprimir la bandera y cobraron una tasa de uso. Incluso la Liga de Fútbol Australiana (AFL) fue amenazada con acciones legales por utilizar la bandera en las camisetas deportivas. A medida que crecía el resentimiento contra la situación, especialmente entre la población aborigen, se formó una resistencia en forma de la llamada campaña "Liberen la bandera". En 2020, el gobierno australiano entabló negociaciones con Thomas y las empresas privadas implicadas. "En los últimos 50 años nos hemos apropiado de la obra de Harold Thomas. Hemos marchado bajo la bandera aborigen, la hemos apoyado y la hemos enarbolado como muestra de nuestro orgullo", escribió Ken Wyatt, ministro de Asuntos Aborígenes, en un comunicado. "Con este acuerdo para resolver los problemas de derechos de autor, todos los australianos pueden utilizar libremente la bandera para celebrar la cultura indígena", celebró. Pronto el sol amarillo sobre un fondo negro y rojo ondeará ahora en un lugar especialmente destacado. Dominic Perrottet, primer ministro del Estado de Nueva Gales del Sur, quiere que la bandera aborigen ondee permanentemente en el puente del puerto de Sidney junto a la bandera nacional australiana. "Debería flamear allí con orgullo los 365 días del año y espero formar parte de un Gobierno que promueva la reconciliación", dijo a los periodistas. Perrottet dijo que esperaba que se instalara en los próximos seis meses. "Si tengo que hacerlo, subiré yo mismo", dijo. dpa
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