Darío Barassi, íntimo: por qué juega con el humor negro, la explosión mediática y la relación con sus productoras Luli y la Colo

En una charla a fondo con Teleshow, el conductor de “100 argentinos dicen” habló sobre el éxito de su programa, la exposición y cómo lo cambió la paternidad

Darío Barassi (Crédito: El Trece)
Darío Barassi (Crédito: El Trece)

“El Barassi de la tele es una versión cercana de quien soy yo, es una versión genuina”, dice a Teleshow Darío Tadeo Pacheco Barassi, como es su verdadero nombre. Seguramente sea esa transparencia uno de los secretos para que 100 argentinos dicen (lunes a viernes 14.30 por El Trece) sea uno de los programas más vistos de la pantalla. Abogado pero siempre actor, encontró en la conducción uno de los roles que mejor le sientan. En una charla a fondo, el también instagramer (tiene más de tres millones de seguidores), habló de la exposición que ganó en el último año, del éxito del ciclo y de cómo el humor lo define.

Un nene chiquito imita sus muletillas “¡Rarooo!”, “Estuviste flácidooo...”, “¡Sólido!”, delante de su abuelo, sus padres envían a través de WhatsApp stickers con su cara y los adolescentes se anotan a participar en el juego. ¿Cuál es el secreto? “No sabría responder, lo que puedo decir es que voy todos los días, dejo el cuerpo, el alma, la voz, me gusta entretener. El programa se convirtió en un punto de encuentro, no sé cuál es la receta, pero me entrego”.

Al ser consultado sobre si se siente uno de los conductores del momento, dice que siente que el título “le queda un poco grande” y define: “Es es un gran momento de mi carrera profesional, el programa está pasando el momento glorioso, el formato está bueno y agradezco a Boxfish (la productora) que se animaron a probar una conducción distinta, celebro que esto pase”. Feliz de poder decir “llegué”, como él mismo lo dice, se pone dentro de la “camada de nuevos conductores” entre los que están colegas como Jey Mammon, Lizy Tagliani o Nico Occhiato, según enumera.

Aunque está hace mucho en televisión, este es un camino nuevo para él y en ese contexto, aprovecha cada momento para agradecer a la gente: “La respuesta del público me sorprende, me deslumbra, me sobre pasa”. Papá de Emilia de dos años a quien cariñosamente llama “la Pipi”, la exposición, es un tema que en más de una oportunidad charló con su mujer Luli Gómez Centurión, sobre todo luego de hace unas semanas haber viajado a San Juan, de donde ambos son oriundos, y ver cómo cambió todo: “Ir allá es un bálsamo, nos quedamos en lo de mis suegros, que viven en un lugar inhóspito y había gente en la puerta con carteles”.

En pos de “disfrutar” el momento profesional, pero también el personal, es que intenta resguardar su intimidad, motivo por el que a pesar de que siempre menciona a su hija, no muestra su cara en sus redes, por ejemplo. “Mientras que puertas para adentro de casa esté todo bien... en pandemia nos mudamos a un barrio cerrado y está bueno porque acá para los vecinos soy el papá de Emilia, son pocos los que me saludan por ‘Barassi’, sé que si quiero estar solo con mi hija y mi mujer no me voy a ir a comer a Palermo”, dice aunque entiende que es parte de su trabajo y le gusta: “Soy profesional y pongo todo”.

Darío Barassi en San Juan con su  hija Emilia
Darío Barassi en San Juan con su hija Emilia

En ese aspecto, se define como “un primo” de quien está del otro lado de la pantalla. “Así me tratan, porque fui siempre empático, la casa de mis amigos era mi casa, los padres de ellos como los míos y lo siento con la gente. Las señoras me ven y me dicen cosas de mi hija, a veces me da celos”, bromeó.

—¿Cómo te cambió la paternidad?

—No hay mayor cambio de eje que la paternidad, quedé en décimo quinto lugar y estoy feliz de que sea así, fue el proceso mas sanador.

—Emilia tiene dos años, una edad de constantes cambios donde no deja de sorprenderte un día...

—Sí, por momentos hace comentarios de adolescente, voy a buscarla y me dice ‘¿por qué me despertaste? estoy para dormir’, me pide que me acueste con ella y que le de la mano, que le cuente un cuento y lo corrige.

—¿Cómo te sentís con tu versión de padre?

—Me gusta mucho ese rol, conforme con mi versión, tengo un vinculazo, que cuando llego de la calle venga corriendo a darme un abrazo lo disfruto un montón. Es el vínculo del que mejor me ocupo. Soy de la filosofía que calidad mata cantidad en los vínculos y en las comidas... estoy con mucha carga de laburo, por el programa y otras cosas en paralelo, pero trato de distribuirme para tener tiempo de calidad en el trabajo, con mi hija, como pareja y con amigos. Necesito que vínculos personales funcionen porque sino es insostenible, uno pone su cuota y soy profesional, me pongo la mochila de Barassi delante de la cámara, pero eso insostenible si no hay algo genuino.

Darío Barassi con su hija Emilia y su mujer Luli Gómez Centurión
Darío Barassi con su hija Emilia y su mujer Luli Gómez Centurión

“Un saludo a mi padre muerto” o “Mi mamá nos perseguía con la manguera cuando nos portábamos mal”, son algunos de los chistes recurrentes que hace en su programa, con temas que para muchos pueden ser incómodos. “El humor es como un aliado en todo sentido, es sanador y facilita todo en la vida y el límite lo pone el otro. Me pasa con los participante en el programa, que si hago algún planteo y no agarran, tengo que tener la cintura suficiente para correrme”.

“En la vida me pasa lo mismo, pero ahí el límite lo pongo yo”, dice quien aprendió a reírse de sí mismo y a través de la risa a hablar de todo. Sucede que muchas veces, sus vivencias también tocan a otras personas, entonces, ¿qué dicen su mamá o sus hermanos cuando hace chistes sobre su padre que falleció cuando tenía cinco años o relata hechos de su infancia? “No sé si ellos tienen la misma filosofía, sí conocen la mía y el tipo de humor que tengo, que lo hago en casa desde que soy chico y me permito hacer humor es porque son temas que tengo elaboradísimos y en un asado con amigos también los charlo así”.

Darío Barassi y el equipo de 100 argentinos dicen celebrando  un año de programa (Crédito: El Trece)
Darío Barassi y el equipo de 100 argentinos dicen celebrando un año de programa (Crédito: El Trece)

“Es una de las bases, es imposible hacer humor sin capacidad de reírte de vos mismo porque sino es un juego unilateral, respecto de mí, tengo mucho humor, me puedo reír de todo, es mi mayor herramienta, me tiro mierda y te invito a sumarte”, reflexiona y a ese juego se sumaron sus compañeros de equipo, sus productoras Luli Latorre y Florencia Gattario más conocida como “la Colo”, su vestuarista Gigi Romano y hasta Luguer, uno de los camarógrafos del canal.

“Estoy chocho de haber encontrado ese equipo, es un éxito en equipo de manera genuina, creo en el trabajo en equipo y se armó un equipo espectacular, soy fan”, cuenta. Sobre la relación con las productoras, describe: “A Luli la conozco hace mil años porque fue productora de NET y pedí que viniera a hacer 100 argentinos porque es una de las mejores productoras de piso, tiene códigos, entiende, rema y te invita al juego y a la Colo fue un hallazgo”.

“El diferencial que tengo es que me considero empático, establezco confianza porque soy observador y me gusta entrar a la persona y con la Colo fue fácil porque es una chica transparente. Ella y Luli se convirtieron en personajes del programa y fuera de cámara, la mejor. Yo quisiera estar más tiempo porque es un grupo bárbaro, a veces me tomo un rato para estar y después sigo. Pero también tengo amigos de la vida a los que no veo”, dice y enumera “los de San Juan”, “los del grupo de abogados”, “los actores”... y la lista podría seguir ya que se define como alguien que “alimenta los vínculos”.

Él está tan cómodo en el estudio de la emisora de Constitución que más de una vez contó cosas que no tenía que contar, como cuando se refiere justamente a intimidades de sus amigos: “A veces derrapo, me hago cargo de que termino diciendo cosas que no corresponden. De parte de ellos no recibí mas que un ‘gordo hijo de p... no digas mi nombre y apellido”.

Mientras disfruta de su presente, planea el 2022. El año que viene protagonizará una serie para Disney. “Actor y conductor pueden convivir tranquilamente, hay espacio. El actor no va a morir nunca porque es mi esencia, mi vocación primera”.

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