
En las aguas del océano Atlántico Sur hay un gigante congelado que viaja a la deriva y se aproxima lentamente a las Islas Georgias del Sur. Conocido como A23a, es el iceberg más grande del mundo y desde el miércoles pasado la Prefectura Naval Argentina (PNA) empezó a monitorear su trayectoria, dado el riesgo que supone para los buques que navegan por esa zona. Según los registros de este lunes, a los que accedió Infobae, en casi una semana se acercó 63.5 millas náuticas, lo que equivale a unos 117 kilómetros.
Con una superficie estimada de 3.600 kilómetros cuadrados -cinco veces más que Nueva York- y 400 metros de grosor -unos 40 en superficie y el resto bajo agua-, la masa de hielo se ubicaba hoy a 187 millas náuticas de distancia del archipiélago argentino ocupado por el Reino Unido, de acuerdo al monitoreo de la PNA. Cuando lo midieron el miércoles, la separación era de 250.5 millas náuticas.
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Esas 187 millas que separan el iceberg de las islas son 346 kilómetros. “Parece mucho, pero en el mar no es una distancia tan grande”, advirtió en diálogo con Infobae el prefecto Roberto Fernández, a cargo de la Dirección de Tráfico Marítimo, Fluvial y Lacustre de la PNA.

Los especialistas pronostican que dada la temperatura acuática a la que se enfrenta el coloso de hielo -que se desprendió en el océano Antártico-, eventualmente se romperá y sus partes se derretirán. Esto no pasó todavía, pese a que ya lleva un tiempo en aguas más cálidas que las de su origen. “Hasta ahora se está manteniendo casi íntegro, las fragmentaciones que estamos viendo son las mismas que tenía hace varios días, no se partió a la mitad o en pedazos importantes”, detalló el prefecto.
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La Dirección de Tráfico Marítimo es el área de la fuerza que se encarga de garantizar la seguridad de los navegantes. Monitorean permanentemente su curso y dan aviso a los buques que se acercan. Justo este mes comenzó la temporada alta de cruceros turísticos, y muchos de ellos hacen la ruta Ushuaia - Islas Malvinas - Antártida. Entre diciembre y mayo habrá un tráfico estimado de más de 500 barcos en la zona que recorre el bloque helado.
Si bien implica riesgos para los viajeros, todas las embarcaciones que fueron notificadas hasta ahora actuaron ante las advertencias y no se registraron incidentes.
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Para esto, la Prefectura trabaja con el Sistema Guardacostas, una herramienta tecnológica que usa imágenes satelitales SAR (Radar de Apertura Sintética), que proporciona la Comisión Nacional de Actividades Espaciales (CONAE).
El prefecto Fernández aclaró que “el único riesgo es para el que viene en velocidad y pueda chocar contra el iceberg, pero no que el hielo impacte a las islas”. Es que por la escasa velocidad a la que viaja, más que estrellarse contra el archipiélago, la masa blanca “se va a recostar sobre la orilla”, según definió el funcionario consultado.
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La historia del iceberg A23a

Durante más de tres décadas, el bloque A23a se mantuvo atrapado en el lecho marino del Mar de Weddell. Es un desprendimiento del iceberg A23, que en 1986 se separó de la plataforma de hielo Filchner, en la Antártida. Aquella masa congelada original se dividió en tres fragmentos, y el que hoy viaja en camino a las Islas Georgias del Sur resultó ser el más grande.
El año pasado A23a logró finalmente liberarse de la Corriente Circumpolar Antártica (ACC), que lo había mantenido girando sobre sí mismo durante años. Cuando emprendió su desplazamiento hacia el Atlántico, Infobae consultó al doctor en geología y glaciólogo Lucas Ruiz, investigador adjunto del Conicet en el Instituto Argentino de Nivología, Glaciología y Ciencias Ambientales (Ianigla).
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Según el especialista, el iceberg se desprendió de la plataforma antártica y permaneció encallado en un área específica porque, mientras no pierde volumen por derretimiento, el témpano no puede liberarse del anclaje que lo mantiene fijo.
“Este comportamiento es parte del ciclo natural de vida de los témpanos, que suelen permanecer encallados por un tiempo antes de ser movilizados por las corrientes subantarticas hacia áreas más meridionales. Eventualmente, un témpano de este tipo podría acercarse más a Sudamérica”, señaló Ruiz.
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Ahora bien, ¿el iceberg A23a se desprendió como consecuencia del calentamiento global? Para el glaciólogo del Ianigla es muy temprano para responder a esa pregunta y hace falta más investigación al respecto. Los estudios de la comunidad científica también serán necesarios para relevar y explicar qué consecuencias traerá el paso del gigante de hielo en la fauna y el ecosistema de la zona.
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