
“El Capitán y el Primer Oficial están muertos, los maté yo y me voy a entregar. Así que quiero que venga un guardacosta y me arreste, ya está. Tan sencillo como eso”: eso fue lo que dijo Carlos Eugenio Lima, marino y Tercer Oficial de Cubierta de un buque tanque, en un llamado de auxilio a los efectivos de la Prefectura Naval de la ciudad de Ensenada este viernes a la noche.
En el buque Ayane -un navío con bandera de Malta operado por la empresa Bahía Grande y abocado al transporte y abastecimiento de combustibles en el Río de la Plata- efectivamente, había dos cadáveres: el Capitán, Alejandro García, de 39 años, y el Primer Oficial, Juan Pegasano, de 48, además de padre de tres hijos y miembro de la marina de guerra y mercante.
Habían embarcado apenas algunas horas antes de los asesinatos porque el jueves era día de relevo.
Lima, de 52 años, según confesó él mismo sin demasiados detalles en su llamado a la PNA, les había vaciado el cargador de un revólver en la cabeza, luego de una intensa discusión que mantuvo el viernes con ambos en la cubierta y por motivos que aún se desconocen.
La investigación del doble crimen está ahora en manos del juez federal Ernesto Kreplak, a cargo del Juzgado Federal N°3 de La Plata, que ordenó la detención de Lima, el relevamiento de pruebas y testimonios a la tripulación del buque y el traslado de los cuerpos de las víctimas a la morgue judicial para la realización de las autopsias correspondientes. Los investigadores creen que el arma homicida fue arrojada al agua.
Los compañeros que trataban diariamente al presunto asesino -apodado por ellos como el “El loco Lima”-, sin embargo, hablan de una tragedia anunciada.

En un chat grupal de WhatsApp con otros marinos, Lima, que ya había tenido conflictos con varios de ellos, había amenazado de muerte a uno de sus colegas después de un altercado.
“Vos estás muerto”, escribió hace unos años en un chat al que accedió Infobae. “Tu foto es la de un cadáver”, redobló la apuesta después, cuando uno de sus compañeros lo increpó: “Te metiste con la flia y eso no se perdona” (sic).
“Creo, amigo, que sos un desequilibrado mental. Te deseo mucha paz y sanes tu mente. De tu cuerpo me encargo yo”, le dijo otro para concluir la discusión pero también en tono amenazante. “Por supuesto. Totalmente desequilibrado después de lo que me dijiste por privado”, le respondió Lima.

Muchos de los colegas que lo trataron, apuntan sus críticas ahora, tras el crimen de García y Pegasano, al Centro de Capitanes de Ultramar, la entidad gremial que agrupa a lo marinos de la especialidad “navegación”, que, según explicaron a Infobae, ya había recibido reiteradas quejas y avisos por el comportamiento de Lima.
“Pensar que en el Centro de Capitanes me dijeron que exageraba sobre un colega cuando les dije lo peligroso que era este muchacho”, dice uno de los marinos que puso en evidencia los conflictos con Lima. También hay quienes discuten que no es responsabilidad directa del gremio controlar el estado mental de los tripulantes.
Varios indican que ya en su época de cadete, Lima era conflictivo. A fines de 1991, se había recibido oficial de radio en la Escuela Nacional de Náutica Manuel Belgrano. Luego hizo la conversación a oficial de cubierta en 2004 y en paralelo trabajó como oficial en la Policía Bonaerense, donde llegó a teniente y fue cesanteado de la fuerza el 24 de noviembre de 2007 con una carpeta psiquiátrica.

“El loco del pavimento”
Menos de un año después de su alejamiento de la fuerza, en la noche del 3 de junio de 2008, Lima estuvo muy cerca de asesinar a un vecino. Ese día, minutos antes de las 23, se había puesto a romper el pavimento del cruce de las calles Cantilo y 134, en la localidad de City Bell, donde vivía con su familia, para hacer un desagüe, justo frente a la casa de otro hombre con quien ya había tenido problemas, Gustavo Alfaro, de 40 años.
Según los vecinos del barrio La Emilia, a Lima “le molestaba que el agua de su propio lavarropa se le estancara y le resultó más cómodo romper el asfalto y que le vaya al vecino de enfrente”. Lima y Alfaro discutieron hasta que el ex policía extrajo una pistola calibre 9 milímetros y disparó al menos seis veces contra su vecino, y a menos de un metro y medio de distancia. Los testigos aseguraron que fue “como si lo ejecutara”.
Alfaro recibió un balazo en la pierna izquierda, dos en la columna, uno en el abdomen que le afectó el intestino y dos en el brazo izquierdo, pero sobrevivió. Después de balearlo, Lima se atrincheró en su casa y luego de más de una hora de negociación se entregó.

En julio de 2011, el Tribunal Oral en lo Criminal N°5 de La Plata lo condenó a siete años y medio de prisión por el delito de tentativa de homicidio agravada por el uso de armas. La prensa local lo apodó “el loco del pavimento”.
Fuentes del Servicio Penitenciario Bonaerense confirmaron que Lima estuvo preso cinco años -desde el día del ataque hasta el 18 de enero de 2013- en la Unidad Penitenciaria 28 de Magdalena y la Unidad 9 de La Plata.
Los más llamativo y que será ahora parte de la investigación, es que Lima consiguió embarcar en la Marina Mercante y aprobar sus exámenes psicofísicos a pesar de sus antecedentes penales y de violencia y de haber sido cesanteado de la fuerza de seguridad bonaerense en 2007. La otra incógnita es cómo pudo ingresar armado al buque.
Con información de Fernando Morales
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