
Hace 37 años, el Instituto de Documentos de Guerra alemán, publicó el Diario de Ana Frank. El impactante relato de la adolescente, que escribió cómo junto a su familia vivió en “La casa de atrás”, oculta de los nazis que habían invadido Holanda durante la Segunda Guerra Mundial, tiene un valor histórico inconmensurable.
En esa época se escribieron alrededor de 1500 diarios más, pero el más impactante fue el de Ana. Kitty, como se refería al cuaderno que su papá le regaló en su último cumpleaños en libertad. Quedó inconcluso porque el golpe que abrió con violencia la puerta de ingreso a la casa fue interrumpido por un aviso: “¡La Gestapo!”, gritó uno de los cuidadores de quienes permanecían escondidos en el ático, mientras era apuntado en la nuca por un militar nazi.
Cuando eso pasó, Edith Frank tejía a pocos metros, y el resto de los ocho refugiados hacían sus cosas para pasar el tiempo. Ninguno tuvo tiempo de hacer nada: habían sido descubiertos. Con un terror inimaginable terminaba el aislamiento forzado de 25 meses y comenzaba así el trágico final.

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“Querida, Kitty”, del ático al mundo
El 12 de junio de 1942, Ana cumplió 13 años. Días antes, caminaba por la calle junto a su padre cuando vio en una vidriera un cuaderno forrado en tela cuadrillé con una pequeña cerradura. Se lo mostró bastante entusiasmada. Ese fue su regalo, el último que recibió en libertad.
La adolescente que soñaba con ser escritora no pensó, seguramente, que sería no sólo su objeto más preciado durante el encierro en el ático en Ámsterdam, donde se refugió junto a su familia de origen judío de la ocupación nazi a los Países Bajos, sino que el detallado relato de es parte de la historia, sus sueños y las vivencias de esos dos años de encierro, se convertiría en un documento histórico que la trascendió y que aún mantiene vivo el triste recuerdo del holocausto nazi, una de las peores atrocidades cometida contra un grupo de personas.
Pero no fue hasta el 14 de mayo de 1986 que el material se publicó completo: tres cuadernos escritos por la propia niña y otra cantidad de hojas sueltas, que quedaron desparramadas en el ático.
Annelies Marie Frank había nacido en Frankfurt en 1929 y con su familia (Otto y Edith Hollander, sus padres, y Margot, su hermana) abandonó Alemania en 1933, luego de que los nazis llegaran al poder para instalarse en Ámsterdam donde su padre fundó una nueva empresa. En poco tiempo hicieron de Holanda su lugar.

La vida allí era normal: junto a su hermana, Ana tenía las preocupaciones de cualquier adolescente. Cuando comenzó la década de 1940, Margot cursaba la secundaria, salía de paseo con sus amigas y Ana hacía amistades con mucha facilidad y no le faltaban pretendientes. Unos días antes de cumplir 13 años, le mostró a su padre el cuaderno que estaba en una vitrina.
Con el paso a la clandestinidad, esas páginas harán de amigas y no escatimará detalle para contar cómo fue esconderse en un pequeño espacio de su propia tienda de especias, el día a día junto a otra familia. Allí relató desde los empleados del comercio los ayudaron a sobrevivir por 25 meses, hasta que el 7 de agosto de 1944, cuando fueron delatados y detenidos por la Gestapo, que los llevó a distintos campos de concentración.
Había escrito por última vez el martes 1 de agosto de 1944. Tres días después, el grupo fue deportado al campo de tránsito de Westerbork, y un mes después, tras 3 días de viajar hacinados en un tren, llegaron a Auschwitz.
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Después de Ana
El diario de Ana fue publicado por primera vez en marzo de 1947 en los Países Bajos con el nombre que ella dejó “Het Achterhuis” (La casa de atrás). Ya con el nombre “El Diario de Ana Frank”, fue traducido a más de sesenta idiomas y en las ediciones nuevas además incluyen información de cómo vivió Ana en Auschwitz y otros campos de concentración, datos que, por supuesto, ella no escribió.
Tanto ella como su hermana Margot murieron por una epidemia de Berger-Belsen luego de haber pasado por los campos de concentración de Westerbork y Auschwitz. Primero murió Margot y Ana, devastada por el tifus y la tristeza de pensarse sola en el mundo (habría imaginado que su padre murió en la cámara de gas) se llevaron su vida. Relatos posteriores al fin de la guerra, cuenta que una de sus amigas de escuela contó que la vio en el campo de concentración: Ana estaba calva, casi desnutrida y desnuda, apenas tapada por unos trapos, porque había tirado sus ropas infestadas de pulgas.
Cuando la guerra terminó, Otto Frank regresó a Ámsterdam y se reencontró con Miep Gies y Bep Voskuijil, dos de las personas que colaboraron con ellos y los protegieron en los tiempos del cautiverio. Sabía que sus hijas y esposa no había logrado sobrevivir y, a modo de consuelo, le entregaron el gran tesoro.

El cuaderno había sido recuperado por las mujeres minutos después del arresto, y Miep prometió: “Es el diario de Ana y lo guardaré para dárselo cuando regrese”...
Otto lo leyó con emoción y, gracias a esas páginas, descubrió a su hija y pudo conocer a la mujer que florecía. Entonces supo que su máximo anhelo era ser escritora y publicar la “versión B” del diario para dar a conocer sus vivencias de guerra.
Fue traducido en 1950 al francés y al alemán y en 1952 al inglés en Gran Bretaña y Estados Unidos. En 1955 se publicó la primera traducción al español y también una edición alemana de bolsillo que vendió más de 4,6 millones de ejemplares.
Pese a la valoración mundial que el libro tuvo, fue prohibido en el estado de Virginia y en Míchigan, en los Estados Unidos, porque algunos críticos consideraron que alguna parte del escrito tenía alusiones sexuales. En 1959, fue llevado al cine y adaptado como una serie de televisión en 1967.
Luego de la muerte de Otto Frank, en 1980, y a pedido de él, los escritos quedaron en manos del Instituto Neerlandés para la Documentación de la Guerra y desde entonces, el Fondo Ana Frank de Suiza tiene los derechos de autor de los textos. En 1998, una edición fue publicada con cinco páginas inéditas del diario original.
Para 1993, la editorial Plaza & Janés, de Barcelona, publicó una versión ampliada y actualizada del Diario, esta es también la primera traducción directa del neerlandés al español.
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