
En la lucha por sobrevivir, la naturaleza ofrece algunas batallas terribles. Los animales luchan a muerte pero no por los mismos motivos que los seres humanos. A los carnívoros, alimentarse no les deja opción: es matar o morir de hambre.
Esta vez, la acción fue casi inédita. En Las Lajitas, provincia de Salta, un puma yaguarundí quedó atrapado en el abrazo tenaz de una lampalagua. Una pinza que no deja, casi siempre, opción para huir.
El felino tuvo suerte, y ayuda. Quienes tomaron estas imágenes fueron en su auxilio, y logró sortear una muerte casi segura.
Quizás la especie que se salvó haya esquivado, además, un nuevo paso hacia la extinción, ya que está en peligro. Pero al mismo tiempo, la que es en apariencia más fuerte, la boa que ya estaba a minutos de terminar el combate y empezar el banquete, está muchísimo más amenazada.
Se trata de dos animales poco conocidos y mucho menos fotografiados. Sobre todo el puma yaguarundí. Este felino salvaje, que se parece a una nutria y es alargado, y en nuestro país se lo encuentra desde la provincia de Buenos Aires hasta el norte. Su hábitat se extiende por todo el continente hasta Texas, en los Estados Unidos.
Tiene una cabeza pequeña, patas cortas y forma alargada. Esto hace que en ciertos lugares de la Argentina se lo llame “gato hurón”. El macho mide entre 62 y 83 centímetros y la hembra entre 43 y 66. Su peso va de los 3.5 a 6.5 kilogramos.
Actualmente, su caza está prohibida. Y su piel -que va desde el rojizo al negro- carece de todo valor comercial. Pero como suele alimentarse de animales pequeños, como gallinas, suele ser víctima de los granjeros.
Su rival en esta ocasión lo supera por mucho en peso y tamaño, lo que hizo la lucha desigual. La lampalagua o “boa de las vizcacheras”, es la serpiente más grande de las que podemos hallar en nuestro país. En su caso, las tienen mayor porte que los machos. Las primeras pueden alcanzar lo cuatro metros de largo y superar los 18 kilogramos de peso. Aunque lo más habitual es que midan alrededor de tres metros. Los machos, por su parte, suelen tener dos metros y medio de largo y pesan unos ocho kilos.

Tiene presencia desde la provincia de Buenos Aires hasta Salta. Y es un animal solitario y de hábitos nocturnos. La caza indiscriminada para obtener su piel y su carne y el hecho que carezca de veneno la coloca en una situación endeble y al borde de la extinción, mucho más que al puma yaguarundí. Se encuentra en los primeros lugares del listado de CITES (Convención sobre el Comercio Internacional de Especies Amenazadas de Fauna y Flora Silvestres). En nuestro pais se la considera oficialmente “en peligro”.
Suele vivir en las vizcacheras abandonadas, y se alimenta de esos mamíferos, lagartijas, roedores y algunos pájaros. La potencia muscular hace que los asfixie en poco tiempo. Y se ayuda, además, con los poderosos dientes que posee.
En esta ocasión, la víctima era mucho más grande, pero la tenía totalmente dominada. La presencia de intrusos humanos le impidió terminar la faena.
Y visto lo que sucede con ambos animales, quizás haberlos dejado al arbitrio de las leyes de la naturaleza hubiese sido lo más sabio.
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