La dieta con ayuno volvió a instalarse en la conversación sobre bienestar y alimentación por una promesa concreta: mejorar algunos indicadores de salud sin centrarse solo en qué se come, sino también en cuándo se come. Bajo ese enfoque, propone organizar la ingesta en ventanas horarias determinadas o alternar días de alimentación habitual con otros de restricción.
Entre sus versiones más difundidas aparecen el ayuno en días alternos, el método 5:2 y la alimentación con tiempo restringido, que concentra las comidas en una franja del día. La lógica detrás de estas prácticas apunta a reducir la ingesta energética total y a producir cambios metabólicos asociados con el peso, la glucosa en sangre y el perfil lipídico.
De acuerdo con Mayo Clinic, parte del interés médico se explica porque algunos estudios detectaron mejoras en factores de riesgo vinculados con la salud del corazón, aunque los mecanismos todavía no están del todo claros.
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Cómo impacta la dieta del ayuno en la salud cardiovascular
La relación entre el ayuno intermitente y la salud del corazón se estudia sobre todo a partir de su efecto sobre factores de riesgo cardiometabólico. Mayo Clinic asoció más este patrón con mayor pérdida de peso que la reducción regular de calorías. La institución también señaló que ciertos estudios registraron una disminución del colesterol LDL, conocido como colesterol malo, y una mejor respuesta del cuerpo a la insulina.
Una revisión sistemática publicada en Cureus analizó 10 estudios clínicos en humanos y encontró que distintas formas de ayuno se asociaron con mejoras en peso corporal, circunferencia de cintura, perfil lipídico, resistencia a la insulina y marcadores inflamatorios. De acuerdo con ese trabajo, el efecto apareció tanto en esquemas de ayuno intermitente como en alimentación con restricción de tiempo, restricción calórica o restricción proteica. La investigación también indicó que los resultados fueron más notorios cuando estas estrategias se combinaron con ejercicio regular.
Los autores, sin embargo, revelaron que los resultados no fueron uniformes. Algunos ensayos incluidos detectaron beneficios en peso y composición corporal sin cambios claros en biomarcadores del síndrome metabólico. Otros compararon restricción calórica intermitente con restricción continua y no hallaron diferencias significativas en varios indicadores. Esa variabilidad ayuda a explicar por qué todavía no existe una conclusión única sobre el papel del ayuno en la prevención cardiovascular.
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La cautela también aparece en los datos de largo plazo. Según informó la American Heart Association en la difusión de una investigación preliminar presentada en 2024, un análisis de más de 20.000 adultos en Estados Unidos observó que quienes concentraban su alimentación en menos de ocho horas diarias presentaban un riesgo 91% mayor de muerte cardiovascular en comparación con quienes comían en una ventana de 12 a 16 horas.
En la misma línea, Cleveland Clinic señaló que el ayuno intermitente puede favorecer la pérdida de peso, reducir la resistencia a la insulina, bajar la presión arterial y mejorar triglicéridos y colesterol, sobre todo en personas con sobrepeso u obesidad. A la vez, remarcó que los efectos a largo plazo siguen sin conocerse con certeza y que no se trata de una estrategia adecuada para todas las personas.
Dietas que benefician la salud cardiovascular
Mientras la evidencia sigue en desarrollo, hay patrones alimentarios con respaldo más consistente para la salud del corazón. Una guía científica de 2026 de la American Heart Association, publicada en PubMed, señaló que una alimentación cardiosaludable debe priorizar verduras y frutas, granos integrales, fuentes saludables de proteína, grasas insaturadas, alimentos mínimamente procesados y un bajo consumo de sodio, azúcares agregados y productos ultraprocesados.
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Dentro de esos patrones, la dieta mediterránea aparece entre las más estudiadas. De acuerdo con una revisión científica publicada en PMC, este modelo se basa en verduras, frutas, legumbres, granos integrales, frutos secos, pescado y aceite de oliva, con menor presencia de carnes rojas y procesadas. La investigación indicó que figura entre las estrategias con mayor evidencia de protección cardiovascular y mejor alineación con las recomendaciones de las sociedades científicas.
Otra opción con fuerte respaldo es la dieta DASH, diseñada para el control de la presión arterial. Según el análisis de PMC, este patrón enfatiza frutas, verduras, lácteos bajos en grasa, granos integrales, pescado, aves, nueces y semillas, con reducción de sodio, dulces, bebidas azucaradas y carnes grasas. El trabajo señaló que este enfoque se asoció con una disminución de la presión arterial sistólica y de la diastólica, además de reducciones en colesterol LDL.
La revisión también ubicó entre las alternativas con beneficios a los patrones basados en plantas, siempre que mantengan calidad nutricional. En esos esquemas, el mayor consumo de vegetales, legumbres, frutos secos y cereales integrales se vincula con menor riesgo cardiovascular, aunque el efecto depende de evitar que la base de la dieta quede dominada por productos ultraprocesados, azucarados o altos en sodio.
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Ese punto ordena buena parte del debate actual. La comparación entre el ayuno y otras dietas muestra que el horario de las comidas puede influir, pero la evidencia más sólida para el corazón sigue concentrada en la calidad global de la alimentación. Por eso, según las guías y revisiones citadas, los patrones con mayor respaldo comparten un rasgo común: priorizan alimentos frescos o mínimamente procesados y reducen aquellos que se asocian con peores indicadores cardiometabólicos.
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