10 hábitos saludables para mantener tus articulaciones jóvenes y flexibles

El deterioro articular no es un proceso inevitable ni exclusivo de las personas mayores, y adoptar conductas preventivas desde etapas tempranas puede preservar la movilidad y reducir el riesgo de lesiones a largo plazo

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Las articulaciones permiten el movimiento humano y su deterioro puede causar dolor, rigidez, inflamación y pérdida de movilidad (Imagen Ilustrativa Infobae)

Las articulaciones forman la base mecánica del movimiento humano. Son la unión entre dos o más huesos y permiten acciones tan distintas como caminar, girar la cabeza, levantar objetos o flexionar las rodillas. Según el Instituto Nacional de Artritis y Enfermedades Musculoesqueléticas y de la Piel (NIAMS) de Estados Unidos, existen varios tipos de articulaciones según su grado de movilidad: las sinoviales, de libre movimiento, como codos y caderas; las cartilaginosas, de movimiento parcial, como las de la columna vertebral; y las fibrosas, que no se mueven, como las del cráneo. Cada una cumple una función específica dentro del sistema musculoesquelético.

Las estructuras que componen una articulación móvil son múltiples e interdependientes. El cartílago recubre la superficie ósea y reduce la fricción entre los huesos; los ligamentos conectan huesos entre sí; los tendones unen los músculos a los huesos; las bursas actúan como almohadillas de amortiguación; y la membrana sinovial produce el líquido que lubrica la articulación. Cuando alguno de estos componentes se deteriora, el resultado puede ser dolor, rigidez, inflamación y pérdida de movilidad. La osteoartritis, la forma más frecuente de artritis, aparece cuando el cartílago se daña por el uso repetido, lesiones previas o el exceso de peso corporal, y su prevalencia aumenta con la edad.

El desgaste articular no es un proceso inevitable ni exclusivo de las personas mayores. El cirujano especialista en rodilla Gareth Jones, en declaraciones recogidas por The Telegraph, identificó una serie de hábitos cotidianos de la mediana edad que aceleran el deterioro de las articulaciones mucho antes de que aparezcan síntomas graves. Al mismo tiempo, especialistas de la Clínica Mayo y fisioterapeutas como Michael Piccirillo, de la cadena sanitaria Banner Physical Therapy, coinciden en que adoptar conductas preventivas desde etapas tempranas de la vida puede preservar la movilidad y reducir el riesgo de lesiones articulares a largo plazo.

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Los 10 hábitos saludables para mantener jóvenes y flexibles las articulaciones

1. Corregir la postura y la ergonomía

La forma en que el cuerpo se posiciona durante las horas de trabajo o de descanso tiene un efecto directo sobre las articulaciones. Una postura inadecuada sobrecarga los músculos y las estructuras articulares del cuello, los hombros, la espalda, las caderas y las rodillas. Piccirillo señaló que la mala ergonomía laboral es un problema extendido: alturas incorrectas del escritorio o del monitor, sillas sin soporte lumbar y el hábito de mirar el teléfono con la cabeza inclinada hacia abajo generan tensión acumulada que, con el tiempo, puede derivar en dolor y desalineación. Revisar la postura cada 10 o 15 minutos, mantener los pies apoyados en el suelo, los hombros relajados y el monitor a la altura de los ojos son ajustes que reducen esa carga de forma sostenida.

Corregir la postura y la ergonomía laboral ayuda a proteger las articulaciones del cuello, los hombros, la espalda, las caderas y las rodillas (Imagen Ilustrativa Infobae)

2. Incorporar estiramientos a la rutina diaria

La flexibilidad muscular actúa como protección directa de las articulaciones. Cuando los músculos están tensos, transfieren esa tensión a las estructuras articulares donde se insertan. Piccirillo explicó que el estiramiento regular alivia esa rigidez y previene la presión excesiva sobre las articulaciones. Con apenas 10 minutos diarios de estiramientos suaves que trabajen el cuello, los hombros, la espalda, las caderas y las piernas, es posible mantener un rango de movimiento adecuado. Estirar al levantarse o antes de dormir, y hacer pausas para ponerse de pie cada hora durante jornadas prolongadas en posición sentada, contribuye a mantener los tejidos en condiciones óptimas.

3. Fortalecer la musculatura de soporte

Los músculos que rodean las articulaciones absorben parte de las fuerzas que actúan sobre ellas y reducen la presión directa sobre el cartílago y los ligamentos. Jones destacó que los cuádriceps son especialmente relevantes para la protección de la rodilla, y que estudios han detectado debilidad en este grupo muscular incluso antes de que la osteoartritis sea visible en radiografías. El especialista también subrayó la importancia de fortalecer isquiotibiales, gemelos, glúteos y abductores de cadera. Piccirillo, por su parte, recomendó ejercicios con peso corporal como sentarse y levantarse de una silla, elevaciones de piernas, estocadas y variaciones de flexiones, con énfasis en la calidad del movimiento por encima de la cantidad de repeticiones.

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4. Elegir actividades físicas de bajo impacto

Caminar, nadar, andar en bicicleta y practicar yoga son actividades que mantienen las articulaciones activas sin someterlas a cargas excesivas. Jones explicó que el cartílago no tiene irrigación sanguínea propia y depende del líquido sinovial para nutrirse, y que el movimiento facilita la circulación de ese líquido. Según la evidencia citada por el especialista, quienes corren de forma recreativa y moderada presentan un menor riesgo de desarrollar osteoartritis de rodilla que las personas sedentarias. El NIAMS también indica que la actividad física regular es una de las medidas más efectivas para mantener la musculatura articular fuerte y funcional.

Los estiramientos diarios y el fortalecimiento muscular preservan la flexibilidad y reducen la presión sobre las articulaciones, en especial en la rodilla (Imagen Ilustrativa Infobae)

5. Evitar el sobreentrenamiento de alta intensidad

El extremo opuesto a la inactividad también representa un riesgo. Jones observó un aumento de lesiones articulares asociadas a rutinas de alto impacto con numerosas sentadillas, zancadas con peso y movimientos repetitivos. El cirujano señaló que detectó pérdida de cartílago bajo la rótula en adultos jóvenes vinculados a programas como Hyrox y CrossFit disciplinas que combinan ejercicios de fuerza, resistencia y movimientos explosivos en sesiones de gran demanda física, y que los corredores competitivos muestran mayor riesgo de osteoartritis que quienes practican la actividad con fines recreativos. Piccirillo reforzó este punto al recomendar comenzar despacio, aumentar la carga de manera progresiva y no apresurarse ni excederse en cada sesión de entrenamiento.

6. Controlar el peso corporal

Cada kilo adicional multiplica la carga que soportan las articulaciones de carga, especialmente las rodillas. Jones explicó que al caminar sobre una superficie plana, la rodilla soporta entre una vez y media y tres veces el peso corporal; al subir o bajar escaleras, esa cifra puede alcanzar hasta seis veces el peso de la persona. Incluso aumentos moderados de peso se traducen en una presión considerable sobre el cartílago y los tejidos articulares. Mantener un peso saludable es, según el especialista, uno de los factores con mayor incidencia en la preservación de la rodilla a lo largo del tiempo.

7. Mantener una hidratación adecuada

El agua cumple una función directa en la lubricación articular. La deshidratación puede provocar rigidez y dolor, ya que el líquido sinovial, que actúa como amortiguador entre los huesos, depende de un aporte hídrico suficiente para mantener su consistencia y volumen. Piccirillo recomendó beber agua de forma constante a lo largo del día, con especial atención antes y después de la actividad física. Esta medida, aunque sencilla, tiene un impacto real en la comodidad y la funcionalidad de las articulaciones durante el movimiento cotidiano.

El sobreentrenamiento de alta intensidad y el exceso de peso corporal aumentan la carga sobre las rodillas y elevan el riesgo de lesiones articulares y osteoartritis (Crédito: Freepik)

8. Aplicar una mecánica corporal adecuada en las actividades diarias

El cuidado articular no se limita al momento del ejercicio. Las acciones cotidianas —cargar bolsas, limpiar, levantar objetos del suelo o sostener a un niño— también inciden sobre las articulaciones si se ejecutan con técnica incorrecta. Piccirillo indicó que al levantar peso conviene doblar las rodillas y las caderas en lugar de la espalda, llevar las cargas cerca del cuerpo para reducir la tensión, distribuir el peso de manera uniforme entre ambas manos y evitar bloquear las rodillas al estar de pie. Elegir calzado con soporte adecuado también reduce la presión sobre rodillas y caderas durante la jornada.

9. Distinguir entre dolor muscular y dolor articular

El dolor muscular posterior al ejercicio es normal y suele resolverse en uno o dos días, pero el dolor articular responde a una lógica diferente y requiere atención. Piccirillo advirtió que ante un dolor agudo o persistente en una articulación, lo indicado es detener la actividad y consultar con un profesional de la salud. Jones, por su parte, recomendó buscar evaluación médica cuando una molestia surgida tras una lesión, una caída o un movimiento brusco permanece durante más de cuatro a seis semanas. La sensación de inestabilidad al caminar o bajar escaleras también es una señal que no debe ignorarse, ya que algunas lesiones, como determinadas roturas de menisco, pueden repararse si se tratan a tiempo.

10. Prevenir lesiones y atender las señales del cuerpo

Conocer los riesgos asociados a determinadas actividades deportivas y tomar medidas preventivas forma parte del cuidado articular. Jones mencionó las lesiones del ligamento cruzado anterior (LCA), frecuentes en deportes como el esquí, como un ejemplo de daño que puede desencadenar procesos inflamatorios e inestabilidad articular con consecuencias a largo plazo. El especialista destacó la utilidad de programas de entrenamiento neuromuscular para mejorar la alineación, el equilibrio y el control del movimiento. El NIAMS también recomienda el uso de equipamiento protector adecuado, el calentamiento previo a la actividad física y la recuperación suficiente tras el esfuerzo intenso.

La hidratación, la mecánica corporal adecuada y la consulta médica ante dolor articular persistente son medidas clave para cuidar las articulaciones (Imagen Ilustrativa Infobae)

Qué alimentos ayudan a mantener la salud de las articulaciones

La nutrición forma parte de la estrategia preventiva para el cuidado articular. Según especialistas de la Clínica Mayo, la incorporación regular de cuatro nutrientes específicos —vitamina D, calcio, colágeno y ácidos grasos omega-3— permite prevenir el deterioro articular antes de la aparición de síntomas como dolor, rigidez o inflamación. La Fundación Internacional de Osteoporosis (IOF), con sede en Suiza, también subrayó la importancia de una alimentación adecuada para sostener la salud del sistema musculoesquelético a lo largo de la vida.

La vitamina D facilita la absorción del calcio en el intestino, lo que resulta esencial para mantener la estructura ósea y prevenir la fragilidad. Las principales fuentes naturales son los pescados grasos —salmón, caballa y sardinas— y los productos lácteos fortificados. La exposición moderada al sol también estimula su síntesis en la piel. La Oficina de Suplementos Dietéticos (ODS) de los Institutos Nacionales de Salud de Estados Unidos (NIH) establece una ingesta diaria recomendada de 600 UI (unidades internacionales, la medida estándar para expresar la actividad biológica de vitaminas como la D) para adultos de entre 19 y 70 años, y de 800 UI a partir de los 71.

El calcio, por su parte, es el mineral con mayor influencia sobre la densidad ósea y la protección articular frente al desgaste. Leche, yogur, quesos y verduras de hoja verde como la espinaca y la col rizada son fuentes habituales. La ODS (NIH) recomienda una ingesta de 1.000 mg diarios para adultos de entre 19 y 50 años, y de 1.200 mg para mujeres a partir de los 51. Mantener un aporte sostenido de este mineral actúa como barrera preventiva ante el envejecimiento y el desarrollo de lesiones en los tejidos conectivos, según señaló la IOF.

La vitamina D, el calcio, el colágeno y los omega-3 forman parte de una alimentación que ayuda a mantener la salud de las articulaciones y del sistema musculoesquelético (Imagen Ilustrativa Infobae)

El colágeno es la proteína estructural que aporta elasticidad y resistencia a las articulaciones. La Clínica Mayo indicó que favorece la recuperación celular tras microtraumatismos, frecuentes tanto en personas mayores como en quienes realizan actividad física intensa. Los caldos de hueso y las gelatinas tradicionales son fuentes naturales de colágeno que ayudan a mantener el cartílago en buen estado.

Los ácidos grasos omega-3 completan este grupo de nutrientes con una función antiinflamatoria. De acuerdo con la clínica, estos compuestos ayudan a controlar la inflamación en las zonas afectadas, favorecen la recuperación tras el esfuerzo y disminuyen el dolor asociado al desgaste articular. Los pescados grasos, las semillas de chía y lino, y las nueces son las fuentes más accesibles en la alimentación cotidiana. La ODS (NIH) describe niveles de ingesta adecuada para el ácido alfa-linolénico (ALA), un tipo de omega-3, de 1,6 g diarios en varones adultos y 1,1 g en mujeres adultas. Los especialistas de la institución insistieron en que la prevención nutricional mediante alimentos frescos y variados resulta más efectiva que el uso indiscriminado de suplementos, cuya indicación debe reservarse para casos diagnosticados y bajo control profesional.