
La “casta” ya no tiene miedo. O no tanto. Contrariamente al lema de Javier Milei que se convirtió en un canto de guerra contra la clase política tradicional, los primeros pasos del presidente electo luego del balotaje indican que quiere pactar con muchos exponentes de esa corporación que antes denostaba. La consigna mileísta de asegurarse gobernabilidad también incluye al sindicalismo: Guillermo Francos, designado ministro del Interior, es el encargado de mantener discretos contactos con gremialistas de distintos sectores para tender puentes y darles un mensaje de tranquilidad.
Dirigentes de primera línea se llevan una certeza de sus encuentros o llamadas con el influyente representante de La Libertad Avanza: Milei no quiere romper con el poder sindical. Sí, en cambio, les plantea que acepten muchos de los cambios que se propone en una mesa de negociación, aunque ninguna reforma prevista por los libertarios conspira contra la matriz del viejo modelo sindical que fundó Juan Domingo Perón y al que sus exponentes se aferran aunque esté tan agrietado.
Hay señales de que desde el 10 de diciembre se mantendrán las paritarias libres, el esquema de personería gremial que beneficia a la organización más representativa por rama de actividad y el actual sistema de obras sociales. Los sindicalistas ya saben que no habrá una reforma laboral profunda, sino básicamente un puñado de proyectos que estarían incluidas en la ley ómnibus que los libertarios planean enviar al Congreso: apuntan a la modificación del sistema de multas laborales por trabajo mal registrado o no registrado y a crear un sistema indemnizatorio para los nuevos trabajadores, de adhesión voluntaria, basado en el Fondo de Cese Laboral de la UOCRA.

Francos pilotea los contactos sindicales mientras se le habría pedido a Omar Yasín, el futuro secretario de Trabajo, surgido de las filas de Patricia Bullrich y ex funcionario de Jorge Triaca en el gobierno de Mauricio Macri, que por ahora no se reúna con los dirigentes. Es tiempo de negociaciones de todo tipo para gobernar y el mileísmo entiende que la cintura política del designado ministro del Interior puede vencer la resistencia de los gremialistas a los cambios que se proyectan. Esa misma habilidad de Francos para sumergirse en el territorio de “la casta” le permitirá a La Libertad Avanza sumar apoyos políticos o funcionarios salidos del peronismo e incluso del kirchnerismo.
A un líder sindical del sector público, por ejemplo, Francos le pidió que le aportara nombres para incorporarlos al equipo que se ocupará de la reforma del Estado. Esa solicitud, en el fondo, le dejó al gremialista la sensación de que no habrá despidos masivos en la administración pública, aunque descuenta que habrá recortes en la grilla estatal por la eliminación de ministerios y secretarías.
El futuro ministro del Interior no es el único interlocutor del sindicalismo: Guillermo Ferraro, el designado ministro de Infraestructura, tiene el teléfono de muchos dirigentes porque fue jefe de asesores de Antonio Cafiero en el Senado y funcionario de Eduardo Duhalde y Néstor Kirchner. Por eso no llamó la atención su contacto con el líder de la UOCRA, Gerardo Martínez, quien está preocupado por el anuncio de Milei de que paralizará la obra pública, algo que afectará los puestos de trabajo.

Para muchos dirigentes sindicales, como el cotitular de la CGT Héctor Daer (Sanidad) o Andrés Rodríguez (UPCN), fue una buena noticia que Armando Guibert, ex subsecretario de Reforma y Modernización del gobierno de Carlos Menem, se sumara al equipo libertario: es un viejo conocido que trataron en los años noventa y que ahora buscarán como nexo en el nuevo gobierno.
Hay quienes sospechan que el equipo libertario le dio una señal conciliadora al sindicalismo con la decisión de mantener la Superintendencia de Servicios de Salud (SSS), el organismo autárquico que administra los fondos de las obras sociales y que se proyectaba eliminar como tal para bajarle la categoría al rango de una dirección nacional. Al frente de la SSS fue confirmado hace 24 horas Enrique Rodríguez Chiantore, un experto en Salud que trabajó en los equipos de Bullrich.

Por un lado, es un indicio de que el gobierno de Javier Milei manejará con mano dura esa “caja” millonaria y de que intentará disciplinar a la dirigencia gremial mediante la regulación del dinero de las obras sociales. Pero, a la vez, la designación de Rodríguez Chiantore cayó bien en las filas sindicales: en la CGT es considerado “un sanitarista idóneo” al que conocen en profundidad porque se desempeñó como jefe de Gabinete del Ministerio de Salud en el gobierno de Cambiemos.
Habrá que ver cómo impacta en el sindicalismo el experimento de combinar las negociaciones conciliadoras de Francos con la impronta dura del tándem Yasín-Rodríguez Chiantore, identificado con el bullrichismo, para manejar las dos áreas que más le importan a la CGT: Trabajo y obras sociales.
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