Diseñó la política exterior de la recuperación democrática

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Voy recordar a Dante Caputo, con lo que infiero él hubiera preferido, una mirada de su política, y analizar su legado: sentar las bases para la política exterior de la recuperación democrática.

Dante Caputo fue un arquetipo de su tiempo, y un fiel intérprete de las convicciones políticas del presidente Raúl Alfonsín: el Acuerdo de Paz y Amistad con Chile promovido por Juan Pablo II; la política de acercamiento con Brasil, que impulsó al Mercosur; su intensa actividad por diferenciar la causa legal y legítima de recuperar la soberanía de Malvinas como bandera de la joven democracia por sobre la aventura bélica, no fueron casualidades.

Es dable rastrear en aquel gobierno las primeras letras del texto de la posterior Cláusula Transitoria Constitucional, por la cual la Argentina establece que la única forma de obtener resultados es por la vía diplomática.

En el contexto actual, es oportuno señalar los logros de su política exterior, ya que sirvieron (y sirven) para unir a los argentinos. Además, vale recordar, era muy difícil desarrollar una política exterior independiente en las postrimerías de la Guerra Fría, con la deuda externa heredada, un escenario de alta inflación, oposición férrea del sindicalismo, levantamientos militares y turbulencias de mercado.

El Tratado de Paz y Amistad con Chile, que preservó la proyección antártica argentina, fue un logro histórico de la gestión y una demostración de inteligencia de la política exterior del presidente Alfonsín. En este caso hay dos puntos a subrayar. El primero, aceptar de buen grado la mediación vaticana e impulsar el referéndum ciudadano por el acuerdo, que fueron acciones inéditas.

El segundo, es un logro que pasa inadvertido en ocasiones. El canciller Caputo buscó siempre informar y formar a la opinión pública, a los ciudadanos, sobre las implicancias de la política exterior en sus vidas. El debate con el senador justicialista Vicente Saadi por el Tratado con Chile y sus detalladas explicaciones televisivas por la negociación bilateral con los británicos por Malvinas, fueron una marca valiosa en la democracia informativa argentina.

Con Brasil, la decisión del presidente Alfonsín de desactivar la hipótesis de conflicto y su acercamiento con el gobierno de José Sarney, al dar el primer paso de confianza y compartir la información nuclear argentina con su vecino, fueron los pilares de lo que luego se conoció como ABACC, la Agencia Brasileño-Argentina de Contabilidad y Control de Materiales Nucleares, que evitó una carrera armamentista nuclear, además de dar origen al proceso que desembocaría en el Mercosur.

La por momentos tensa relación con los Estados Unidos, la activa participación en América Central en el Grupo de Apoyo de Contadora y la defensa del régimen de Fidel Castro al evitar investigar los Derechos Humanos en Cuba, con la correcta oposición al bloqueo a la isla, fueron producto de las convicciones del Presidente y de su canciller.

Dante Caputo fue un servidor público convencido y eficiente, con todo lo que ello implica. Sus convicciones democráticas las mantuvo hasta el final. Se sumó con su firma cuando los Cancilleres de la Democracia nos pronunciamos por la defensa de la Fragata Libertad al ser embargada durante el pasado gobierno, entre otras acciones.

Puede ser que en estas líneas escritas con la tristeza del momento exista alguna omisión con la trayectoria de Dante Caputo, pero sí estimo, ha reflejado su mejor legado: la proyección de la democracia argentina en su política exterior.

El autor fue Canciller y es el actual presidente del Consejo Argentino para las Relaciones Internacionales (CARI)