
Los grupos criminales han utilizado drones para realizar ataques en 17 de los 32 estados de México durante los últimos cinco años y medio, principalmente en Sinaloa, Guerrero y Michoacán, donde los conflictos entre organizaciones y facciones armadas se han mantenido entre los más violentos del país, de acuerdo con un informe de Armed Conflict Location & Event Data (ACLED).
El análisis advierte que los vehículos aéreos no tripulados están transformando la forma en que operan los grupos armados y organizaciones criminales en América Latina.
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Su bajo costo, facilidad de adquisición y posibilidad de modificación han permitido que estos dispositivos pasen de ser herramientas de vigilancia o transporte a convertirse en instrumentos utilizados para realizar ataques y transportar explosivos.
El recuento de ACLED para México comenzó en enero de 2021 y abarca hasta el 21 de agosto de 2026. De acuerdo con los datos presentados por la organización, los incidentes relacionados con ataques mediante drones se han registrado en más de la mitad del territorio nacional.
La mayor cantidad de casos se concentró en 2024, según el mapa elaborado por la organización especializada en el monitoreo de conflictos armados y violencia política.
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Sinaloa, Guerrero y Michoacán concentran los ataques
ACLED identificó a Michoacán, Guerrero y Sinaloa como los estados donde se ha registrado la mayor utilización de drones en el contexto de enfrentamientos entre grupos criminales.

La organización señaló que estas entidades se caracterizan por mantener conflictos particularmente violentos entre facciones armadas que buscan controlar territorios, rutas y actividades ilícitas.
Además de esas tres entidades, se han contabilizado ataques o incidentes relacionados con drones en Tamaulipas, Chiapas, Sonora, Baja California, Chihuahua, Durango, Zacatecas, Jalisco, Guanajuato, Colima, Estado de México, Oaxaca, Veracruz y Morelos.
Tamaulipas y Chiapas presentan una incidencia menor en comparación con Michoacán, Guerrero y Sinaloa, pero su inclusión en el recuento muestra la expansión territorial de una tecnología que hace apenas una década era utilizada por las organizaciones criminales mexicanas principalmente con otros fines.
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ACLED recordó que los grupos del narcotráfico en México estuvieron entre las primeras organizaciones delictivas del continente en utilizar aeronaves no tripuladas.
Hace alrededor de 10 años, su empleo estaba enfocado especialmente en diversificar el contrabando transfronterizo de drogas.
Tan solo durante 2025, el organismo detectó cerca de 35 mil vuelos de drones cerca de la frontera entre México y Estados Unidos, una muestra del crecimiento de este tipo de tecnología en la región.
Sin embargo, el uso de estos dispositivos ha evolucionado de manera significativa.
De herramienta de vigilancia a arma para atacar
Actualmente, los drones son empleados por organizaciones criminales para vigilar movimientos de grupos rivales, monitorear territorios, transportar explosivos y realizar ofensivas.
ACLED comparó la evolución del fenómeno mexicano con el caso de Colombia, país que identifica como un “laboratorio regional” para la innovación y expansión del uso de drones armados.
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Sin embargo, existen diferencias entre ambos escenarios.
Mientras en Colombia el uso de drones por parte de organizaciones armadas se ha dirigido principalmente contra las fuerzas de seguridad, en México grupos como el Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG), La Familia Michoacana y Los Viagras los han utilizado principalmente para atacar poblaciones ubicadas en territorios disputados.
El informe también señala que, en zonas de Michoacán y otras regiones del país, organizaciones armadas han desarrollado espacios para fabricar explosivos y adaptar aeronaves comerciales para transportar estos artefactos.

La utilización de drones con cargas explosivas ha representado uno de los cambios más importantes en las tácticas de confrontación de los grupos criminales.
Autoridades mexicanas comenzaron a advertir sobre el uso de aeronaves no tripuladas por parte del narcotráfico desde 2010, según recordó en febrero pasado Small Wars Journal.
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Por su parte, el gobierno estadounidense detectó alrededor de 150 aeronaves de este tipo cruzando la frontera entre México y Estados Unidos entre 2012 y 2014.
Con el paso de los años, la tecnología se volvió más accesible y los grupos criminales encontraron nuevas formas de adaptarla a sus operaciones.
Drones comerciales y FPV, el siguiente desafío
Los grupos criminales utilizan principalmente drones comerciales de tipo cuadricóptero, muchos de ellos fabricados por la empresa china DJI.
Sin embargo, también se ha documentado el empleo de drones FPV o de vista en primera persona, que pueden ser operados con mayor precisión.

Entre los modelos mencionados en análisis especializados se encuentra el DJI Avata 2, cuyo uso ha sido atribuido al CJNG.
ACLED advirtió que la expansión de esta tecnología podría continuar e incluso intensificarse durante los próximos meses y años.
La organización estima que en un periodo de 12 a 24 meses el uso de drones por parte de grupos criminales e insurgentes en América Latina podría aumentar tanto en escala como en sofisticación.
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Por ahora, las capacidades de los Estados para enfrentar estos dispositivos se concentran principalmente en la detección, reconocimiento e interferencia de señales.
No obstante, el desarrollo y expansión de nuevas tecnologías, como los drones conectados mediante fibra óptica, podría representar un desafío adicional para las autoridades, debido a que dificultan algunos de los métodos tradicionales de interferencia.
La amenaza ya ha obligado a reforzar las estrategias de seguridad en la frontera.
Apenas un día antes de la publicación del informe, México y Estados Unidos informaron sobre el despliegue del operativo antidrones “Águila Alta” en la zona fronteriza entre Tijuana y San Diego, con el objetivo de detectar y neutralizar drones comerciales presuntamente utilizados por organizaciones criminales para vigilar los movimientos de las autoridades.
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El operativo combina tecnologías de detección, incluidos radares avanzados, con sistemas diseñados para neutralizar aeronaves no tripuladas.
La creciente preocupación no se limita a México.
A nivel mundial, los incidentes aéreos relacionados con drones han registrado un crecimiento acelerado. De acuerdo con datos de ACLED citados por el especialista Steven Feldstein, estos pasaron de 6 mil 380 incidentes en 2020 a 58 mil 272 en 2025, lo que representa un incremento de más de nueve veces en apenas cinco años.
En México, la presencia de ataques con drones en 17 estados muestra cómo una tecnología comercial, relativamente accesible, ha sido incorporada progresivamente a las estrategias de vigilancia, control territorial y confrontación del crimen organizado.
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La expansión de estos dispositivos plantea ahora un nuevo desafío para las fuerzas de seguridad, en medio de conflictos criminales que cada vez incorporan herramientas más sofisticadas para atacar, vigilar y mantener el control sobre territorios disputados.
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