Cartera feminista: autonomía económica para transformar vidas

La autonomía económica de las mujeres no solo amplía sus oportunidades de desarrollo, también fortalece su capacidad de decisión y reduce su vulnerabilidad

Coordinador General del Centro de Comando, Control, Cómputo, Comunicaciones y Contacto Ciudadano (C5)
Coordinador General del Centro de Comando, Control, Cómputo, Comunicaciones y Contacto Ciudadano (C5)
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Cuando una mujer abre su cartera y encuentra recursos generados por ella misma, también descubre alternativas de desarrollo donde antes había falta de oportunidades, pobreza y desesperanza.

Por eso, colocar la soberanía financiera de las mujeres en el centro de la agenda pública representa una oportunidad para avanzar hacia una sociedad más equitativa. La independencia económica no solo mejora las condiciones materiales de vida: amplía la capacidad de decidir, fortalece la autonomía personal y reduce la vulnerabilidad frente a distintas formas de violencia.

El Programa de Autonomía Económica de las Mujeres parte de esta premisa y convierte la inversión pública en una palanca de capitalización inicial mediante la entrega de fondos semilla libres de deuda.

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Lejos de concebirse como un subsidio asistencialista, el programa, diseñado y operado por María Elena Esparza Guevara desde la Secretaría de las Mujeres, con el impulso de su titular, Daptnhe Cuevas, asume la inclusión financiera como un motor para consolidar el bienestar social y contribuir, principalmente, a la independencia económica de las mujeres.

Una respuesta a las barreras estructurales

Este esquema fue creado con una rigurosa perspectiva de género y ha sido calificado por Esparza Guevara como “una hazaña feminista” de la jefa de Gobierno de la Ciudad de México, Clara Brugada. Su relevancia radica en que reconoce las barreras estructurales que históricamente han limitado el acceso de las mujeres a fuentes de financiamiento seguras.

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El acceso a recursos propios, capacitación y redes de comercialización fortalece la autonomía económica de las mujeres y amplía sus posibilidades de desarrollo
El acceso a recursos propios, capacitación y redes de comercialización fortalece la autonomía económica de las mujeres y amplía sus posibilidades de desarrollo

No se trata únicamente de entregar dinero, sino de ofrecer herramientas para que las beneficiarias puedan iniciar o fortalecer proyectos productivos sin recurrir a préstamos con intereses elevados, esquemas informales o mecanismos que terminen por profundizar su precariedad.

El diseño operativo se despliega en tres dimensiones: el otorgamiento de un capital inicial de 25 mil pesos no reembolsables, la formación técnica continua y la vinculación con redes solidarias de comercialización vecinal. Clara Brugada ha sintetizado el valor social de esta intervención mediante el modelo de las tres erres: recursos, redes y redistribución.

Recursos que se convierten en decisiones

Al canalizar un monto inicial a cada beneficiaria, el programa busca promover el autoempleo formal, reducir la brecha de ingresos laborales y ayudar a que las mujeres construyan un patrimonio propio, indispensable para su desarrollo personal y familiar.

Contar con ingresos estables no resuelve por sí solo todas las desigualdades, pero sí puede desmontar parte de la vulnerabilidad asociada a la falta de opciones laborales viables.

También favorece relaciones familiares y comunitarias más equitativas, porque una mujer con recursos propios cuenta con mayores posibilidades de decidir sobre su presente y su futuro.

El acceso a recursos propios, capacitación y redes de comercialización fortalece la autonomía económica de las mujeres y amplía sus posibilidades de desarrollo
El acceso a recursos propios, capacitación y redes de comercialización fortalece la autonomía económica de las mujeres y amplía sus posibilidades de desarrollo

A escala global, el modelo dialoga con políticas desarrolladas en ciudades que han apostado por una mayor inclusión socioeconómica. Bogotá cuenta con esquemas complementarios de formación productiva orientados a optimizar el tiempo disponible de las habitantes de zonas periféricas. En Barcelona, el apoyo público inicial funciona como un puente hacia la incorporación en cadenas de valor de mayor escala y tecnificación.

El programa capitalino complementa estas experiencias internacionales mediante alianzas estratégicas con organismos certificadores como el Ceneval, con el propósito de otorgar validez oficial a los conocimientos técnicos adquiridos.

La cartera feminista se consolida así como un instrumento de desarrollo económico incluyente para el siglo XXI. Porque cuando una mujer dispone de recursos propios no solo cambia el contenido de su cartera: cambia su margen de decisión, su entorno inmediato y la posibilidad de construir una vida con mayor libertad.

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