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¿Por qué te enfermas después de las vacaciones? Estas son las causas más comunes

Los adultos mayores y las personas con condiciones crónicas deben prestar atención especial a los síntomas y cuidar la continuidad de sus tratamientos

Primer plano de dos mujeres en un espacio público interior; una se cubre el rostro con las manos y la otra tiene la mano en la barbilla.
Una mujer se cubre el rostro con las manos en un concurrido espacio público, lo cual indica malestar físico, una situación frecuente después del regreso de las vacaciones. (Imagen Ilustrativa Infobae)
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La creencia de que “siempre se enferman después de las vacaciones” surge cada vez que finaliza el receso escolar o laboral y las actividades cotidianas retoman su ritmo habitual.

Muchas personas experimentan malestares justo al regresar a sus compromisos diarios, lo que alimenta esta percepción. Sin embargo, no existe una relación directa entre el descanso vacacional y la aparición de enfermedades, según aclaró el doctor Mauricio Rodríguez Álvarez, vocero del Programa Universitario de Investigación sobre Riesgos Epidemiológicos y Emergentes (PUIREE) de la UNAM.

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Durante el periodo de asueto, múltiples factores pueden coincidir y elevar la probabilidad de padecer alguna afección o de hacer más evidentes ciertos trastornos previos. Alteraciones en los horarios de sueño, cambios en la dieta, menor actividad física y la exposición a entornos diferentes son algunos de los elementos que, según el especialista, suelen estar presentes y contribuyen a este fenómeno.

En realidad, la mayoría de los riesgos asociados al regreso se relacionan con variaciones en los hábitos y con la exposición a ambientes concurridos. Espacios como aeropuertos, terminales, museos y hoteles facilitan el contacto con personas de distintas procedencias y, con ello, con virus respiratorios o agentes infecciosos.

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Factores que influyen en la salud tras las vacaciones

Al viajar, las personas suelen permanecer en lugares cerrados o poco ventilados, lo que incrementa las probabilidades de contagio de infecciones respiratorias. Además, el uso continuo del aire acondicionado, los cambios de temperatura, la exposición prolongada al sol y la deshidratación constituyen riesgos adicionales que pueden impactar el bienestar.

La alimentación es otro aspecto crucial. Comer fuera del hogar, experimentar con nuevos platillos o modificar los horarios puede provocar molestias digestivas, reactivar enfermedades previas o ser la causa de padecimientos gastrointestinales, especialmente si se consumen alimentos o agua en condiciones poco higiénicas.

Infografía con título, texto introductorio, un hombre agotado en un aeropuerto y seis recuadros con iconos sobre factores de riesgo y síntomas.
Una infografía de Infobae explica los factores de riesgo de contraer enfermedades durante los viajes y los malestares asociados al regresar a la rutina, como infecciones y estrés. (Imagen Ilustrativa Infobae)

El periodo de incubación contribuye también a la sensación de que el descanso propicia malestares. Por ejemplo, una persona puede contagiarse durante el viaje y empezar a manifestar síntomas días después, cuando ya ha retomado sus actividades. Este fenómeno se observa tanto en gripes como en dolores de estomago, e incluso en afecciones como el dengue, cuyo cuadro clínico puede aparecer varios días tras el regreso.

El estrés asociado al retorno a la rutina, junto con la ansiedad por las responsabilidades pendientes, puede modificar la respuesta inmunológica temporalmente. Esta combinación de factores puede favorecer la aparición de molestias como gastritis, colitis, crisis asmáticas o alergias, además de una sensación sostenida de fatiga durante los primeros días de reincorporación.

Recomendaciones preventivas para el periodo vacacional

Algunos sectores de la población presentan una mayor susceptibilidad a desarrollar enfermedades tras un viaje. Los adultos mayores, las personas con condiciones crónicas y quienes estuvieron en contacto con multitudes deben prestar atención especial a los síntomas y cuidar la continuidad de sus tratamientos. En el caso de quienes padecen diabetes o hipertensión, la alteración de horarios de medicamentos o cambios en la dieta pueden provocar descompensaciones que se manifiestan al regresar a casa.

En el caso de niñas, niños y adolescentes, la exposición a riesgos adicionales como accidentes, intoxicaciones o situaciones de violencia aumenta durante las vacaciones, especialmente si no cuentan con la supervisión adecuada. Por ello, se recomienda fortalecer las medidas de cuidado en el hogar y la comunidad.

Para reducir la probabilidad de enfermar después del receso, mantener hábitos básicos de prevención resulta fundamental: lavado frecuente de manos, consumo de agua potable y alimentos bien cocidos, descanso suficiente, hidratación constante y ventilación adecuada de los espacios. El uso de cubrebocas puede ser útil en lugares concurridos o si se presentan síntomas respiratorios.

La mejor estrategia para conservar un sistema inmunológico fuerte consiste en mantener una alimentación variada que incluya frutas, verduras, cereales integrales y proteínas de calidad, junto con una hidratación adecuada. Si aparecen fiebre, tos, diarrea u otros malestares en los días posteriores al regreso, es aconsejable consultar a un médico e informar sobre los lugares visitados y actividades recientes, ya que estos datos pueden ser clave para el diagnóstico.

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