
El Mayo Zambada, el cofundador del Cártel de Sinaloa que eludió durante más de tres décadas a todas las autoridades del mundo, acumuló a lo largo de su carrera criminal un rastro de masacres, corrupción institucional y ejecuciones ordenadas a sangre fría que los tribunales estadounidenses documentaron con precisión. Hoy enfrenta cadena perpetua en Nueva York tras ser engañado y entregado por su propio ahijado.
Su historia abarca cinco décadas de narcotráfico, dos entrevistas clandestinas con periodistas mexicanos y una guerra interna que, tras su caída, dejó más de mil 600 muertos en Sinaloa en menos de un año.
PUBLICIDAD
Los inicios: del Cártel de Guadalajara al imperio sinaloense
Ismael Zambada García nació en El Álamo, Culiacán, Sinaloa. Según su propia declaración ante un tribunal federal en agosto de 2025, entró al mundo del narcotráfico a los 19 años, en 1969, cuando un amigo lo llevó a las montañas de Sinaloa para sembrar marihuana oculta entre cultivos de maíz. Aquella primera cosecha produjo aproximadamente 60 libras, que vendió a unos 15 dólares el kilogramo.
Su primera estructura criminal fue el Cártel de Guadalajara, la organización pionera del tráfico de drogas en México, liderada por Rafael Caro Quintero y Miguel Ángel Félix Gallardo. Fue en ese entorno donde Zambada aprendió las reglas del negocio: la logística, la corrupción y el silencio.
PUBLICIDAD
Cuando esa organización se desintegró tras el asesinato del agente de la DEA Enrique “Kiki” Camarena en 1985, Zambada no cayó con ella. Emergió fortalecido. A finales de los años 80, junto a Joaquín “El Chapo” Guzmán y Juan José “El Azul” Esparragoza, cofundó el Cártel de Sinaloa. Según la fiscalía federal de Estados Unidos, desde sus primeros años la organización estableció vínculos directos con el Cártel de Medellín de Colombia para abastecer el mercado estadounidense.
Los envíos crecieron hasta el punto en que el cártel recibía, de manera rutinaria, entre 15 y 20 vuelos nocturnos, cada uno cargado con entre mil y mil 500 kilogramos de cocaína. Zambada nunca quiso el protagonismo de El Chapo. Operó siempre en las sombras, delegando las operaciones visibles mientras controlaba la logística, las finanzas y la red de corrupción. Esa estrategia le permitió sobrevivir durante más de 35 años sin ser detenido por ninguna autoridad, ni mexicana ni estadounidense.
PUBLICIDAD
El caso Kiki Camarena: el crimen que sacudió dos países
El 7 de febrero de 1985, mientras Zambada era miembro activo del Cártel de Guadalajara, ocurrió uno de los hechos más graves en la historia del narcotráfico mexicano. Enrique “Kiki” Camarena, agente encubierto de la DEA infiltrado en esa organización, fue secuestrado en plena luz del día frente al consulado de Estados Unidos en Guadalajara por policías corruptos al servicio del cártel.

Durante más de 30 horas, Camarena fue sometido a torturas sistemáticas en una casa ubicada en el número 881 de la calle Lope de Vega, en el barrio Jardines del Bosque, propiedad de Rafael Caro Quintero. Murió el 9 de febrero de ese año. Su cuerpo, junto al del piloto y agente del programa de erradicación de drogas Alfredo Zavala Avelar, fue hallado el 5 de marzo de 1985, envuelto en plástico en una zona rural de La Angostura, Michoacán.
PUBLICIDAD
El crimen desató un terremoto diplomático entre México y Estados Unidos, el primero de esa magnitud en la historia del narcotráfico binacional. La DEA lanzó la llamada Operación Leyenda, una investigación masiva que derivó en detenciones, extradiciones y señalamientos que llegaron hasta funcionarios del gobierno mexicano de la época.
La desintegración del Cártel de Guadalajara que siguió al escándalo no frenó a Zambada. Según documentos judiciales, su paso por esa estructura fue el trampolín desde el que construyó su propio reino en Sinaloa.
PUBLICIDAD
La guerra de Ciudad Juárez: miles de muertos en una sola ciudad
El episodio más sangriento atribuido directamente a Zambada por la fiscalía estadounidense fue la guerra por la plaza de Ciudad Juárez, desatada en 2008. Ese año, Zambada y El Chapo enviaron un ejército de sicarios para exterminar a La Línea, el brazo armado del Cártel de Juárez de Vicente Carrillo Fuentes, hermano del legendario “Señor de los Cielos”.
Las tropas de Zambada operaron a través de tres grupos: Gente Nueva, los Artistas Asesinos y la pandilla de los Mexicles. La facción de Zambada los financió con dinero y armamento de grado militar. Los fiscales describen los métodos empleados durante ese periodo como actos de “violencia extrema”, que incluían “la mutilación o desmembramiento del cuerpo en un acto ritual” y su exhibición pública como advertencia.
PUBLICIDAD
Las cifras de esa guerra son escalofriantes. En 2007, antes del estallido pleno del conflicto, Juárez registró alrededor de 301 ejecuciones en todo el año. Con la guerra en curso, 2008 cerró con cerca de mil 600 homicidios. En 2009 la cifra superó los 2 mil 700 asesinatos. El año más letal fue 2010, cuando se documentaron aproximadamente 3 mil 111 homicidios en una ciudad de 1,3 millones de personas.
Ese año, Ciudad Juárez fue considerada la ciudad más violenta del mundo. Al otro lado del río Bravo, El Paso era simultáneamente uno de los lugares más seguros de Estados Unidos. Al final de la guerra, el Cártel de Sinaloa se convirtió en el grupo hegemónico de esa plaza.
PUBLICIDAD
Ejecuciones ordenadas: los casos documentados por la fiscalía
La acusación federal presentada en Texas vincula a Zambada con al menos tres órdenes de ejecución directas, con nombres, fechas y métodos documentados.
El primero ocurrió en septiembre de 2009. Un integrante del cártel perdió 300 kilogramos de marihuana en un decomiso realizado por autoridades en Sierra Blanca, Texas. Zambada ordenó su ejecución. El hombre fue secuestrado en Horizon City, trasladado a México y asesinado. “El cuerpo mutilado fue encontrado en Juárez, donde había sido golpeado y estrangulado y sus manos habían sido cortadas y colocadas sobre el pecho como mensaje para aquellos que pensaran en robar al cártel”, cita textualmente la acusación.
PUBLICIDAD
El segundo caso data de mayo de 2010. Zambada ordenó el secuestro de un residente de Columbus, Nuevo México, como represalia contra rivales del Cártel de Juárez. Sus sicarios irrumpieron en una boda celebrada en Ciudad Juárez y se llevaron a tres hombres. Los cuerpos aparecieron días después en una camioneta, con señales de tortura.
El tercer episodio ocurrió en noviembre de 2023, en Tijuana. Tras el robo de un cargamento de fentanilo, metanfetamina y cocaína, Zambada ordenó represalias. Al menos tres personas fueron asesinadas, según la fiscalía.
El asesinato de su propio sobrino “Cheyo Ántrax”
Apenas meses antes de su captura, en mayo de 2024, Zambada ordenó el asesinato de su sobrino Eliseo Imperial Castro, alias “Cheyo Ántrax”. La razón: el sobrino cobraba deudas en nombre del cártel para beneficio propio y sin autorización.

El cuerpo fue hallado en un automóvil a la orilla de una carretera en Culiacán, Sinaloa. El caso figura en el escrito de sentencia presentado por la fiscalía estadounidense al juez Brian M. Cogan como prueba de la disciplina interna con la que Zambada gobernaba su organización. Ni los lazos de sangre garantizaban protección.
“El acusado participó en asesinatos sistemáticos de miembros del propio cártel, miembros de cárteles rivales, y personal de las fuerzas del orden y militares que traicionaron o actuaron en contra de los objetivos del Cártel”, se lee en el documento judicial.
La corrupción como columna vertebral del cártel
Bajo el liderazgo de Zambada, el Cártel de Sinaloa destinó millones de dólares al año para sobornar a policías, comandantes militares y funcionarios políticos de todos los niveles del Estado mexicano. El juicio contra El Chapo en Nueva York ya había revelado el rol de Zambada como “el gran corruptor”.
El propio Zambada reconoció ante el periodista Diego Enrique Osorno en 2021 que el negocio del narcotráfico estaba sostenido por la complicidad institucional. Negó, en esa misma conversación, haber entregado dinero personalmente al entonces secretario de Seguridad Pública Genaro García Luna, quien fue condenado en Estados Unidos por vínculos con el cártel, aunque admitió que García Luna tenía acuerdos con otras facciones.
Su hermano de “El Mayo”: El Rey Zambada
Jesús Reynaldo Zambada García, “El Rey”, hermano de El Mayo y jefe de la plaza del Cártel de Sinaloa en la Ciudad de México, donde controlaba las operaciones del aeropuerto capitalino. Fue él quien subió al estrado en el juicio de Nueva York y describió con precisión cómo el cártel compró al hombre que dirigía la seguridad pública de México.
Según su testimonio, en 2006 el abogado del cártel Óscar Paredes Echegaray coordinó dos reuniones en el restaurante Champs Elysées, sobre Paseo de la Reforma, a metros de la embajada de Estados Unidos en la Ciudad de México. En la primera, Paredes subió al salón privado del segundo piso con una maleta deportiva y un portafolio que sumaban 3 millones de dólares.

El Rey esperó en el bar del piso de abajo. Quince minutos después vio salir a García Luna con sus escoltas cargando el equipaje. Tres semanas más tarde, en el mismo lugar, se entregaron 2 millones de dólares más, todo por la protección del cártel durante el gobierno de Felipe Calderón.
“Dijo que no iba a haber problemas con mi hermano”, declaró El Rey ante el jurado. El cártel obtuvo además el compromiso de colocar mandos policiales de confianza en las plazas bajo su control y recibir información anticipada sobre operativos. El Rey también pagó 350 mil dólares al sobrino de García Luna para infiltrar a un agente del cártel, Edgar Bayardo, dentro de la SIEDO. Bayardo murió acribillado en un café de la Ciudad de México en 2009.
El Rey fue detenido en octubre de 2008 en la colonia Lindavista, extraditado a Estados Unidos en 2012 y sentenciado a 12 años de prisión. Testificó primero en el juicio de El Chapo en 2018 y luego en el de García Luna en 2023. Fue liberado en marzo de 2020 por su cooperación. El jurado de Brooklyn validó su testimonio como pieza central de la condena de García Luna, dictada el 16 de octubre de 2024: 38 años y 6 meses de prisión.
La entrevista con Julio Scherer: “si me atrapan o me matan, nada cambia”
En febrero de 2010, Julio Scherer García, fundador de la revista Proceso, recibió en la redacción un mensaje anónimo. El texto era escueto: indicaba un día, un lugar y una hora. Anunciaba que Ismael Zambada deseaba conversar con él. No agregaba una palabra más.
Scherer, que por entonces tenía 83 años y rechazaba cualquier tipo de escolta personal, aceptó. Lo que siguió fue un traslado en distintos vehículos por caminos rurales del noroeste de México, presumiblemente en la región conocida como el Triángulo Dorado, la zona montañosa que se extiende entre Sinaloa, Chihuahua y Durango. Cada cambio de automóvil era una medida para evitar rastreos.

Al llegar a una casa rústica, vigilada por guardaespaldas armados, Zambada le tendió la mano y le dijo: “Tenía mucho interés en conocerlo. Lo esperaba para que almorzáramos juntos”. Sobre la mesa había leche, carne, frijoles, tostadas, queso y café endulzado. Zambada no permitió el uso de grabadora.
La conversación que Scherer reconstruyó de memoria para la edición 1744 de Proceso, publicada en abril de 2010, se convirtió en uno de los documentos periodísticos más citados de la llamada “guerra contra el narcotráfico” del gobierno de Felipe Calderón. Durante el encuentro, el capo confesó vivir en un estado permanente de pánico ante la posibilidad de ser encarcelado.
Cuando Scherer le preguntó si consideraría quitarse la vida antes de pisar una celda, Zambada respondió: “Quiero pensar que sí, que me mataría”. Años después, cuando llegó el momento, no lo hizo. Zambada habló con orgullo de su familia, una esposa, cinco mujeres, 15 nietos y un bisnieto, todos viviendo en las montañas y describió las cuatro ocasiones en que había sentido al ejército sobre su cabeza: “Hui por el monte, del que conozco los ramajes, los arroyos, las piedras, todo. A mí me agarran si me estoy quieto o me descuido, como al Chapo”.
La frase más recordada de esa entrevista fue su respuesta ante un escenario hipotético: si él fuera capturado o muerto, ¿qué cambiaría? “Encerrados, muertos o extraditados, sus relevos ya andan por ahí”, respondió. Y añadió: “Si me atrapan o me matan... nada cambia”.
La edición de Proceso con esa entrevista fue comprada en su totalidad en el estado de Sinaloa antes de que pudiera circular. La única prueba gráfica del encuentro fue una fotografía en la que Zambada aparece junto a Scherer, con el brazo sobre el hombro del periodista.
La segunda entrevista: Diego Enrique Osorno en la sierra de Sinaloa (2021)
Once años después del encuentro con Scherer, Zambada volvió a buscar a un periodista. Esta vez, el elegido fue Diego Enrique Osorno, reportero, documentalista y cronista mexicano, autor de libros como El Cártel de Sinaloa.
El contacto llegó en 2021, en plena pandemia de covid-19. Osorno relató que, al comenzar la conversación, Zambada se mostró impaciente: le habían asignado 30 minutos para la entrevista y el periodista estaba presentándose. Fue hasta que Osorno mencionó el nombre de Julio Scherer cuando el capo se incorporó en su silla y cambió de actitud. “Lástima que no lo podemos revivir”, dijo Zambada. Luego hablaron durante tres horas.

El encuentro se produjo en las montañas del norte de Sinaloa, en una casa que Osorno describió como parecida a la que Scherer había visitado años atrás. Sobre la mesa, carne asada, verduras, frijoles y tortillas. El capo, sentado en una mecedora, habló con un tono que Osorno describió como ascético.
Las revelaciones de esa conversación, publicadas en el libro En la Montaña por editorial Anagrama, fueron múltiples. Zambada afirmó que el negocio del narcotráfico existía porque Estados Unidos lo demandaba: “Nos dedicamos a un negocio que necesita Estados Unidos. Eso hacemos”. Luego añadió: “No crean que nuestra vida es buena. Luchamos, como todos. Hay que trabajar duro para mantener el negocio y la familia”.
Sobre el fentanilo, el cargo que hoy podría costarle la pena de muerte, Zambada fue categórico: “Nada más lo he visto por la televisión”, afirmó, desmarcando a su facción del opioide. También negó haber entregado dinero personalmente a García Luna y anticipó, con precisión, que el gobierno de Estados Unidos terminaría designando a los cárteles mexicanos como organizaciones terroristas. Esa designación ocurrió en febrero de 2025.
Osorno es el tercero de los periodistas que se sabe tuvieron contacto directo con Zambada antes de su detención. Los otros dos fueron Julio Scherer y su hija, María Scherer Ibarra.
El Vicentillo: cuando el hijo negoció con la DEA
Uno de los golpes más dolorosos para Zambada no vino de un rival, sino de su propio linaje. El 19 de marzo de 2009, el Ejército Mexicano detuvo en una residencia de Lomas del Pedregal, en la Ciudad de México, a Vicente Zambada Niebla, alias “El Vicentillo”, hijo mayor del capo. Fue hallado junto a cinco escoltas en posesión de armas de uso exclusivo de las fuerzas armadas.

El Vicentillo fue extraditado a Estados Unidos en febrero de 2010, con destino al Distrito Norte de Illinois, en Chicago. Lo que ocurrió después sacudió al Cártel de Sinaloa desde adentro: el hijo de El Mayo se convirtió en testigo colaborador de la DEA.
El Vicentillo proporcionó datos sobre operaciones del cártel, sobre organizaciones rivales, sobre familiares y sobre su propio padre. Fue sentenciado a 15 años de prisión en mayo de 2019, pero liberado antes de cumplirlos por su cooperación. En abril de 2021 su nombre desapareció del registro de la Oficina de Prisiones de Estados Unidos.
La fiscalía estadounidense prevé que El Vicentillo figure en la lista de testigos potenciales contra su padre en la Corte Federal del Distrito Este de Nueva York. De concretarse, padre e hijo se verían frente a frente en un tribunal.
El Traidor
En 2011, mientras El Vicentillo purgaba su condena en el Metropolitan Correctional Center de Chicago, escuchó por radio una entrevista con la periodista Anabel Hernández a propósito de su libro Los señores del narco. Decidió que era el momento de hablar. A través de su abogado Fernando Gaxiola, le hizo llegar hojas escritas a mano desde su celda: su diario personal, en el que describía operaciones, rutas, sobornos y nombres de funcionarios en la nómina de su padre.

El material que Gaxiola entregó a Hernández a lo largo de años fue la base del libro El Traidor. El diario secreto del hijo del Mayo (Grijalbo, 2019). En sus páginas, El Vicentillo afirma que El Mayo era el verdadero jefe del Cártel de Sinaloa, por encima del Chapo, y que los sobornos mensuales a comandantes y funcionarios en los estados donde operaba el cártel superaban el millón de dólares. También describio acuerdos con militares de alto rango y señala presuntos vínculos con tres expresidentes: Vicente Fox, Felipe Calderón y Enrique Peña Nieto.
Son alegaciones del propio Vicentillo, no hechos probados en juicio. Una frase del diario resume la filosofía de El Mayo: “Mi papá decía que los sobornos han sido tan costosos, incluido al Presidente, que a fin de cuentas trabajamos para el Gobierno”.
La voz que nadie grabó
Uno de los rasgos más documentados de Zambada es que no existe una sola grabación conocida de su voz. Ni la DEA, ni la FGR, ni ningún otro organismo de inteligencia logró interceptar una llamada suya en más de cinco décadas de operaciones. El dato fue confirmado por el periodista especializado Jesús Esquivel en la serie documental “Los más buscados del mundo”, estrenada por Netflix en el año 2020.
Zambada prohibió que sus subordinados pronunciaran su nombre. En las reuniones de más alto nivel del cártel no decía una sola palabra: cuando necesitaba dar una orden, llamaba a un colaborador fuera del recinto y se la dictaba en privado. Usó durante años al Chapo como intermediario público: todas las llamadas interceptadas, todas las negociaciones grabadas, todos los registros de voz que sirvieron de evidencia en el juicio de Nueva York fueron de Guzmán Loera, nunca de Zambada. “Entendió desde joven la importancia de pasar desapercibido”, señaló Esquivel.
Esa disciplina, más que cualquier operativo de seguridad, fue el verdadero escudo que lo mantuvo libre durante 35 años.
La guerra por Tijuana
El Cártel de Sinaloa libró simultáneamente otra disputa territorial igualmente sangrienta: la conquista de Tijuana, entonces controlada por el Cártel de los Arellano Félix. El conflicto entre ambas organizaciones arrancó a principios de los años 90, cuando los hermanos Arellano Félix intentaron asesinar a Zambada en al menos dos ocasiones, incluida una oferta de 3 millones de pesos por su cabeza.

El episodio que marcó el punto de quiebre ocurrió el 10 de febrero de 2002, durante el Carnaval de Mazatlán. Ramón Arellano Félix, el brazo operativo del cártel, llegó a la ciudad con la intención de asesinar a Zambada. Murió en un tiroteo con un policía ministerial en la zona hotelera.
Según documentos judiciales, fue El Chapo quien ordenó la parada de tráfico que derivó en la muerte de Ramón, aunque la versión oficial la atribuye a una revisión rutinaria. La disputa se extendió por casi dos décadas más.
El quiebre definitivo llegó desde adentro. En 2008, cuando Eduardo Arellano Félix fue detenido, Teodoro García Simental, “El Teo”, uno de los principales operadores del cártel tijuanense, rompió con la facción de Luis Fernando Sánchez Arellano y se alió con el Cártel de Sinaloa.
Desde Tijuana, donde siguió operando, desató una guerra interna que disparó los homicidios en la ciudad. Fue capturado en enero de 2010 en La Paz, Baja California Sur. Para entonces, el Cártel de Sinaloa ya controlaba la plaza. Los hermanos Arzate García, alineados con la facción de El Mayo, quedaron como jefes de plaza en la ciudad.
La designación terrorista
El 20 de febrero de 2025, el Departamento de Estado de Estados Unidos designó formalmente al Cártel de Sinaloa como organización terrorista extranjera (FTO) y como terrorista global especialmente designado (SDGT). La medida, impulsada por el gobierno de Donald Trump, también alcanzó al Cártel Jalisco Nueva Generación, al Cártel del Golfo, al Cártel del Noreste, a los Cárteles Unidos y a la Nueva Familia Michoacana.
Las consecuencias jurídicas son directas: cualquier persona o empresa bajo jurisdicción estadounidense que proporcione apoyo material a estas organizaciones, es decir, dinero, servicios, asesoría, transporte, comete un delito federal. Los activos de los integrantes designados quedan bloqueados en el sistema financiero de Estados Unidos.
Sus miembros son inadmisibles en territorio norteamericano y pueden ser deportados si ya se encuentran en él. Lo que hace el dato aún más llamativo es que El Mayo lo anticipó con cuatro años de antelación: en su conversación con Diego Enrique Osorno .
La captura: la traición del ahijado y una guerra sin fin
El 25 de julio de 2024, Ismael Zambada aterrizó en un aeródromo privado de Santa Teresa, Nuevo México, a bordo de un avión Beechcraft King Air. Lo acompañaba Joaquín Guzmán López, hijo de El Chapo y ahijado del propio Zambada. Al bajar del avión, fue detenido por agentes del FBI.
Según la carta que el capo envió desde prisión, fue víctima de una trampa. Guzmán López le hizo creer que viajaban al norte de México para inspeccionar posibles pistas de aterrizaje clandestinas. En cambio, lo subió a un avión rumbo a Estados Unidos. La Fiscalía General de la República (FGR) emitió una orden de aprehensión contra Guzmán López por el presunto secuestro y lo acusó de traición a la patria.
Durante la operación, el político sinaloense Héctor Melesio Cuén, exrector de la Universidad Autónoma de Sinaloa, fue asesinado. Dos escoltas de Zambada, José Rosario Heras López y Rodolfo Chaídez, desaparecieron y no han sido localizados. La FGR mantiene abiertas siete investigaciones y 32 órdenes de aprehensión vinculadas al caso.
La caída de Zambada desató de inmediato una guerra interna entre Los Chapitos y La Mayiza, las dos facciones del Cártel de Sinaloa. En sus primeros diez meses, ese conflicto dejó más de mil 600 asesinados, mil 800 desaparecidos, más de 100 bloqueos carreteros, el incendio de más de 50 viviendas y el desplazamiento forzado de al menos 3 mil familias en zonas rurales de Sinaloa.
La carta de aceptación
El pasado 6 de julio de 2026, el abogado Frank A. Pérez entregó al juez Brian M. Cogan un memorando de sentencia en nombre de Zambada. El texto central es directo: “El acusado Ismael Zambada García se ha declarado culpable, plenamente consciente de que la consecuencia será una sentencia obligatoria de cadena perpetua. Él acepta este resultado y no solicita al Tribunal que lo sentencie fuera de la ley”.

La defensa aclaró además que el capo no buscará, ni en el futuro, ninguna reducción de condena, y que instruyó a sus abogados desde el primer día para no interponer mociones ni alargar el proceso. El único pedido concreto es el penal: Zambada, de 76 años, padece diabetes, hipertensión y problemas en las rodillas, y solicita cumplir prisión de por vida en una instalación médica federal.
Este lunes 20 de julio, ante el mismo juez que condenó al Chapo y a García Luna, se dicta la sentencia formal.
PUBLICIDAD
PUBLICIDAD
Más Noticias
Enrique Peña Nieto cumple 60 años y así lo felicitó su hijo Alejandro Peña
El expresidente vive actualmente en Madrid, España, desde donde mantiene un perfil bajo y alejado de la actividad política

Para el embajador Ronald Johnson la condena a “El Mayo” Zambada envía “un mensaje claro” a los criminales
El representante diplomático de Estados Unidos en México afirma que quienes distribuyen fentanilo terminarán por responder

Caso Mayo Zambada: ¿cómo actúa una persona con deterioro mental o alzheimer?
Durante su audiencia en Nueva York el juez señaló que el narcotraficante comienza a tener signos de deterioro cognitivo

Precio de la mezcla mexicana de petróleo de este lunes 20 de julio
Los precios de la mezcla mexicana de petróleo son actualizados diariamente por la página web de Pemex

Fede Vigevani confiesa por qué entró a La Casa de los Famosos México 2026, “no fue por dinero”
El youtuber uruguayo reveló lo que piensa de sus compañeros y parte de su estrategia en el reality show de Televisa
