
El inicio del Mundial 2026 en la Ciudad de México coincide con una serie de movilizaciones sociales que han suscitado comparaciones con los movimientos estudiantiles de 1968 y 1971. Sin embargo, para el Dr. Óscar Castro, investigador del Departamento de Ciencias Sociales y Políticas de la Universidad Iberoamericana, estas analogías resultan inadecuadas y simplistas, ya que el contexto actual es radicalmente diferente, tanto en las condiciones políticas como en la naturaleza de las protestas.
El especialista sostiene que, a diferencia de los años previos a las represiones históricas, hoy existen canales institucionales y democráticos que permiten la expresión ciudadana, el diálogo y la negociación. Las manifestaciones que acompañan el arranque del torneo de futbol no corresponden a un único movimiento ni responden a una agenda unificada, sino que reflejan la diversidad de demandas presentes en la sociedad mexicana.
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Resulta esencial evitar los paralelismos automáticos con el pasado y comprender los matices que distinguen a la coyuntura actual. “Ni estamos frente a un movimiento como en aquellos años, ni estamos en un régimen como en aquellos años”, aseguró al analizar la situación.
Diversidad de demandas y coincidencia de expresiones sociales ante el Mundial 2026
La denominada “megamarcha” prevista para el día de la inauguración del Mundial reúne actores como docentes, colectivos de familiares de personas desaparecidas, transportistas y otros grupos con exigencias particulares.
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El académico manifestó que la coincidencia de estas expresiones no implica una unidad de objetivos ni de estrategias, sino que refleja la decisión de aprovechar la atención internacional derivada del evento deportivo para visibilizar causas propias.

Cada colectivo presenta problemáticas y reivindicaciones distintas. Por ejemplo, el magisterio busca cambios en el sistema de pensiones, mientras que los familiares de desaparecidos exigen avances en la búsqueda y localización de sus seres queridos. El fenómeno de la convergencia en el espacio público responde a la lógica de utilizar escenarios de alta exposición mediática para amplificar la voz de quienes, en otros momentos, enfrentan indiferencia o invisibilidad.
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Las movilizaciones desde la óptica de la legitimidad de sus demandas y los mecanismos de diálogo es más relevante que enfocarse en la identidad política de quienes las encabezan o de quienes gobiernan. Las marchas, enfatiza, no son patrimonio de una ideología específica, sino herramientas legítimas para llamar la atención sobre derechos vulnerados, justicia social o insuficiencias en las políticas públicas.
Manifestaciones, memoria y función simbólica
El investigador también señaló la atención sobre el carácter simbólico de varias de las movilizaciones, especialmente aquellas que evocan hechos históricos como el Halconazo o el movimiento de 1968. En estos casos, la marcha busca preservar la memoria colectiva y exigir justicia para las víctimas, más allá de los efectos prácticos inmediatos.
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Aunque las acciones de protesta pueden causar molestias, como alteraciones en la movilidad urbana, Castro invitó a la ciudadanía a reflexionar sobre los motivos que las originan. “Uno puede verse afectado por el tráfico o por el cierre de una vialidad, pero también es importante preguntarse qué problema está tratando de visibilizar esa manifestación”, explicó.
De este modo, la protesta se convierte en un ejercicio de visibilización y de reclamo social que pone sobre la mesa asuntos a menudo relegados en la agenda pública.
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Copa del Mundo y movilización: ámbitos autónomos pero convivientes
Las demandas sociales presentes en las calles no desaparecerán por el ambiente festivo del Mundial, ni tampoco se resolverán con los éxitos deportivos. Asuntos estructurales como la reforma de pensiones o la crisis de desapariciones requieren respuestas de largo plazo y no admiten soluciones inmediatas ligadas al calendario futbolístico.
Para el especialista, futbol y protesta no son incompatibles. La Copa del Mundo puede ser motivo de celebración colectiva y, simultáneamente, un catalizador para discutir los grandes desafíos nacionales. La clave está en mantener una mirada crítica y consciente: “Uno puede ser muy crítico con la utilización del Mundial para ciertos intereses y, al mismo tiempo, alegrarse cuando gana la selección”.
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