
En la historia de la Copa Mundial de la FIFA hay momentos que quedan marcados no solo por campeones o goles memorables, sino también por hitos simbólicos. Uno de ellos ocurrirá en Monterrey el próximo 20 de junio de 2026, cuando Japón y Túnez disputen en el Estadio Monterrey el partido número 1000 en la historia de la Copa del Mundo.
Ese encuentro, correspondiente a la fase de grupos del torneo que organizarán México, Estados Unidos y Canadá, tendrá un significado especial para la ciudad regiomontana, que se prepara para recibir a miles de aficionados internacionales. Con ese horizonte en mente, el pasado 27 de febrero se celebró en el Estadio BBVA el “Conversatorio Japón-México rumbo a la Copa Mundial 2026”, un encuentro que reunió a diplomáticos, exfutbolistas y especialistas para reflexionar sobre el papel del fútbol como puente entre ambos países.

El evento congregó a cerca de sesenta personas, entre representantes de medios de comunicación, autoridades del estado de Nuevo León, integrantes de la Embajada de Japón en México, representantes de la Asociación de Futbol de Japón (JFA), miembros de la FIFA y directivos de empresas japonesas instaladas en la región. Entre los asistentes también destacaban niños mexicanos y japoneses vestidos con las camisetas de sus respectivas selecciones, una imagen que anticipaba el espíritu del encuentro.
Viejos amigos en la cancha
El embajador de Japón en México, Kozo Honsei, abrió el conversatorio recordando que la relación entre ambos países también se ha construido en los terrenos de juego. Según explicó, Japón y México han protagonizado encuentros memorables que reflejan una amistad deportiva que se ha fortalecido con el paso del tiempo.
Uno de los episodios más recordados ocurrió durante los Juegos Olímpicos de México 1968, cuando Japón derrotó al equipo anfitrión para obtener la medalla de bronce en fútbol. Décadas después, en los Juegos Olímpicos de Tokio celebrados en 2021, ambas selecciones volvieron a encontrarse en el partido por el tercer lugar. En aquella ocasión, México obtuvo la medalla de bronce frente al conjunto japonés.
Para el embajador, estas coincidencias ilustran una relación marcada por el respeto y la reciprocidad entre dos selecciones que se han enfrentado en momentos significativos del fútbol internacional.
También evocó un episodio reciente que capturó la atención de aficionados de ambos países. Durante la Copa Mundial Sub-17 celebrada en Catar en noviembre pasado, jugadores de las selecciones juveniles de Japón y México compartieron hotel de concentración y protagonizaron escenas de camaradería que se volvieron virales en redes sociales. Los jóvenes futbolistas intercambiaron gestos de apoyo y respeto mutuo, mostrando cómo la rivalidad deportiva puede coexistir con una amistad genuina entre equipos que comparten la misma pasión por el fútbol.

Monterrey rumbo al Mundial
El gobernador del estado de Nuevo León, Samuel Alejandro García Sepúlveda, aprovechó el encuentro para subrayar los preparativos de la región rumbo al Mundial de 2026. Monterrey será una de las sedes del torneo y el Estadio BBVA albergará varios encuentros, entre ellos el histórico partido número 1000.
Durante su intervención, García destacó los esfuerzos del estado para garantizar seguridad, infraestructura y conectividad durante el evento. También resaltó la cercanía de Monterrey con ciudades estadounidenses como Dallas y Houston, desde donde se espera que lleguen numerosos aficionados.
La selección japonesa disputará su primer partido del torneo en Dallas, el segundo en Monterrey y el tercero nuevamente en Dallas, lo que facilitará la movilidad de los seguidores del equipo asiático entre ambas sedes.
El gobernador también promovió la identidad regional bajo el lema “El Mundial más norteño”, destacando elementos culturales que caracterizan a Nuevo León, desde su gastronomía —carne asada, cabrito y tortillas de harina— hasta sus paisajes naturales, como la Huasteca o el emblemático Cerro de la Silla.
En el Parque Fundidora, uno de los espacios más representativos de la ciudad, se planea organizar un Fan Festival que podría reunir a más de cien mil personas para celebrar el torneo.
Tres miradas del fútbol entre México y Japón
La parte central del conversatorio estuvo dedicada a tres figuras vinculadas al fútbol de México y Japón: el exdelantero mexicano Luis Hernández, el excapitán de la selección japonesa Makoto Hasebe y el entrenador Ryota Nishimura.

Luis Hernández, conocido como “El Matador”, aportó al diálogo su experiencia como mundialista. El exjugador mexicano, recordado por ser el máximo goleador de México en una sola edición de la Copa del Mundo —Francia 1998—, evocó su experiencia en el Mundial de 2002 celebrado en Japón y Corea del Sur.
Según relató, uno de los aspectos que más lo impresionó fue el civismo de los aficionados japoneses y el respeto que muestran hacia el rival y hacia el propio juego.
Hernández también destacó la hospitalidad que los visitantes podrán encontrar en Monterrey durante el Mundial. Como residente de la ciudad, señaló que la afición regiomontana sabrá recibir a los aficionados extranjeros con entusiasmo y cercanía.
Un sueño que nació en México 86
Makoto Hasebe, excapitán de la selección japonesa y actual integrante de su cuerpo técnico, es una de las figuras más respetadas del fútbol japonés. Participó en tres Copas del Mundo —Sudáfrica 2010, Brasil 2014 y Rusia 2018— y portó el brazalete de capitán en cada una de ellas.
Durante el conversatorio recordó su etapa bajo la dirección del técnico mexicano Javier “El Vasco” Aguirre, quien dirigió a la selección japonesa entre 2014 y 2015. Hasebe destacó la claridad y la intensidad con la que el entrenador transmitía sus ideas al equipo.
También compartió una anécdota personal sobre el origen de su vocación futbolística. Su sueño de jugar un Mundial nació cuando tenía apenas cinco o seis años, al ver en video partidos del Mundial de México 1986 y las actuaciones de Diego Maradona.
Aquellas imágenes marcaron el inicio de una carrera que años después lo llevaría a disputar tres Copas del Mundo.
Ante las preguntas sobre el clima de Monterrey en junio, Hasebe explicó que el equipo japonés suele preparar cuidadosamente cada sede mundialista. El horario nocturno del partido —a las 10 de la noche— ayudará, según comentó, a que las condiciones sean favorables para el juego.

Un puente entre dos culturas
Ryota Nishimura ha construido una trayectoria singular dentro del fútbol mexicano. A lo largo de los años ha formado parte de los cuerpos técnicos de clubes como Cruz Azul, Santos Laguna, Querétaro, Necaxa y Pachuca, además de colaborar con la selección mexicana.
Fue integrante del equipo de trabajo de Jaime Lozano durante los Juegos Olímpicos de Tokio en 2021, cuando México obtuvo la medalla de bronce tras derrotar precisamente a Japón.
Durante el conversatorio, Nishimura recordó con humor que en Tokio algunos lo llamaban “espía” por ser japonés trabajando para México, aunque aseguró haber disfrutado la victoria mexicana como el que más.
Para Nishimura, el vínculo entre ambos países se explica por una complementariedad cultural. México aporta pasión, calidez y cercanía familiar, mientras que Japón contribuye con orden, disciplina y estructura. Esa combinación, explicó, ha favorecido el intercambio futbolístico entre ambos países en las últimas décadas.
El ritual del Daruma
En el encuentro se realizó una ceremonia simbólica que reflejaba el espíritu del evento. Los participantes pintaron el primer ojo de un muñeco Daruma, una figura tradicional japonesa asociada con la perseverancia y el cumplimiento de metas.
Según la tradición, el primer ojo se pinta al fijar un objetivo —en este caso, el éxito de las selecciones en el Mundial— y el segundo se completa cuando la meta se alcanza.
Durante la ceremonia, los invitados también firmaron un balón conmemorativo del Mundial de 2026.

Sombreros y sueños
Hacia el final del evento, niños mexicanos y japoneses subieron al escenario con las camisetas de sus respectivas selecciones para tomarse una fotografía con los invitados. Algunos de ellos recibieron sombreros norteños, un gesto que combinaba símbolos del fútbol con elementos de la cultura local. La escena reflejaba el ambiente de convivencia que marcó el conversatorio y anticipaba el espíritu con el que Monterrey espera recibir a los aficionados internacionales durante el Mundial.
Dentro de unos meses, cuando Japón y Túnez disputen el partido número 1000 en la historia de la Copa del Mundo, Monterrey no solo será sede de un encuentro futbolístico. También será escenario de un momento que recuerda cómo el deporte puede acercar culturas, historias y generaciones.
Entre un sake y un tequila, el fútbol seguirá hablando un idioma que ambos países entienden muy bien.
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