
El estreno de la serie Chespirito: sin querer queriendo en la plataforma Max ha reavivado el interés por la historia detrás del nacimiento de uno de los personajes más icónicos de la televisión latinoamericana: El Chavo del 8.
Sin embargo, para quienes han seguido de cerca la trayectoria de Roberto Gómez Bolaños, las escenas del programa biográfico no coinciden del todo con el relato plasmado por el comediante en su libro autobiográfico Sin querer queriendo.
Es por eso que aquí comparamos ambas versiones.
El origen de El Chavo del 8 según la serie de Max
En el cuarto episodio de Chespirito: sin querer queriendo, se presenta el momento en que Rubén Aguirre decide irse del programa de Chespirito, por lo que Bolaños se ve en la necesidad de pensar un nuevo sketch.
En una escena en la que el personaje de Roberto Gómez Bolaños lleva a sus hijos al parque sucede un altercado entre sus pequeños y un globero, lo cuál despierta en él la idea para un nuevo personaje.

La serie establece un puente emotivo con el pasado, donde Roberto -de niño- se habría quedado a vivir por un tiempo con otros familiares y de ahí vendrían destellos de la personalidad y concepto del Chavo.
Según la narrativa del proyecto, fue tras ese paseo con sus hijos que decidió retomar y reformular esa idea.
La serie también sugiere que en un inicio los directivos de la televisora no tenían fe en el proyecto, pensando que era un programa dirigido exclusivamente para niños.

Bolaños les responde que no era sólo un producto infantil, sino una forma de retratar temas universales como la amistad, el amor, la pobreza o el abandono.
El origen de El Chavo del 8 según Chespirito
En su autobiografía Sin querer queriendo, Gómez Bolaños cuenta una versión con semejanzas, pero también con algunas diferencias.
Según el propio Chespirito, todo comenzó cuando Rubén Aguirre, quien interpretaba a Lucas Táñeda en el sketch Los Chifladitos, recibió una oferta para trabajar como animador en Canal 2.
Al no poder sustituirlo fácilmente, Bolaños decidió cancelar ese segmento y reemplazarlo con algo completamente nuevo.

Durante unos días, según narra el propio Bolaños, estuvo buscando qué escribir hasta que reutilizó material sobrante de un sketch anterior sobre un niño pobre que discutía con un vendedor de globos.
Este niño fue representado por él mismo, y el globero, por Ramón Valdés. La respuesta fue buena, por lo que decidió seguir desarrollando ese personaje. Poco después, el personaje recibió el nombre de El Chavo.

“Mientras seguía cavilando, repetí la receta: usé el material sobrante para escribir algo de ambiente similar... Hasta que un par de semanas después bauticé al personaje con el nombre que habría de ser conocido en muchas partes del mundo”, explica el comediante en su autobiografía.
La creación de El Chavo del 8, según su versión, fue espontánea: surgió de la necesidad, de la urgencia creativa y de aprovechar lo que tenía a la mano.
Además, destaca que en ese momento no imaginaba el éxito que alcanzaría el personaje, al punto de rivalizar y hasta superar en fama al Chapulín Colorado.
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