El Proyecto Templo Mayor (PTM), bajo la dirección del arqueólogo Leonardo López Luján, ha logrado recuperar 19 mil 710 elementos de origen orgánico y mineral en una sola ofrenda, la número 178, localizada en el corazón del antiguo Cuauhxicalco, en el primer cuadro de la Ciudad de México.
Este hallazgo, parte de una serie de ofrendas dispuestas en línea recta bajo el piso respecto al adoratorio de Huitzilopochtli, el dios tutelar mexica, representa uno de los avances más notables en la investigación arqueológica del México prehispánico.
La exploración de la caja de ofrenda 178 comenzó en 2019. Desde entonces, los arqueólogos han recuperado 19,710 objetos provenientes de regiones tan distantes como las costas del Golfo de México y el océano Pacífico, hasta la Cuenca de México, en la antigua ciudad de Tenochtitlan.
Entre los hallazgos más notables de la ofrenda 178 se encuentran más de 400 frondas de coral extraídas del Pacífico, posiblemente del extremo sur de la península de Baja California, y 200 estrellas marinas, de las cuales el 95 % corresponde al tipo chispas de chocolate (Nidorellia armata).
Además, se localizó un jaguar hembra ataviado con cascabeles de cobre, capturado en la selva y mantenido en el vivario de Moctezuma Xocoyotzin, tlatoani entre 1502 y 1520 d.C.
López Luján subraya la magnitud de este logro: “¡Imagínate!, en una época en la que no había aviones ni autobuses, en que la mayoría de los trayectos se realizaban a pie. Traer todas esas riquezas y enterrarlas a 2,200 metros de altitud, al pie del Templo Mayor. ¿Quién puede hacer eso? Solo un imperio”.
Báez describe la disposición de los elementos: el jaguar apareció rodeado de una “cantidad brutal de conchas”, con las más pequeñas formando una cama bajo el animal y caracoles vivos, reconocibles porque conservaron el periostraco, la capa exterior de la concha.
Para preservar estos elementos marinos, los mexicas debieron transportarlos en ollas con agua de mar, del mismo modo que mantuvieron con vida al felino hasta el momento de la ceremonia ritual.
El contenido de la ofrenda ofrece una ventana a la biodiversidad de hace cinco siglos. Báez señala que los corales hallados, especies de gorgonias del género Pacifigorgonia, hoy proliferan en Nicaragua pero han desaparecido de las costas mexicanas.
Báez plantea la interrogante sobre las causas de esta pérdida de biodiversidad: “¿Fuimos los humanos los causantes, la sobreexplotación, el cambio climático? No sabemos, pero esas especies ya no existen, o no de esas dimensiones”.
Considera afortunado que la ofrenda, que evidencia la predilección mexica por la organización espacial y el simbolismo, haya permanecido intacta durante 500 años, librándose de la destrucción cuando en 1900 se instaló un colector en la zona.
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