
En la península de Yucatán, en México, florece una singular fruta conocida como piñuela con propiedades para prevenir la osteoporosis y cuyo nombre científico es Bromelia Karatas. Este fruto, característico de las zonas tropicales de América Latina, llama la atención por su forma inusual, similar a un diente de ajo o a un rábano estrecho, y por su sabor, que remite al dulzor de la piña.
Más allá de su exótico sabor y su presencia en la cocina tradicional del sureste mexicano, la piñuela es valorada por generaciones por sus propiedades curativas. Esta fruta se ha empleado en prácticas ancestrales para reforzar huesos, mantener músculos saludables y garantizar un adecuado funcionamiento del sistema nervioso.
Su uso en remedios caseros contra el escorbuto (falta de vitamina C) y para eliminar parásitos internos da cuenta de su importancia en contextos comunitarios donde la medicina convencional no siempre está al alcance.

La piñuela, un tesoro silvestre con poder medicinal y nutricional
Según la Asociación Mexicana de Restaurantes, la piñuela también recibe el nombre de “ch’om” en lengua maya y se incorpora a platillos con frijol, tomate o queso fresco, e incluso se integra a los populares codzitos. Asimismo, es común comerla en salsas o vinagres, lo que la convierte en un ingrediente versátil y profundamente arraigado en la identidad culinaria local.
Con un tono verde intenso al brotar y tonalidades rosadas al alcanzar su punto óptimo, las piñuelas, también llamadas timbiriches, son frutas carnosas que crecen de forma silvestre entre la densa vegetación. Su recolección se concentra entre diciembre y febrero, siendo enero el mes de mayor abundancia.
El portal especializado Animal Gourmet la cataloga como un superalimento por su riqueza en minerales esenciales como magnesio, hierro y calcio. Estos elementos no solo fortalecen la estructura ósea, sino que también previenen afecciones como la anemia o la osteoporosis.
Sus beneficios no se limitan al fruto: las hojas de la planta también han sido integradas a tratamientos naturales, especialmente en el caso de la diabetes tipo 2. Un artículo publicado en Evidence-Based Complementary and Alternative Medicine documenta cómo en Tamala, la curandera Isabel Escalante y personas con esta enfermedad elaboran una infusión con 30 gramos de hojas secas hervidas en un litro de agua, conocida localmente como “Agua de Uso”, para consumirla a lo largo del día.
En el mismo estudio, realizado en 2019, se preparó un extracto acuoso del vegetal para análisis científicos: “El extracto acuoso (WE) se preparó hirviendo 20 g del material vegetal seco con 500 ml de agua, seguido de filtración y liofilización para producir 2,119 g de WE.
El extracto se almacenó a 4 °C para su posterior análisis”, detalla el documento. La investigación incluyó pruebas en ratas Wistar proporcionadas por el Bioterio de la Facultad de Ciencias de la UNAM, bajo condiciones controladas y siguiendo las directrices del Instituto Nacional de Salud (NIH) para el cuidado de animales de laboratorio. Este enfoque multidisciplinario refuerza el potencial de la piñuela como un recurso botánico con aplicaciones más allá del ámbito culinario.

¿Cómo se come la piñuela?
En el norte de Quintana Roo, particularmente en comunidades mayas, la piñuela es un alimento habitual entre la población infantil. Según el libro Transferencia de conocimientos en el uso de alimentos locales subutilizados (Universidad del Caribe, 2023), los niños la consumen con frecuencia, ya sea sola o espolvoreada con chile en polvo.
Esta fruta, aunque poco difundida a nivel nacional, es apreciada en diversas regiones de América Latina; en Venezuela, así como en los estados mexicanos de Chiapas e Hidalgo, suele venderse fresca, en jugo o en aguas de sabor. En Jalisco, su uso ha sido documentado en la elaboración de salsas para acompañar tacos.
Para disfrutarla, primero se pela como un plátano, retirando la cáscara fibrosa que recubre su pulpa. La preparación tradicional consiste en hervirla a fuego medio durante una hora, técnica conocida como sancochado. Una vez cocida, se deja enfriar a temperatura ambiente, momento en que adquiere un sabor más intenso y agradable al paladar. Esta forma de cocción ayuda a suavizar su textura y resaltar su dulzura natural, similar a la de la piña.
El consumo de piñuela no solo responde a gustos regionales, sino también a prácticas heredadas. La cocción y posterior reposo forman parte del conocimiento culinario transmitido por generaciones, permitiendo que esta fruta silvestre continúe vigente en la alimentación diaria. Su adaptabilidad en bebidas, platillos y preparaciones tradicionales refuerza su valor como un ingrediente versátil en contextos rurales y urbanos.
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