
La parroquia de San Juan Bautista, situada en el emblemático barrio de Villa Coyoacán en la Ciudad de México, es más que un simple templo católico; es un reflejo de la historia, la cultura y la arquitectura novohispana.
Erigida sobre un generoso terreno otorgado por Hernán Cortés en 1522, esta iglesia destaca como un símbolo del barroco novohispano y una joya del patrimonio religioso y cultural de la capital mexicana.
Fundada apenas ocho años después de la Conquista, la parroquia fue obra de frailes franciscanos que eligieron un terreno amplio donado por Cortés, quien deseaba afianzar la evangelización y la presencia española en la región.
Según el cronista Salvador Novo, el predio original contaba con un piso de cemento, fachada de cantera roja, muros de piedra volcánica labrada y un adoratorio adornado con chapa de oro. Sobre este terreno, los monjes construyeron, en un período de 30 años (1522-1552), el convento, el templo y la huerta de San Juan Bautista, abarcando casi 20 mil metros cuadrados del actual parque de Coyoacán.

La parroquia ha soportado los embates del tiempo y ha sido reconstruida y remodelada en diversas ocasiones: primero en 1804 y luego de 1926 a 1947, sin perder su esencia.
La Parroquia de San Juan Bautista ha conservado su belleza tanto externa como interna, adornada con valiosas pinturas y detalles arquitectónicos únicos. Originalmente, la iglesia tenía tres naves. La principal, ubicada en el centro, estaba cubierta con vigas de cedro labradas, y el coro y el presbiterio estaban separados al estilo de una basílica romana. Sus puertas de estilo plateresco y las pilas bautismales con caracteres anteriores a la conquista muestran su rica herencia.
La fachada es sobria con arquitectura plateresca, la torre tiene estilo toscano y columnas jónicas y salomónicas, y la cúpula es redonda, reflejando diversas influencias arquitectónicas acumuladas a lo largo de los siglos. Este templo es una mezcla de estilos debido a sus múltiples remodelaciones a lo largo del tiempo.
Asesinato y la aparición de la Virgen

La historia de la Parroquia de San Juan Bautista está llena de anécdotas y eventos significativos. En 1906, el terreno fue tasado en solo 120 pesos. Poco después, se instalaron rejas de fierro para preservar la moral alrededor del templo.
En 1918, se redujo el atrio para dar paso al tranvía eléctrico y los autos, creando la actual Plaza Hidalgo. La propiedad fue adquirida por el gobierno federal por 32 mil pesos, una deuda que fue anulada después de una década.
Durante una remodelación en 1925, la parroquia estuvo cerca de clausurarse debido al mal estado de sus cubiertas de madera. A pesar de propuestas de sustitución por mampostería y la clausura de una escuela adyacente por brindar educación católica, la parroquia resistió y permaneció abierta. En 1934, fue declarada Monumento Histórico por el Gobierno de México.
La parroquia ha sido enriquecida con donaciones de altares de mármol, esculturas y reliquias, como la mano de San Pedro Alcántara en un relicario de plata, y una campana de casi 2 mil kilos. La Capilla del Santísimo Sacramento y la Capilla de las Vírgenes son lugares de especial devoción dentro del templo, dedicadas a la veneración diaria y a las practicas religiosas durante Semana Santa.
En 1934, un motín anticatólico liderado por Tomás Garrido Canabal atacó la iglesia, dejando huella en su historia con la muerte de la mártir María de la Luz Cirenia Camacho González, cuyos restos se preservan en la parroquia mientras avanza su proceso de beatificación.

Otra leyenda narra sobre la misteriosa aparición de rosas generadas por las oraciones de un Hermano Lego en el altar de la Virgen, un simbolismo de la fe y devoción que ha caracterizado al templo.
Se cuenta que, a finales del siglo XX, alrededor de los años 80, apareció una mancha negra con la forma de la Virgen de Guadalupe en una barda de la Parroquia de San Juan Bautista que da hacia el Jardín Hidalgo. Este fenómeno atrajo la atención tanto de fieles como de medios de comunicación y sacerdotes, quienes acudieron al lugar movidos por la curiosidad y la devoción para venerar la figura. Sin embargo, con el paso del tiempo, la imagen ha ido desvaneciéndose, y actualmente, aunque menos prominente, algunos aún la recuerdan y veneran.
Administrada por la Orden Franciscana, la Parroquia de San Juan Bautista maneja diversas capillas en la zona y sigue siendo un centro vital de la fe católica en Coyoacán. El terremoto del 19 de septiembre de 2017 causó daños significativos, como la caída de la cruz del campanario y grietas en su interior, muchas de las cuales aún necesitan restauración.
Este templo, con casi cinco siglos de existencia, continúa siendo un emblema de la historia, la devoción y la resiliencia de la comunidad coyoacanense.
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