
En la madrugada de este 14 de febrero de 2024, diversos sectores de la Ciudad de México experimentaron un sismo de baja intensidad, que, a pesar de su percepción en varias alcaldías, no provocó daños estructurales significativos en infraestructuras. Las zonas donde se sintió con mayor claridad incluyen Magdalena Contreras, Coyoacán, Cuauhtémoc, Álvaro Obregón, Miguel Hidalgo y especialmente en La Condesa.
Según los testimonios de los habitantes, el movimiento telúrico causó sorpresa entre los residentes; sin embargo, las autoridades locales no han reportado situaciones de emergencia ni daños materiales que lamentar. Después de los sismos en CDMX, se presentó otro el sábado 17 de febrero, que generó en redes sociales una conversación respecto a las creencias de los pueblos antiguos en México y los temblores, de la misma forma que mencionaron a Tláloc con las recientes lluvias. Entre las imágenes que se compartieron en estas plataformas respecto a los terremotos y su sincretismo, un dios azteca lideró las tendencias: Tepeyóllot.
Tepeyóllot, el dios de los sismos y relacionado al corazón de la Tierra
Tepeyóllotl, el Dios mexica de los terremotos, cuyo nombre traduce “corazón del monte”, ha sido destacado en estudios recientes por su singular vinculación con el rugir premonitorio que antecede a los sismos. Esta divinidad, representada por la figura de un jaguar, según documentos resguardados en el códice Telleriano-Remensis, emblematiza la potente conexión entre el cosmos y el núcleo telúrico. Información difundida por la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) revela que Tepeyóllotl es una emanación de Tezcatlipoca, ente supremo relacionado con la nocturnidad y la esfera material, que reviste la piel del mencionado felino.

Se considera a Tepeyóllotl responsable de unir el corazón de la Tierra con el del cielo. A través de esta perspectiva mística, los astros se convierten en los puntos que delinean su piel, mientras que el magma, emergente de las entrañas montañosas y teñido de naranja, simula la sangre terrestre, lo que hace alusión directa al color característico del jaguar.
Desde tiempos prehispánicos, los habitantes del Valle de México han estado alerta ante los sismos , un fenómeno natural vinculado con destrozos materiales, también con augurios de enfermedades y muerte. Una de las maneras más ancestrales de predecir estos fenómenos era a través de los sonidos emitidos por las montañas, comparables al rugido de un jaguar, una interpretación que se atribuye a la deidad Tepeyóllotl; de ahí que esta deidad tenga una conexión con estos fenómenos naturales.
El hecho de haber sido representado a través de este felino es también un augurio terrible. El códice Vaticano-Latino considera al jaguar como un animal terrible, cuyo eco de su rugido presagia malos pronósticos. En la antigüedad, cuando se escuchaba un estruendo en las montañas, los mexicas esperaban un temblor bajos sus pies, o se preparaban para afrontar los malos acontecimientos que esta señal presagiaba, según su sistema de creencias.
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