Dune: Awakening llegó a PlayStation 5 y encontró su propio lugar para vivir entre diferentes géneros

Con los pro y los contras de siempre, la mayor virtud de este lanzamiento podría estar justamente en permitirnos vivir Arrakis por cuenta propia

Dune: Awakening, de Funcom.
Dune: Awakening, de Funcom.
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La llegada de Dune: Awakening a PlayStation 5 se hizo esperar para aquellos que no lo habían jugado y habían leído las buenas reseñas de su lanzamiento en PC en 2025. Porque la verdad es que esta versión no es solamente un port, sino que se trata también de la evolución de un título que descubrió que Arrakis puede ser tan interesante con otros jugadores como completamente solo. Jugar entre varios tiene su encanto, pero a veces, encarar una campaña en solitario, también tiene su magia.

Cuando Funcom presentó Dune: Awakening, la gran pregunta era cómo funcionaría el universo de Dune como MMO de supervivencia. La respuesta se dio sola. Con su llegada a PlayStation 5 y la incorporación de una experiencia completamente para un jugador, la pregunta cambió, incluso con los buenos resultados sobre la mesa: ¿realmente Dune: Awakening necesitaba ser un MMO para funcionar? En este caso, la respuesta es bastante interesante y es la que nos lleva a escribir esta nota de opinión. Porque el mayor logro de este juego no está necesariamente en su combate ni en su estructura online, sino en conseguir que Arrakis sea el verdadero protagonista.

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Dune: Awakening, de Funcom.
Dune: Awakening, de Funcom.

El agua, el calor, las tormentas, los gusanos, los refugios, la construcción y la fabricación no funcionan como elementos random y mecánicas de supervivencia colocadas sobre una licencia conocida. No es un “skin” tirado sobre un gameplay en formato de “template”. Todo lo que sucede está directamente relacionado con las condiciones que ofrece el planeta. Recolectar recursos tiene sentido porque estamos intentando sobrevivir. Construir tiene sentido porque necesitamos protegernos, claro. Evitar una tormenta también tiene sentido porque sabemos lo que puede hacerle a nuestro personaje. Esa conexión entre ambientación y mecánicas es probablemente lo que mejor consigue Dune: Awakening, incluso cuando el inevitable ciclo de recolectar, fabricar y mejorar puede terminar resultando repetitivo. Hay un “¿por qué?” que se justifica todo el tiempo, sin dejar cabos sueltos en el jugador.

Y ahí es donde comienza la paradoja, porque -vale recordar- estamos hablando de un título que fue concebido alrededor de un mundo compartido que, ahora, funciona de forma soberbia cuando estamos solos. El modo de un jugador elimina parte de lo que hacía tan particular y potente a su propuesta original. Ya no hay otros jugadores construyendo por acá y por allá, ni comerciando, ni compitiendo por recursos o apareciendo inesperadamente en medio del desierto sólo para interrumpir (o molestar, por qué no) en nuestro camino. Todo esto convierte el concepto de Arrakis en algo mucho más íntimo, personal. La soledad deja de ser una limitación y pasa a formar parte de la osadía de la supervivencia. Funcom incluso modificó sistemas y parámetros para que esta experiencia individual tenga mucho más sentido.

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Dune: Awakening
Dune: Awakening, de Funcom.

Claro que hay un precio, pero siento que era algo predecible si tenemos en cuenta cómo se desarrolla un juego cooperativo y un “single player”. Un MMO puede generar situaciones que muy pocos autores logran describir (como George R. R. Martin, Andrzej Sapkowski o, bueno, el mismísimo Frank Herbert): alianzas, conflictos, economías, pueblos, traiciones, arquitectura imponente y enfrentamientos épicos. Dune, obviamente, posee una historia preparada para eso por la obsesión con el poder, las casas y el control de las especias. Al reducir esa dimensión social, Dune: Awakening pierde -por así decirlo- parte de su identidad original. Pero también gana algo que puede ser igual de importante, como la libertad para explorar Arrakis e imponer a esta aventura nuestro propio ritmo, sin que otros jugadores determinen constantemente lo qué significa (o no) el hecho de sobrevivir. Libertad, y libre albedrío, dos cosas que no son poco pedir.

Por eso, quizás el verdadero experimento de Funcom no haya sido convertir Dune en un MMO, sino descubrir qué significa sobrevivir en Arrakis cuando todas las capas que rodean al género desaparecen. Este port hacia la consola de Sony tiene sus particularidades, no vamos a mentir, especialmente en la adaptación de controles, pero la experiencia general demuestra que la fórmula funciona incluso cuando se juega de manera completamente individual. Es un juego sólido, tal como comentamos en nuestra review, y salvando todo lo que hablamos en esta nota, muchos de los pro y los pequeños contras, se mantienen intactos.

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