Beastro, el juego donde la gastronomía se vuelve algo relajante

Timberline Studio debuta con un juego que combina ingredientes aparentemente dispares, pero que resultan en un plato fuerte

Guardar
Beastro, de Timberline Studio.
Beastro, de Timberline Studio.

Como con cualquier expresión artística, incluso como con cualquier cosa en la vida, la repetición suele terminar saturando. Seguramente existan casos particulares donde esta regla no se cumpla, pero es verdad que cuando aparece un nuevo movimiento prima la sorpresa, y en la repetitividad, esa sorpresa comienza a diluirse. En ese momento es donde muchos entienden que para seguir en ese movimiento, hay que innovar, proponer algo nuevo, diferente. Al menos aportar nuevos matices o formas de encararlo. En el ámbito de los videojuegos, pasó (y sigue pasando) con la gran mayoría de géneros y subgéneros que existen, y los “cozy games” -claramente- son son la excepción.

Por eso mismo, lejos de conformarse con repetir la fórmula de los “cozy games”, Beastro apuesta por combinar géneros que, en principio, parecen difíciles de hacer coincidir. El debut de Timberline Studio mezcla simulación de granja, administración de un restaurante, minijuegos de cocina y combates con cartas, pero evita que cada sistema funcione como una actividad aislada, y ahí es donde se encuentra la magia. La gran virtud de la propuesta está en conectar todas esas piezas dentro de un mismo ciclo, logrando que cada decisión tomada en la cocina tenga consecuencias reales fuera de ella.

PUBLICIDAD

Beastro, de Timberline Studio.
Beastro, de Timberline Studio.

La aventura transcurre en Palo Pori, un pueblo amenazado por criaturas donde controlamos a Panko, un joven chef que debe hacerse cargo del restaurante tras la desaparición de su mentor. Mientras los Caretakers —los verdaderos héroes encargados de combatir a los monstruos— salen a explorar el mundo, nuestro papel consiste en cultivar ingredientes, criar animales, pescar, cocinar y preparar los platos que les darán las herramientas necesarias para sobrevivir. Esta estructura divide cada jornada en tres momentos bien definidos: la recolección de recursos por la mañana, el servicio del restaurante durante la tarde y las expediciones nocturnas, donde el juego cambia por completo de registro.

Es precisamente en esa relación entre cocina y combate donde Beastro encuentra su identidad. Los ingredientes no solo sirven para completar recetas: determinan las cartas que recibirán los Caretakers durante sus expediciones. Hierbas, frutas, raíces y otros alimentos generan efectos diferentes, mientras que las preferencias y antojos de cada personaje modifican todavía más la estrategia. En lugar de añadir un sistema de cartas como un complemento, Timberline Studio convierte la planificación del menú en el corazón de toda la experiencia, obligando al jugador a pensar varios días por adelantado para preparar el mazo más conveniente.

PUBLICIDAD

Cuando llega la noche, las aventuras de los Caretakers se representan mediante un encantador teatro de marionetas, uno de los recursos visuales más originales del juego. Allí aparece otro de los grandes aciertos de Beastro: un sistema de combate inspirado en los juegos de bazas, donde no basta con jugar la carta más poderosa, sino que es necesario responder correctamente a las jugadas del enemigo. El resultado ofrece una dinámica diferente a la de los deckbuilders más populares y consigue que la preparación previa cobre todavía más importancia. Eso sí, varios de sus sistemas tardan demasiado en mostrar toda su profundidad, y la explicación de conceptos como el equilibrio de sabores o los antojos de los Caretakers deja margen para la confusión durante las primeras horas.

Beastro, de Timberline Studio.
Beastro, de Timberline Studio.

No todo funciona con la misma solidez. Los minijuegos culinarios cumplen su función durante las primeras jornadas, pero terminan volviéndose repetitivos una vez que el jugador domina sus mecánicas. A esto se suma un tramo intermedio donde la rutina diaria pierde algo de impulso antes de desbloquear nuevos Caretakers y ampliar las posibilidades estratégicas. También, los enfrentamientos contra ciertos jefes pueden depender demasiado de las cartas disponibles en cada partida, generando derrotas que se sienten más producto del azar que de una mala planificación. Aun así, el juego mantiene un enfoque poco punitivo, permitiendo progresar incluso después de un intento fallido.

Con una dirección artística cargada de personalidad, personajes memorables y una atmósfera cálida que acompaña toda la aventura, Beastro demuestra que todavía hay espacio para innovar dentro del género cozy sin abandonar su esencia. Su mayor logro no está en reunir muchas mecánicas distintas, sino en hacer que todas trabajen para un mismo objetivo. Puede que algunos sistemas necesiten mejores tutoriales y que el ritmo decaiga en determinados momentos, pero la idea de convertir cada plato servido en una decisión estratégica para el combate consigue darle una identidad propia. Para un estudio debutante, es una carta de presentación que deja claro que todavía quedan recetas nuevas por descubrir.

PUBLICIDAD

PUBLICIDAD