
Si hay algo llamativo que tienen los city-builders, al menos para quien suscribe, es que te permiten jugar a tu ritmo. Y ese ritmo, fuese cual fuese, dependiendo de cada jugador, tiene su recompensa inmediata garantizada por el concepto de la evolución. ¿A qué me refiero con esto? En este tipo de juegos, cada decisión que tomamos se ve reflejada en la evolución de la ciudad, comunidad o área que estemos construyendo. Puede ser positiva o negativa, claro, dependiendo qué hayamos hecho, pero el impacto lo vemos siempre de forma inmediata.
Algunos podrán decir que estos juegos “tardan” en dar sus frutos: una comunidad funcional no se construye en segundos. Y es verdad. Yo me refiero más a la satisfacción de la experiencia. Construir una comunidad quizás lleve tiempo, pero dar el primer paso es inmediato y ese sentimiento de participación es instantáneo.
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Town to City sigue con la fórmula conocida del género, pero encuentra su propio lugar prestando atención a los pequeños detalles. El nuevo juego de Galaxy Grove apuesta menos por la complejidad económica extrema de títulos como Anno 1800 y más por transformar la construcción en una experiencia relajada, estética y casi artesanal.
Sin llegar a serlo, la búsqueda de la experiencia es más acorde a un cozy game que a un city-builder de pura cepa. Y no está para nada mal esa mixtura.
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Su identidad queda clara desde los primeros minutos, sobre todo en su apartado estético que abraza, casi con certeza, el estado emocional del juego. Cuenta con un estilo visual voxel (como The Touryst, por ejemplo), mapas variados y una paleta de colores alegres, para terminar de marcar el tono. Town to City nos sitúa al frente de un pequeño asentamiento destinado a crecer hasta convertirse en un núcleo urbano mucho más ambicioso.
Al centrarse en los pequeños detalles, como decía antes, cada árbol, banco, farol, mercado, vivienda o arreglo floral puede colocarse manualmente, hasta el punto de definir la personalidad exacta de cada barrio. El nivel de personalización importa para dotar de personalidad nuestro avance.
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Esa profundidad es, quizás, el elemento más fuerte de la propuesta. Las decoraciones reaccionan dinámicamente al entorno, algo tan simple como unas flores pueden modificarse en color, posición o forma de uso. Todo esto da por resultado un city-builder donde dos ciudades construidas con las mismas herramientas pueden terminar luciendo completamente diferentes, y ahí reside la magia.
La inspiración en los cozy games no se queda solamente en la estética pulida y los ambientes cálidos, sino que también aparece en la música suave, las iluminaciones nocturnas y los ciudadanos que recorren toda la ciudad, como disfrutando de ella, como siendo partícipes de nuestras decisiones estéticas.
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Respecto a su gameplay, hay algo también muy particular en Town to City, y es que -a toda costa- evita el castigo constante de otros exponentes del género, donde el más mínimo paso en falso puede hacer caer todo un imperio. Pero no por eso resulta simplista. Hay necesidades que cubrir, tenemos que cerciorarnos de la felicidad de nuestros habitantes, avanzar hacia adelante respecto a las clases sociales y, lógicamente, cadenas de producción que administrar para que la parte más industrial del juego, prospere.
Pero no por todo esto sentimos presión. Es más bien un sentimiento de avance, de crecimiento. El juego incluso nos incentiva a experimentar con el “prueba y error” sin caer en repercusiones abismales. En lugar de plantarse sobre una simulación hostil y perfeccionista, ofrece un ritmo pausado donde podemos invertir horas perfeccionando una plaza o dejando como nos gusta el frente de una casa en particular dentro de un barrio.
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Creo que la mejor forma de definir a este título, es como la invitación a cualquier jugador a exponer su visión creativa. Es como aquellos que juegan Minecraft para construir, dejando a sus amigos la parte de supervivencia y recolección de materiales. O como aquellos que juegan The Sims por su oferta edilicia creativa y no tanto para hacer prosperar a una familia.
Town to City tiene algunas cosas para pulir, principalmente en algunas de sus interfaces, pero consigue algo cada vez menos común dentro del género: sentirse íntimo. Los pequeños diálogos, la progresión, los sistemas de investigación y la constante aparición de nuevos elementos de decoración construyen una dinámica de crecimiento muy difícil de abandonar. Es un título acogedor y profundamente personal.
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