
Después de años de sequía en cuanto a nuevas iteraciones de la franquicia Silent Hill, Konami decidió que la década del ‘20 sería el regreso triunfal de la franquicia. Ya hace más de tres años que hicieron el evento virtual donde anunciaron que volvería, y la mayor parte de los videojuegos anunciados en ese día ya están en el mercado. Pero ese día no solo se anunciaron videojuegos.
Silent Hill en el cine es una experiencia complicada. La primera película del 2006 intenta adaptar de la mejor manera posible lo ambiguo y metafórico de muchas de las cuestiones que atraviesan a Silent Hill, y lo logra, aun con sus fallas. La segunda película, del 2012, directamente elimina todo lo bueno que se hizo en esa primera interacción y ofrece una de las peores adaptaciones de videojuegos al cine. Por eso, cuando se anunció esta nueva película, la expectativa era moderada: volvía Silent Hill al cine. La idea de borrar esa secuela del “canon”, de adaptar el segundo videojuego (de los más queridos) y de volver a traer al director de la primera película parecían buenas decisiones en pos de dar un paso al frente y confirmar que Silent Hill es una historia a contar en varios lenguajes.
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En esta nueva adaptación estaremos en la piel de James Sunderland (Jeremy Irvine), quien ha sufrido una pérdida sumamente importante y se encuentra todo el tiempo con una fuerte alteración de la realidad y con la motivación de regresar constantemente a Silent Hill. Explicar mucho más de la trama sería arruinar un poco el chiste, ya que gran parte de la adaptación intenta desordenar el orden de los hechos para que el espectador pueda ir reconstruyéndose en su cabeza.
Debo decir que de las cosas que más aprecio de esta adaptación son ciertos guiños a momentos específicos del juego, que intentan ser lo más fieles a la obra original y muchas veces están calcados uno con el otro. La primera película de Silent Hill brilla por separarse de la obra original y lo hace bien, pero en este caso, la misma estrategia no funcionó. Todo lo que se va de Silent Hill 2 parecería estar hecho a medias.
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La película falla en varios frentes. Hay una manera de contar la historia lenta y confusa, con una intencionalidad de dejar puertas abiertas pero la mayor parte de ellas terminan cerrándose. Hay escenas enteras dedicadas a explicarle al espectador qué es lo que ve, incluso cuando en el juego gran parte de su encanto es dejar esos interrogantes. Creo que donde más falla esta película es en intentar ser algo nuevo: Silent Hill 2 era una historia fenomenal, y no hace falta explicar más nada para que tenga su encanto.
A su vez, se introducen un montón de narrativas para intentar enganchar esta película a lo que fueron las anteriores dos, con una temática de sectas y abuso de poder, abuso familiar que no terminan de encajar en el esquema general, y al final de la película parecieran no tener sentido alguno. Sacarlas de la trama no hubiera afectado en absolutamente nada al espectador. No tienen propósito de estar.
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Hay una búsqueda concreta de convertir a la película en videojuego y muchos planos responden a estímulos que habitualmente vemos en apartados lúdicos. Me parece valorable la idea de intentar aplicar algo así en pos de la misión de “adaptar” un videojuego a película, pero como espectador de cine, muchos de ellos resultan raros y hasta fuera de contexto respecto a la acción que intentan plasmar.
Si bien es cierto que hay algunos planos puntuales o situaciones que me parecieron una búsqueda interesante, hay algo que también te saca un poco de la película: los efectos se ven raros. No solo el CGI -que es muy básico y por momentos no pareciera de una película de alto presupuesto- sino que hay una gran parte de efectos prácticos que no llegan a buen rumbo.
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Terror en Silent Hill: Regreso al Infierno es una experiencia fallida. Tiene algunos atisbos de buenos momentos, más que nada relacionados al ojo de Christopher Gans y a continuar el trabajo realizado en la primera película del 2006, pero en general, la mayor parte de las ideas que tiene se ejecuta de una manera que no deja contento ni al que ve la película por los juegos, ni al que ve sin tener información previa.
Más allá de esto, tiene algún que otro momento de entretenimiento y para pasar el tiempo puede rendir. El problema es que justamente Silent Hill es una franquicia que no está planteada para pasar el tiempo: es para reflexionar, para encontrar los mensajes detrás de lo que vemos, para entender mejor a los personajes y así entender mejor sus traumas, que pueden ser similares a los nuestros. Nada de eso está en la película.
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