Immanuel Kant, filósofo: “Trata a los demás siempre como un fin y nunca solo como un medio”

Los “imperativos categóricos” que estableció este pensador fueron leyes universales que debíamos obedecer todos los seres humanos, independientemente de nuestros deseos o de las posibles consecuencias

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Retrato del filósofo Immanuel Kant. (Norwegian Digital Learning Arena)
Retrato del filósofo Immanuel Kant. (Norwegian Digital Learning Arena)

Si nunca has oído hablar de Immanuel Kant, seguro que conocerás el legado que nos dejó a los seres humanos: los Derechos Humanos. No es que el filósofo alemán fuera su creador directo, pero sí sentó las bases necesarias para que, pocos años después, en plena Revolución Francesa, se redactara la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano, que a su vez inspiraría la Declaración Universal de los Derechos Humanos tras la Segunda Guerra Mundial. Una razón más que suficiente para considerarlo como uno de los filósofos más influyentes de la historia, ¿no crees?

Kant fue un filósofo clave en el desarrollo de conceptos como la ética, el conocimiento humano o la libertad. En el centro de su pensamiento, se situaba la idea de que existían principios universales para la moral, leyes incuestionables que indicaban claramente, para las personas de todo el mundo y de toda condición, la línea que separa lo que está bien y lo que no. Esas leyes, que no dependen ni de nuestros deseos ni de sus posibles consecuencias, tiene un nombre: los imperativos categóricos.

Pero ¿cuáles eran esos imperativos? Es aquí donde entra una de las sentencias más conocidas de Kant: “Trata a las personas siempre como un fin y nunca solo como un medio”. Bastan estas pocas palabras, escritas en la Fundamentación de la metafísica de las costumbres (1785), para resumir un vasto universo moral, cuya piedra angular es la dignidad humana como absoluto.

Cubierta de 'Fundamentación para una metafísica de las costumrbes', de Immanuel Kant. (Alianza Editorial)
Cubierta de 'Fundamentación para una metafísica de las costumrbes', de Immanuel Kant. (Alianza Editorial)

El significado de la frase de Immanuel Kant

Para este filósofo, las personas no pueden ser utilizadas como herramientas para lograr objetivos, sino que deben ser respetadas por sí mismas, independientemente de cualquier utilidad que puedan tener. Esta idea conecta con otra formulación clave de los imperativos categóricos: “Obra solo según una idea que puedas querer que, al mismo tiempo, se convierta en ley universal”. Así, el filósofo insiste en que, antes de actuar, debemos preguntarnos si lo que estamos a punto de hacer es lo que siempre haríamos. Al fin y al cabo, si utilizamos a alguien con un objetivo concreto, y todo el mundo lo hiciera, la paz no sería posible en este mundo.

Kant era un firme defensor de la autonomía de las personas. Desde el nivel más cotidiano a las grandes esferas, consideraba obligatorio respetar las decisiones de los demás, sin manipulaciones ni aprovechamientos. Una idea más que relevante en el mundo actual, si tenemos en cuenta la cantidad de ámbitos de nuestra vida en los que las personas se convierten en meros instrumentos. No vemos individuos: vemos clientes, números, seguidores. No nos vendría mal, pues, un poco de ética kantiana para recordarnos que detrás de cada interacción no debe haber un objetivo, sino una persona con dignidad y valor propios.

Dibujo del filósofo Immanuel Kant. (Historia/Shutterstock)
Dibujo del filósofo Immanuel Kant. (Historia/Shutterstock)

¿Leyes o libertad?

A pesar de que Kant se convertiría en fuente de innumerables debates sobre derechos y deberes, lo cierto es que no fue, ni de lejos, el único filósofo preocupado por la convivencia humana. Ya desde la Antigua Grecia, contamos con nombres como el de Aristóteles, que afirmaba aquello de que “el hombre es un animal político”, subrayando la importancia de la comunidad y las relaciones humanas.

En cualquier caso, varios años después de que Kant muriera, otros filósofos se encargaron de revisar y ampliar sus ideas hasta sus últimas consecuencias. Es muy interesante, en este sentido, el llamado utilitarismo de John Stuart Mill. A este gran defensor de la libertad humana no le hacía gracia la idea de una ley a la que someterse universalmente, pero incluso en su caso, debía haber ciertos imperativos. “El único fin por el cual el poder puede ser ejercido legítimamente sobre cualquier miembro de una comunidad es evitar el daño a otros”.

El filósofo y ensayista alemán de origen surcoreano Byung-Chul Han, galardonado con el Premio Princesa de Asturias de Comunicación y Humanidades 2025. (Fundación Princesa de Asturias/UIMP/MOME)

De este modo, la frase de Kant se convirtió, desde el momento de su formulación, en una de las brújulas morales más poderosas de la historia de la filosofía: ninguna meta justifica utilizar a las personas o dejar de respetar su dignidad. Una máxima que, incluso en un mundo donde premiamos tanto la eficiencia o los resultados, debe prevalecer no como un ideal filosófico abstracto, sino como una exigencia práctica para construir una sociedad más justa.