
Ha sido una de las grandes sorpresas del fin de semana, aunque no se puede decir que no se hubiese avisado. Hoppers, la nueva película de Disney Pixar, ha arrancado de la mejor forma posible con su estreno en cartelera, situándose la número 1 y recaudando más de 2,3 millones en su primer fin de semana en España, siendo el mejor estreno hasta la fecha. Va camino de ser el mejor registro de Pixar en una década, y no es para menos ya que la película recupera algunos de los elementos clave del estudio detrás de Monstruos S.A. o Buscando a Nemo.
La película presenta una historia original, la de la joven Mabel, una estudiante universitaria más pendiente de preservar el claro en el que solía pasar los días junto a su abuela. Un plan de urbanización y carreteras del alcalde Jerry amenaza con destruir el claro, y Mabel descubre que la única manera de evitarlo es llevando vida animal al lugar. Pero para hacerlo, resulta que primero tendrá que transferir su consciencia a un robot castor, con el que se hará pasar por uno más dentro del reino de los mamíferos que gobierna el rey George. Bajo su nueva identidad, Mabel entenderá mejor que nunca a los castores, pero también vivirá problemas de los que no era consciente como humana.
Dirigida por Daniel Chong, la película explora temas como la naturaleza y los animales, pero también el paso a la adultez que ha sido una seña de Pixar en los últimos años. Aplaudida por su estilo visual y su emocionante historia, Hoppers contiene un final de lo más optimista pero que también deja algunos asuntos por resolver. Por todo ello pasamos a analizar el desenlace de la película, así que vienen spoilers de la misma para quien no la haya visto.
Un reencuentro entre humanos y animales
Al final de Hoppers, el alcalde Jerry y Mabel concluyen que lo mejor que pueden hacer es unir fuerzas para frenar las represalias del reino animal, quien a través del rey insecto pretende hacerse con el control de todo. Haciéndose pasar por el propio Jerry con la misma tecnología que había convertido a Mabel en castor. Todo termina en un gran incendio que, afortunadamente, el reino animal logra detener por intervención de los propios castores y otros animales al hacer llegar litros y litros de agua. Consiguen salvar la ciudad, pero el claro queda destrozado, desechando el proyecto de autopista de Jerry pero abriendo la posibilidad a que el reino animal pueda coexistir allí.
Ni Mabel ni Jerry quedan contentos con el resultado, pero ambos se dan cuenta de que se respetan y se entienden por fin, pues han acercado posturas y conocido de primera mano la opinión de los propios animales. Por otro lado, el proyecto científico para trasladar la consciencia a los animales queda desmontado por la propia universidad, lo que fuerza a Mabel a cambiar su forma de contactar con el rey George y el resto de los castores. La profesora de la universidad le ofrece ayudarla en sus próximas investigaciones, por lo que estamos seguros de que Mabel seguirá de alguna manera muy unida a los animales. Unos animales que protagonizan las dos escenas poscréditos de la película.

Dos escenas con guiño incluido
La primera tiene que ver precisamente con los secundarios del filme, a saber, el castor Loaf, la osezna Ellen y el lagarto Tom, quienes han acompañado a Mabel y el rey George durante toda la aventura. La escena apenas duro unos segundos, pero los tres se encuentran jugando con la máscara de Titus, el joven y déspota rey insecto que se había hecho pasar por el alcalde Jerry. Los animales primero se lo pasan de uno a otro probándose la máscara, hasta que el viento se acaba llevando el rostro falso del alcalde.
La siguiente escena poscréditos, ya completamente al final de la película, remite a uno de los momentos más emotivos de toda Hoppers. Se trata de cuando la pequeña Mabel se encuentra recogiendo firmas para eviar la construcción de la autopista y poder salvar el claro, aunque pronto se da cuenta de que nadie quiere firmar. Es por ello que va de casa en casa hasta que llega a la de un anciano que no solo la deja entrar, sino con el que pasa la mayor parte del día, ayudándole con labores del hogar eso sí. Para cuando su encuentro termina, Mabel procede a pedirle que firme, pero se da cuenta que el anciano está sordo y no ha escuchado absolutamente nada de lo que le ha contado acerca del claro, por lo que desiste en su intento. El anciano procede entonces a firmar, pero en realidad solo escribe sobre el papel su lista de la compra.
En la última escena de Hoppers vemos precisamente a ese mismo hombre, al a cuya puerta vuelven a llamar, solo que no se trata de Mabel. Las hormigas del mundo animal, que ahora tienen a una de las suyas como reina de los insectos, se dejan pasar por casa del anciano para llevarle esos productos de la lista de la compra que había anotado sobre la hoja de Mabel: pan, leche, huevos...Todas ellas irrumpen en la casa para ayudar al buen hombre, quien se alegra de ver que sus plegarias han sido escuchadas. Con esta simpática escena que une a animales y humanos concluye la que es sin duda una de las películas de Pixar más emotivas de los últimos años.
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