
“Sonidos densos, ruidosos y etéreos creados principalmente con guitarras eléctricas y un uso intensivo de pedales de efectos, como fuzz, reverberación, coro y retardo, con voces que sirven como una capa melódica de ensueño, normalmente ininteligible”. Así define una de las páginas especializadas en música más importantes el shoegaze, un subgénero dentro del rock alternativo que emergió a finales de los años 80 y que fue bautizado así por la falta de contacto visual entre músicos y público. El shoegaze, que emergió en Reino Unido por influencia de bandas como Cocteau Twins o The Jesus and Mary Chain, no tardó en extenderse a Estados Unidos y resto del mundo, salvo quizá España, donde su presencia es casi nula tantos años después. Casi, porque un irreductible joven en el madrileño barrio de San Blas se resiste a que el shoegaze desaparezca por completo en nuestro país.
Su nombres es René del Hoyo (Madrid, 1997), y es el mismo joven que aparece por la calle Martín de los Heros, más conocida como la calle de los cines porque en ella se encuentran los icónicos Renoir, los Golem (antiguos Alphaville) y la librería-cafetería Ocho y Medio. Un escenario idóneo para que tanto René como su bajista Igo San Martín puedan hablar con Infobae España de Dharmacide, el proyecto que René comenzó allá por 2018 y con el que ahora lanza su segundo álbum, Tougher than the rest, más oscuro, maduro que el primero y, por supuesto, lleno de puro shoegaze.
“Me parece que el cine y la música van de la mano. A la hora de construir este proyecto, me fijo mucho en el cine, porque para mí Dharmacide es un proyecto sonoro, pero también visual”, arranca comentando René, quien aprovechando el enclave con los cines de fondo para revelar uno de sus sueños: “Una de las cosas que siempre he querido es hacer una banda sonora. Pero creo que es de músicos como de muy alto nivel. Si te fijas por ejemplo en The Brutalist, como hizo el tío para ir a Carrara a coger los reverbs de la mina y todo eso... es música de muy alto nivel hecha por músicos de muy alto nivel", comenta en alusión a Daniel Blumberg, compositor de la película de Adrien Brody y miembro de la banda Yuck. También se desliza el nombre de Johnny Greenwood, autor de las bandas sonoras de las últimas películas de Paul Thomas Anderson y guitarrista de Radiohead, la banda que ha actuado durante la semana pasada en Madrid y a la que por supuesto René e Igo no se perdieron.

Miembro de una banda de culto (y dos en ascenso)
Aunque hoy día es una de las auténticas bandas de culto del rock alternativo en Madrid, lo cierto es que René no tira de misticismo ni grandes florituras a la hora de hablar de los inicios del proyecto que levantó hace ya casi diez años: “Soy muy malo con las fechas. 2017, 2018 que sacamos el EP... yo simplemente arranqué la moto un día y no me bajé hasta estar aquí. Luego si que es verdad que echo la vista atrás y me doy cuenta de todo el tiempo que ha pasado, con 16 empecé a tocar y ahora tengo 28″, reflexiona el cantante y guitarrista, quien sí recuerda que tuvo algunas bandas antes de iniciar en solitario Dharmacide.
“Hice varias bandas que se fueron disolviendo, lo típico a esa edad. Mi primera banda ya era muy cinematográfica porque tomábamos como referencia a The Last Shadow Puppets metiendo violines y todo ese rollo barroco”, recuerda con una sonrisa. “Luego ya sí que tuve una banda de rock y después empecé Dharmacide, porque me resultaba complicado y me cansaba estar en una banda en la que todo el mundo pensara algo pero luego no tuvieran las ganas. Empecé desde mi casa y salió ese EP, que tuvo mucho éxito pero a muy pequeña escala, a raíz de eso comencé a conocer a mucha gente y me animé a hacer mi primer disco, que la mitad lo hice en Los Ángeles”, rememora René, en alusión a Cult Band Member, publicado en 2021 y el cual cimentaría sus primeros éxitos, Breezing, Dreams o Depressed.
Nosotros siempre hemos cuidado cómo hacemos la música, cómo la grabamos, porque creemos que nuestro público lo aprecia
“Es muy caro ir allí, me pasé un año trabajando en El Corte Inglés para poder costeármelo. Vengo del barrio de San Blas, de familia de clase trabajadora y además de verdad, que hay muchas bandas hoy día que lo dicen y no lo son”, señala René. Ese viaje y ese álbum le sirvieron también para que hoy día sea, más allá de Dharmacide, el bajista de otros dos proyectos en pleno auge. El primero es el de un buen amigo -y también clase trabajadora- como Depresión Sonora, el proyecto del vallecano Marcos Crespo junto al que René ha girado por Estados Unidos, México y Latinoamérica.
El otro es Alcalá Norte, una de las bandas revelación del último año y medio en el rock español y con la que René colabora regularmente. “Ahora mismo tengo una agenda de ministro. Para cuadrar las agendas tengo que hacer encaje de bolillos, pero cuando empecé en la música lo que realmente quería era esto, no parar nunca de tocar”, reconoce, mientras explica por qué Dharmacide es diferente a Depresión Sonora y Alcalá Norte, y quizá también por qué no ha obtenido aun el reconocimiento y “éxito” de estas dos formaciones.
“Bueno, para empezar es en inglés, es otro tipo de música que creo que no hay a nuestro alrededor, es diferente. Entiendo que no esté a un nivel de público como el de ellos, pero no me preocupa. ¿Me gustaría estar a un nivel más alto? Sí, pero, pero si mis discos son buenos y suenan a la calidad que tienen que sonar es suficiente. Además, no petarlo también me da la libertad precisamente para estar con ellos, aunque para mí lo más importante y lo que va primero es Dharmacide“, explica René, mientras que Igo interviene para dar una clave con respecto a esta diferencia.
“Es inevitable compararse, pero nosotros somos lo que se conoce como un proyecto de slow cooking. Hay muchas bandas así, como Tame Impala, que hasta que no pasa un tiempo es como que la gente no le presta atención. “Es una carrera a largo plazo, a mí no me interesa petarlo ahora y de repente un vacío. Nosotros siempre hemos cuidado cómo hacemos la música, cómo la grabamos, porque creemos que nuestro público lo aprecia. Como cuenta Alex G en una entrevista, lo más importante es hacer la música para uno mismo”, argumenta René mientras se fija en la silueta de Jeremy Allen White caracterizado de Bruce Springsteen. “Él venía de tener éxito con The River y decidió sacar música hecha desde su habitación desafiando a la discográfica. Me siento muy identificado con esa gente que se arriesga y no sigue la estela, es importante aprender a salir de la zona de confort y buscarse como artista”.

Más duro que los demás
Eso es precisamente lo que ha hecho Dharmacide con Tougher than the rest, que toma su título de una canción del Boss y que apuesta por un sonido más atmosférico y depurado que el anterior, pero sobre todo más oscuro. “Cuando empecé a escribirlo estaba en un período convulso de mi vida, de salir muchísimo, beber una barbaridad... todo muy nocturno. No te voy a decir perdido, porque no creo que haya estado perdido, pero estás un poco en una nube constante de nocturnidad”, matiza el cantante, señalando a Tom Waits como principal punto de partida para el álbum.
Creo que para sacar este disco tienes que ser más fuerte que el resto. No por compararse con nadie, sino por todo lo que implica; cantas en inglés, referencias ajenas a lo que se hace en España, canciones lentas y largas...
“Quería que el disco sonara como a eso, a estar en una noche que no sabes lo que va a pasar y que de repente te encuentras con uno, acabas en un sitio, y después de una semana piensas ’Hostia, vaya noche más loca esa’”, afirma René, y explica las diferencias con Cult Band Member. “El primero creo que es como mucho más luminoso, y también hay un salto de casi 10 años. Entonces se nota esa madurez. Y las referencias también creo que son mucho más maduras, es lo que hablábamos de slow cooking; son bandas que te calan más a largo plazo y que también las tienes que digerir bien para que luego también se incluyan dentro de tu propia música de forma correcta", detalla.
El disco se compone de ocho temas que bien podrían funcionar en una película de David Lynch y otras tantas de esas referencias que maneja René, con un viaje que arranca en Lonely y concluye con If she calls, pasando por temas que mantienen la luminosidad del primer trabajo como Time Goes By, y que reflejan esa mezcla de nostalgia y a la vez confianza que ha adquirido después de esta aventura. “Ha sido un disco muy difícil de sacar porque iba a salir en otra fecha. Al final hemos tenido que esperar casi un año para sacarlo. Ha habido problemas dentro de la banda, ha habido cambios en el proyecto... de ahí la referencia a Springsteen, creo que para sacar este disco tienes que ser más fuerte que el resto. No por compararse con nadie, sino por todo lo que implica; cantas en inglés, con referencias ajenas a lo que se hace en España, canciones lentas pero muy largas, porque ahora la tendencia es que sean dos minutos de duración y x BPM”, razona René.

Buscando un hueco en el presente y en el futuro
Con este segundo disco, Dharmacide consolida su estatus de banda de culto, aunque no por ello renuncia a seguir trabajando por ganar adeptos para su causa. Para empezar, la banda tiene planeada una gira por varios rincones de España, con fechas aun por confirmar mientras siguen negociando con salas y buscando su sitio en su propio hogar, Madrid. “Hay un problema -nunca va a serlo que haya gente haciendo música- y es que hay mucha gente girando, entonces cada vez es más difícil encontrar salas y fechas. No hicimos gira con el primero y siento que ahora sí tenemos un público fiel al que se la debemos, pero curiosamente nos falta por cerrar Madrid", confiesa, aunque por otro lado siempre está la bala de los festivales. O no.
Mi sueño sería hacer como Bob Dylan y su Never Ending Tour, sacar el disco y tener una gira constante en la que vas añadiendo fechas pero nunca paras de tocar
“El músico tiene un dilema bastante gordo, porque si tú te haces una gira de salas ahora no sacas dinero como para vivir, pero si haces festivales, sí. A mí me gustan las salas porque es donde realmente te relaciones con tus fans y la gente te conoce, eso en un festival no pasa”, aclara, René, de la misma forma que ve el éxito a través de ellas antes que por los números de Spotify. “A mí lo que me interesa son los números de vender vinilos y los números de entradas, que ahí es donde se ve la realidad”, refuta, algo que ya han podido comprobar en sus primeros bolos fuera de España, con actuaciones recientes en Glasgow y Londres donde han conquistado al público anglosajón.
Es por eso que ahora Dharmacide tiene dos grandes objetivos, uno en el presente y otro para el futuro. “Mi sueño sería hacer como Bob Dylan y su Never Ending Tour, sacar el disco y tener una gira constante en la que vas añadiendo fechas pero nunca paras de tocar. Sé que es complicado por el país en el que vivimos culturalmente hablando y porque salir fuera siempre es caro, pero es a lo que aspiro", reconoce el músico, mientras que para el futuro ansía otra cosa. “Inspirar a alguien me importa más que todos los números. Que haya un artista o alguien que me diga que por mí ha cogido un bajo o empezado a tocar... eso para mí es lo más importante. Inspirar a que la gente le pierda el miedo y se salga de la norma es por lo que hago música”, concluye René, con esa esperanza de que salgan otros irreductibles jóvenes españoles dispuestos a luchar por eso que afirma la ya icónica gorra de la banda: “Hacer el shoegaze grande de nuevo”.
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