
Clint Eastwood es una leyenda del cine. A sus 95 años, no piensa, ni por asomo, en retirarse, y a sus espaldas lleva 70 años -debutó con 25- de experiencia en la industria. Con más de 60 largometrajes en los que ha participado como actor, como El bueno, el feo y el malo (1966), Gran Torino (2008) o Dos mulas y una mujer (1970), entre una larguísima lista de notables cinta, la cifra como director no se queda atrás. Ha dirigido más de cuarenta desde 1971, en su mayoría con el drama como eje narrativo y ha experimentado con géneros que van desde el wéstern, hasta el drama, pasando por el thriller.
Sin embargo, era 1995 cuando, acostumbrados a ver a un Clint Estwood como un hombre frío con el semblante serio, dirigió y protagonizó Los puentes de Madison, donde encarnaba a un hombre sensible en este drama romántico que co-protagonizaba con Meryl Streep. Con una trayectoria de más de 50 años, ha participado en más de un centenar de proyectos, y ha recibido hasta 21 nominaciones a los premios Óscar, de los cuales ha ganado tres: Mejor actriz de reparto por Kramer contra Kramer (1980) y Mejor actriz principal por La decisión de Sophie (1983) y La dama de hierro (2012).
Entre su amplio repertorio, una de sus colaboraciones más memorables fue precisamente con Eastwood, en esta historia de amor que conquistó al público y la crítica. En la película, Streep interpreta a Francesca Johnson, una ama de casa que lleva una vida marcada por la rutina hasta que inicia un romance con Robert Kincaid, un fotógrafo interpretado por Eastwood.
Un rodaje de cinco semanas
Los puentes de Madison fue uno de los primeros grandes éxitos de Eastwood como director. Dos años antes había logrado el Óscar a Mejor dirección y Mejor película por Sin perdón, donde también fue nominado a Mejor actor.
Pese a que han pasado 30 años desde su estreno, los actores no dejan de hablar del rodaje. En la pasada edición del Festival de Cine de Cannes, la número 77, Streep destacó la rapidez y eficiencia del método de trabajo de Eastwood: “Rodamos la película en cinco semanas. Fue un proceso muy rápido”, explicó. “A veces ensayábamos y, sin previo aviso, él decía: ‘Pasamos a la siguiente escena’, y ese ensayo se convertía en la toma final”.
A lo largo de los años, la actriz también ha recordado la presencia y el estilo de Eastwood como director y compañero de rodaje, como ya hizo en una entrevista para 60 Minutes. “Él es el hombre que más intimidaba a los demás actores”, confesó. “Que no fue en virtud de nada de lo que hizo, sino por lo que no hizo. No hizo ningún gesto innecesario. Nunca levantó la voz. Excepto una vez. Es un cineasta instintivo, sin esfuerzo”, explicó en la entrevista.
Sobre ese momento, la actriz ha recordado en varias ocasiones que una vez alzó la voz “cuando alguien habló durante una toma”. “Gritó tan fuerte que todo el equipo estuvo conmocionado el resto de la tarde”, señaló la laureada actriz.
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