La identidad conservera del municipio cántabro de Santoña se muestra en un nuevo museo

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Santoña (Cantabria), 5 sep (EFE).- El municipio cántabro de Santoña cuenta ya con el primer museo dedicado a su historia conservera para mostrar al mundo cómo el arte de la pesca y el procesado de la anchoa se han consagrado en seña de identidad, tradición y sustento del pueblo tras generaciones.

"Era algo que siempre hemos querido ofrecer y de lo que Santoña carecía. Se lo debíamos, primero, a los vecinos y, luego, como atractivo turístico", reconoce en palabras a EFE la coordinadora del museo, Marta Belaustegui.

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El espacio, ubicado en el centro cultural del fuerte de San Martín, abarca toda la actividad pesquera artesanal y entremezcla carteles informativos o piezas antiguas con iniciativas interactivas e inmersivas a través de nuevas tecnologías.

Así, con gafas de realidad virtual, los asistentes podrán disfrutar de la experiencia de subir a bordo de un barco y faenar por el mar, asistir a subastas en la lonja, o sobrevolar las marismas y las playas de Santoña.

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Todo ello unido a las recreaciones digitales de una antigua fábrica de salazón o del puerto romano.

En opinión de Belaustegui, no se trata de un museo en el que se observan "un montón de paneles con textos explicativos que aburren", sino que se busca que los visitantes lo perciban como "algo muy cercano y humano" y en el que se intercalan tradición y modernidad.

El recorrido en este espacio, abierto desde principios de agosto, comienza con la llegada a finales del siglo XIX de los primeros salazoneros procedentes de Italia.

Llegaron atraídos por la calidad de la anchoa del Cantábrico e instalaron en Santoña sus fábricas para comercializar el pescado.

Uno de los máximos exponentes fue Giovanni Vella, quien ideó el fileteado tal y como se conoce ahora para evitar al consumidor la engorrosa tarea de limpiar las espinas. Asimismo, introdujo el aceite de oliva para la conservación.

Un mural muestra la evolución temporal del sector pesquero en Santoña, desde 1876 hasta la actualidad, junto a un conglomerado de maquetas de embarcaciones.

Por otro lado, sobresalen una carta náutica, los artes de pesca, el acta de fundación de la Cofradía de Pescadores en 1892 o una pantalla digital con mujeres que ponen de relieve cómo era el trabajo de conservera en distintos periodos históricos.

Y es que las sobadoras, que procesan con maestría las anchoas para envasar, o las rederas, que arreglan con agujas especiales las mallas largadas al mar, conformaron un papel vital para el impulso de la industria pesquera en Santoña que a día de hoy prosigue.

Un juego interactivo permite elaborar una conserva, desde el descabezado y la salazón de la materia prima hasta la preparación final y envasado de los filetes.

Y dentro de una vitrina se exponen libros de contabilidad de la Cofradía de Pescadores, recortes de prensa, atavíos o un sextante náutico, que era lo que antaño utilizaban los marineros para orientarse a modo de GPS.

Desde su puesta en marcha, el 4 de agosto, dentro del Plan de Sostenibilidad Turística en Destino, el Museo de la Historia Conservera de Santoña recibe al día una media de unas 500 personas a las que se les despierta, a juicio de la coordinadora, un afecto especial tras conocer el pasado y modo de vida de los vecinos.

La entrada es gratuita y la exposición permanecerá abierta hasta el 13 de septiembre, si bien retomará su actividad en sucesivos periodos vacacionales.

De forma paralela, se quiere abrir el museo, al menos, una vez al mes con propuestas complementarias, testimonios personales de gente del mundo de la mar o demostraciones culinarias a manos de cocineros que utilicen la anchoa o el bonito como principal ingrediente. EFE

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(Foto) (Vídeo) (Audio)

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