Agregar Infobae enGoogle

Los megaherbívoros africanos desaparecieron por su incapacidad para formar especies nuevas

Guardar

Madrid, 20 ago (EFE).- Durante millones de años, África estuvo poblada por megaherbívoros de más de una tonelada: elefantes de colmillos de hoz, hipopótamos y jirafas gigantescos y unas bestias llamadas calicotéridos. Hasta ahora, la ciencia había atribuido su desaparición a catástrofes climáticas y a la caza por parte de los primeros grupos humanos.

Sin embargo, según un nuevo estudio publicado esta semana en Nature Communications, estos gigantes desaparecieron por su incapacidad para generar nuevas especies y adaptarse a las presiones ambientales de un cambio climático que extendió la aridez extrema y expandió los pastizales.

PUBLICIDAD

El estudio, liderado por Juan López Cantalapiedra, del Museo Nacional de Ciencias Naturales (MNCN-CSIC), y realizado en colaboración con el Centro Nacional de Investigación sobre la Evolución Humana (CENIEH), la Estación Biológica de Doñana y la Universidad de Alcalá, señala además que el declive de los megaherbívoros empezó mucho antes del impacto antropogénico actual.

Para la investigación, el equipo ha reconstruido las dinámicas evolutivas de herbívoros (hipopótamos, antílopes y jirafas, entre otros) durante los últimos 23 millones de años a partir de 3.327 registros fósiles de 396 especies.

PUBLICIDAD

El estudio, realizado mediante una combinación de datos paleontológicos e inteligencia artificial, explica que hace 7,2 millones de años, el clima de África se hizo más seco y alteró los paisajes. En respuesta a estos cambios, surgieron nuevas especies de ungulados -mamíferos con pezuña- y otras se extinguieron.

Pero, hace casi 3 millones de años, durante el Pleistoceno, la desaparición de especies se aceleró y fue más rápida que la formación de nuevas, y esta pérdida de biodiversidad sucedió mucho antes de que existieran humanos con capacidad tecnológica suficiente como cazar animales, apuntan los autores.

Entre las especies que sufrieron este declive se encuentran animales como el Deinotherium, un pariente extinto de los elefantes que se distinguía por tener los colmillos curvados hacia abajo; o los Anthracotheriidae, parientes de los hipopótamos con aspecto similar al de un cerdo de gran tamaño.

"Al contrario de lo que se pensaba, las especies de mayor tamaño no se extinguieron más deprisa que las pequeñas. De hecho, sus tasas de extinción fueron algo menores. La clave es que las especies de megaherbívoros originaban nuevas especies con mucha más lentitud", explica Juan L. Cantalapiedra.

"En los momentos de máxima aridez, los animales de menos de 45 kilogramos se extinguían solo un 15 % más rápido que los de más de una tonelada, pero generaban nuevas especies a un ritmo 2,2 veces superior", precisa el paleontólogo.

"Esta diferencia permitió a los herbívoros pequeños y medianos compensar mejor las pérdidas. En cambio, los grandes linajes fueron perdiendo diversidad porque no aparecían suficientes especies nuevas para sustituir a las que desaparecían. Esto, unido a la aridificación, agravó este desequilibrio: favoreció la aparición de nuevas especies entre los ungulados de menor tamaño y la redujo cerca de un 20 % entre los megaherbívoros", detalla Óscar Sanisidro, de la Universidad de Alcalá de Henares.

La expansión de ambientes abiertos, el aumento de la aridez y la reducción de la productividad de los ecosistemas transformaron las comunidades africanas durante millones de años, de modo que, "aunque la actividad humana pudo contribuir a algunas desapariciones recientes, no fue la causa principal de la pérdida generalizada de estos grandes herbívoros”, concluye Ignacio A. Lazagabaster, del CENIEH. EFE

PUBLICIDAD

PUBLICIDAD