Láminas negras de estalagmitas revelan cambios climáticos y presencia humana en Atapuerca

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Burgos, 13 ago (EFE).- El estudio de las láminas negras de las estalagmitas de los yacimientos de la sierra de Atapuerca (Burgos), en concreto de las galerías de las Estatuas y del Silo, en el sistema kárstico de Cueva Mayor, ha revelado cambios climáticos y presencia humana en las cuevas, de cronología del Neolítico y Edad del Bronce.

La investigación, publicada en la revista Journal of Quaternary Science, está liderada por Virginia Martínez Pillado, del Equipo de Investigación de Atapuerca (EIA), y en ella participa el director científico del Museo de la Evolución Humana (MEH), Juan Luis Arsuaga.

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Se ha centrado en analizar las láminas oscuras, muy poco estudiadas pero que conservan valiosa información sobre el clima y episodios de ocupación humana en el pasado, como uno de los archivos naturales más importantes para reconstruir las condiciones ambientales del pasado, ha informado el MEH en una nota de prensa.

La investigación en las galerías de las Estatuas y del Silo, en Cueva Mayor, se ha realizado sobre cuatro estalagmitas, a las que se ha aplicado una aproximación multidisciplinar que combina dataciones radiométricas, análisis petrográficos y geoquímicos, microscopía electrónica y tomografía computarizada.

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Esta metodología ha permitido diferenciar cuatro tipos de láminas negras y, sobre todo, distinguir entre aquellas relacionadas con procesos naturales y las que conservan evidencias de actividad humana.

Así, algunas de estas capas se relacionan con cambios en las condiciones climáticas e hidrológicas de la cueva: las láminas erosivas presentan evidencias de disolución y erosión de la calcita que ya se había formado, asociadas a periodos en los que el crecimiento de la estalagmita se ralentizó o incluso se interrumpió.

Posteriormente, el agua pudo transportar hasta la cueva partículas procedentes del suelo y del exterior, como minerales, arcillas y materia orgánica, que quedaron incorporadas a la superficie de la estalagmita.

Algunas de las láminas erosivas son compatibles con periodos relativamente áridos y con importantes interrupciones del crecimiento, mientras que otras se relacionan con condiciones muy húmedas y con un aumento de la infiltración de agua.

El estudio ha permitido también identificar que algunas capas negras contienen diminutas partículas de hollín y fragmentos de carbón vegetal, que procederían de procesos de combustión en el interior de la cueva y, en el contexto de Cueva Mayor, se interpretan como consecuencia de fuegos encendidos por grupos humanos.

Estas capas se sitúan cronológicamente en fases ya documentadas de intensa ocupación de las cavidades durante el Neolítico y la Edad del Bronce, por lo que estas estalagmitas aportan una perspectiva complementaria al registro arqueológico tradicional.

El estudio revela así que una misma estalagmita puede conservar dos tipos de información: por un lado, la respuesta de la cueva a los cambios ambientales y climáticos; por otro, la huella directa de quienes la habitaron o utilizaron.

El trabajo propone además un sistema de clasificación basado en las características microscópicas, mineralógicas y geoquímicas de estas capas, que puede aplicarse al estudio de otros sistemas kársticos. EFE

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