José Miguel Blanco
Madrid, 26 mar (EFE).- No deja de poner el foco en sus intervenciones el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, tanto dentro como fuera de España, en la buena situación económica del país, con una sucesión de datos sobre la mesa que asegura que son los que permiten hacer frente a consecuencias como las que provoca ahora la guerra de Irán.
Y si considera la economía la joya de la corona de la labor de su Ejecutivo, ha querido plasmar esa relevancia en la remodelación del Gobierno a la que se ha visto abocado por la salida de María Jesús Montero para ser candidata socialista a la Junta de Andalucía.
Su reflexión le ha llevado a colocar en la Vicepresidencia Primera del Gobierno al ministro de Economía, Carlos Cuerpo, a semejanza de lo que ya ocurrió con Nadia Calviño, y dejar la cartera de Hacienda en manos de alguien con más recorrido político pero experimentado en ese ámbito como el hasta ahora secretario de Estado de Política Territorial, Arcadi España.
Cuerpo fue quien sustituyó a Calviño en el Ministerio, y ahora, poco más de dos años después, hereda también el puesto de número dos del Ejecutivo en un momento difícil por los efectos de la crisis en Oriente Medio pero en una jornada que ha supuesto una alegría para el Gobierno.
Es la que ha conseguido darse con el aval del Congreso, y con Junts nuevamente sumando sus votos a los de la mayoría progresista, al real decreto ley con las medidas del Gobierno para hacer frente a los efectos de esa crisis.
El nuevo vicepresidente, que no es militante del PSOE, tiene un marcado perfil técnico y ha acumulado algunos roces con Yolanda Díaz, ha ido ganando protagonismo de forma paulatina hasta ser pieza clave en las negociaciones del plan anticrisis, y ese papel de interlocución tendrá que cobrar a partir de ahora más relevancia.
Máxime teniendo en cuenta que quien sale del Gobierno, Montero, era quien ejercía junto a Félix Bolaños el grueso de esa tarea negociadora con otros grupos parlamentarios.
Bolaños formaba parte de las quinielas sucesorias de Montero, pero Sánchez ha preferido que siga teniendo unas labores que le atribuyen lo que fuentes del Gobierno aseguran que es una vicepresidencia de facto.
La tradición que ha roto el jefe del Ejecutivo es que la práctica totalidad de las vicepresidencias que ha tenido desde que llegó a la Moncloa en 2018 hayan sido mujeres.
Solo hubo una excepción, la de Pablo Iglesias como vicepresidente segundo, pero a instancias de Podemos después del acuerdo de coalición con los morados en la pasada legislatura.
Echando la vista aún más atrás, Cuerpo es el primer varón que se hace con la vicepresidencia primera después de que Alfredo Pérez Rubalcaba desempeñara esa responsabilidad en la última etapa de los gobiernos de José Luis Rodríguez Zapatero.
La remodelación que ha acometido Sánchez por la salida de Montero ha sido puntual, quirúrgica, como se bautiza desde el Gobierno, ignorando unir Economía y Hacienda, y desechando otros cambios más profundos, guardándose esa baza por si la considerara necesaria más adelante dado que el trecho que queda hasta las elecciones, según asegura una y otra vez, se extiende hasta 2027.
A corto plazo tanto él como Montero tienen el difícil reto de las elecciones en Andalucía, mientras el Ejecutivo espera a si las negociaciones del PP y Vox fructifican para formar gobiernos en Extremadura, Aragón y Castilla y León.
Eso no depende del Gobierno, pero sí el intento de sacar adelante unos nuevos presupuestos generales después de que no se haya conseguido aprobar ninguno en la presente legislatura.
Se trata de la tarea principal del nuevo ministro de Hacienda, que debería encontrarse en su mesa con un proyecto avanzado que el Gobierno quería haber presentado antes de que terminara marzo, pero que de momento ha asegurado que se pospondrá una semanas debido a que todos los esfuerzos están puestos ahora en la guerra de Irán.
A Sánchez, a Arcadi España y al nuevo vicepresidente primero les corresponde certificar si ese plan se mantiene pese a que por ahora no haya visos de que obtengan el respaldo necesario por parte del Congreso, o ponen la vista en unas cuentas del Estado para 2027 cuyo futuro tampoco se antoja nada fácil. EFE

