Manuel Sánchez Gómez
Londres, 12 feb (EFE).- "Vete a la mierda y vuélvete a tu país, francés hijo de puta", le dijo Matthew Simmons, un aficionado del Crystal Palace, a Eric Cantona. El francés saltó la valla de Selhurst Park y le propinó una patada de kung fu. "Mi mejor momento", recordó siempre el galo, que tuvo que cumplir una sanción de nueve meses y hacer servicio comunitario por algo de lo que nunca se arrepintió: golpear a un racista.
31 años han pasado de aquel histórico día en el sur de Londres. Todo va bien por fin en el Manchester United. El equipo empieza a ver brotes verdes. Cuatro victorias seguidas que solo son interrumpidas con un empate contra el West Ham United. La narrativa ha cambiado y el club ve en Michael Carrick la esperanza para levantar un proyecto abatido. Incluso el fan del pelo largo avista la luz al final del túnel.
Hasta que Jim Ratcliffe, el magnate multimillonario que posee casi un tercio del club, lo manda todos por los aires: "El Reino Unido ha sido colonizado, está costando mucho dinero. Ha sido colonizado por inmigrantes, ¿no?", sugiere, al tiempo que da estadísticas que no son ciertas. Asegura que la inmigración ha traído a 12 millones de personas al Reino Unido en los últimos seis años. Los datos demuestran que la población entre 2020 y 2026 apenas ha crecido en dos millones.
Más allá de esta imprecisión, los ataques de Ratcliffe contra la inmigración atentan contra su propio club. En la plantilla del Manchester United masculino hay veinte inmigrantes. Argentina, Bélgica, Turquía, Brasil, Holanda, Camerún, Costa de Marfil, Francia, Dinamarca, Holanda, Marruecos, Uruguay y Portugal son las nacionalidades, además de la inglesa, que componen el primer equipo de los 'Red Devils'. En el femenino se une Noruega, Suecia, Japón, Canadá y Estados Unidos.
De hecho, la familia Glazer, que posee más del 70 % del club, procede de Estados Unidos. Leyendas como Cristiano Ronaldo, el mencionado Cantona y Peter Schmeichel llegaron de fuera de Inglaterra.
¿Quién marcó el gol que dio al Manchester United su segunda Copa de Europa en 1999? Un noruego, Ole Gunnar Solskjaer. ¿Quién paró los penaltis necesarios para que levantaran la tercera en 2008? Un holandés, Edwin Van de Sar, que además fue elegido el mejor futbolista del partido.
La crítica de Ratcliffe contra la inmigración no va contra los inmigrantes, va contra los inmigrantes pobres. "No se puede tener una economía con nueve millones de personas recibiendo ayudas y con un alto nivel de inmigrantes". Dato que, además, tampoco es cierto, porque el número de personas que reciben ayudas en el Reino Unido no supera los dos millones.
Kobbie Mainoo, uno de los mayores talentos de la cantera del Manchester United en los últimos años es inglés, sí, pero sus padres son ghaneses. En el caso de Ayden Heaven, un central habitual en las alineaciones del primer equipo pese a sus 19 años, su abuelo era de Ghana.
"El Manchester United es un club global construido en la diversidad. La fuerza de nuestro club y de nuestro país está en la diversidad. Apoyamos a todas las comunidades que rechacen el racismo, el antisemitismo, la islamofobia y el odio en todas sus formas y pedimos un liderazgo que una en lugar de dividir", aseguró el grupo de musulmanes oficial del Manchester United.
Este tipo de declaraciones por parte de Ratcliffe no son nuevas y, tras quitar a los trabajadores el derecho a comer gratis en la cantina de la ciudad deportiva, aseguró que a él nunca le habían regalado ninguna comida.
En los más de dos años que lleva en el United, Ratcliffe ha despedido a más de 400 personas, a la vez que despilfarraba millones en futbolistas que no han dado la talla, le ha quitado la pensión a leyendas como Alex Ferguson y ha eliminado ciertos privilegios de los trabajadores, como viajar a la final de la FA Cup.
Que Ratcliffe ataque ahora contra los inmigrantes, refugiándose en su faceta de empresario y olvidándose que ahora es también representante del Manchester United, es ir en contra de lo que supone el club y dejar a un lado la principal razón por la que Cantona golpeó a Simmons en las gradas de Selhurst Park. Porque le pidió que se fuera a su "puto país". EFE

